Un Corazón
¿Cómo se recupera un corazón roto? Uno que se siente en pedazos, uno que al que ves sangrar, primero a borbotones hasta llegar a pensar que se acabaría todo de él, para después verle derramarse gota a gota, pero te digo algo… las gotas también queman y duelen.
Uno que siente como todo continua su ritmo, aun si solo desea detenerse en esa inmensidad que pesa como si todo cayera y se acumulara más y más, uno que solo sueña con desaparecer, por unos segundos hasta que todo vuelva a sentirse bien, hasta que toda la mierda que le arrojaron a la cara se quede atrás, muy atrás.
Uno que odia al amor por ser tan fugaz, por enamorarle de la eternidad para luego descubrir que su meliflua canción solo era una barata cantaleta.
¿Cómo se sana un corazón roto? Uno que se rasgó en dos, que aun esta desconcertado, que aun busca la mano de ese maldito que le usó. Aun no se ha logrado dar cuenta. Pobre iluso, aun cree que despertará mañana a una realidad lejana a la crueldad que la vida le envió.
Uno que siente una constante molestia con su interior por no amarse más y huir, por quedarse allí luchando por alguien que soltó su mano, aunque hoy la sostenga entre rosas, cuando esa creciente sensación de impotencia, por algo que nunca fue suyo para controlar, se mantiene latente como un palpitar que resuena y demanda ser atendido.
Cuando la maldita suerte acompañó a las acciones que se desencadenaron haciendo que calzaran de forma perfecta, como si alguien, que realmente quería verle sufrir, hubiera movido las piezas del tablero, un jugador profesional al que jamás le podría ganar un jaque mate.
¿Cómo se ignora un corazón roto? Uno que no sabe hacer otra cosa que pensar en lo que perdió, uno que odia recordar pero que se ha vuelto adicto a las horribles memorias. Uno que nació de nuevo, pero recordando su muerte. Uno miedoso que duda de cada palabra y acción. Uno cuya tristeza se ha trasformado en el escape de la realidad que parece no inmutarse ante su necesario luto.
Un corazón que sonríe para ocultar sus deseos, sus vergüenzas, sus temores.
Un corazón, un pobre corazón que carga el peso del descuido de otros.
Un corazón ingenuo, un corazón tonto.
O quizá tan solo es lo que queda de un corazón.
Uno que siente como todo continua su ritmo, aun si solo desea detenerse en esa inmensidad que pesa como si todo cayera y se acumulara más y más, uno que solo sueña con desaparecer, por unos segundos hasta que todo vuelva a sentirse bien, hasta que toda la mierda que le arrojaron a la cara se quede atrás, muy atrás.
Uno que odia al amor por ser tan fugaz, por enamorarle de la eternidad para luego descubrir que su meliflua canción solo era una barata cantaleta.
¿Cómo se sana un corazón roto? Uno que se rasgó en dos, que aun esta desconcertado, que aun busca la mano de ese maldito que le usó. Aun no se ha logrado dar cuenta. Pobre iluso, aun cree que despertará mañana a una realidad lejana a la crueldad que la vida le envió.
Uno que siente una constante molestia con su interior por no amarse más y huir, por quedarse allí luchando por alguien que soltó su mano, aunque hoy la sostenga entre rosas, cuando esa creciente sensación de impotencia, por algo que nunca fue suyo para controlar, se mantiene latente como un palpitar que resuena y demanda ser atendido.
Cuando la maldita suerte acompañó a las acciones que se desencadenaron haciendo que calzaran de forma perfecta, como si alguien, que realmente quería verle sufrir, hubiera movido las piezas del tablero, un jugador profesional al que jamás le podría ganar un jaque mate.
¿Cómo se ignora un corazón roto? Uno que no sabe hacer otra cosa que pensar en lo que perdió, uno que odia recordar pero que se ha vuelto adicto a las horribles memorias. Uno que nació de nuevo, pero recordando su muerte. Uno miedoso que duda de cada palabra y acción. Uno cuya tristeza se ha trasformado en el escape de la realidad que parece no inmutarse ante su necesario luto.
Un corazón que sonríe para ocultar sus deseos, sus vergüenzas, sus temores.
Un corazón, un pobre corazón que carga el peso del descuido de otros.
Página 2
Un corazón que aun a sabiendas del daño que le impartieron ha decidido perdonar, y se ha propuesto la tarea de no dejarse vencer, aun si su meta le genere una locura que le vencerá de igual manera. Un corazón que prefiere la incertidumbre solo porque sus ojos la miran como una esperanza.
Un corazón ingenuo, un corazón tonto.
O quizá tan solo es lo que queda de un corazón.
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