Un camino para dos
No se cómo llegó hasta aquí, nunca he entendido las razones que lo atrajeron hacia mí. Su llegada, hasta hoy, continúa siendo un maravilloso misterio. Y digo maravilloso porque es de ese tipo de misterios que no quieres resolver, no importa la respuesta, sea cual sea nunca será mala o indeseada. La verdad es que más que un misterio, veo su llegada como un milagro. Dicen que los milagros ocurren día con día, en cosas tan simples que pasan desapercibidos, pero él es mi milagro y no pasó sin hacer vibrar cada célula de mí.
Al inicio, cuando llegó, pensé que se iría pronto, que su camino continuaría con la misma dirección con la que venía, sin embargo al pasar de los días empecé, sin notarlo, a caminar a su lado, hasta que de pronto sostuve su mano, de algún modo hacía cada paso menos pesado y más agradable, su aroma, su voz, su esencia y sonrisa le daban a mi caminar un tono cálido, incluso comencé a disfrutar cada segundo.
A veces íbamos bajo el sol, otros bajo la luna. Me parecía curioso que ambos tomábamos la misma dirección, incluso pensé que me estaba siguiendo. Tuve miedo, pero luego sus ojos, que eran luz en medio de tanta oscuridad, me mostraban que estaba ahí por alguna razón que yo no lograba comprender. Cuando llegaron los vientos, lluvias y tormentas sentí miedo otra vez, su mano en ocasiones parecía soltar la mía, pero luego podía sentir sus dedos entre los míos, sujetados con tanta fuerza que me daban valor, sus palabras me confortaban y animaban a seguir, a veces yo escogía la dirección, otras él, pero siempre juntos.
Muchas veces dejé que me cargara, empecé a confiar en él, tanto que llegué a dormir y a dejar que él me cuidara, a veces yo también lo cuidaba. Caminamos durante semanas y meses, aún seguimos en el camino, todavía no entiendo las razones por las que está aquí, pero algo sí se: nunca me siguió, nunca fue el azar o la casualidad lo que lo hizo caminar junto a mí, si vieras nuestro camino desde el cielo, observarías como nuestros caminos se unieron para formar uno solo, estábamos destinados desde que, por separado, empezamos a caminar, a llegar a este punto, a este momento, a este camino.
Al inicio, cuando llegó, pensé que se iría pronto, que su camino continuaría con la misma dirección con la que venía, sin embargo al pasar de los días empecé, sin notarlo, a caminar a su lado, hasta que de pronto sostuve su mano, de algún modo hacía cada paso menos pesado y más agradable, su aroma, su voz, su esencia y sonrisa le daban a mi caminar un tono cálido, incluso comencé a disfrutar cada segundo.
A veces íbamos bajo el sol, otros bajo la luna. Me parecía curioso que ambos tomábamos la misma dirección, incluso pensé que me estaba siguiendo. Tuve miedo, pero luego sus ojos, que eran luz en medio de tanta oscuridad, me mostraban que estaba ahí por alguna razón que yo no lograba comprender. Cuando llegaron los vientos, lluvias y tormentas sentí miedo otra vez, su mano en ocasiones parecía soltar la mía, pero luego podía sentir sus dedos entre los míos, sujetados con tanta fuerza que me daban valor, sus palabras me confortaban y animaban a seguir, a veces yo escogía la dirección, otras él, pero siempre juntos.
Muchas veces dejé que me cargara, empecé a confiar en él, tanto que llegué a dormir y a dejar que él me cuidara, a veces yo también lo cuidaba. Caminamos durante semanas y meses, aún seguimos en el camino, todavía no entiendo las razones por las que está aquí, pero algo sí se: nunca me siguió, nunca fue el azar o la casualidad lo que lo hizo caminar junto a mí, si vieras nuestro camino desde el cielo, observarías como nuestros caminos se unieron para formar uno solo, estábamos destinados desde que, por separado, empezamos a caminar, a llegar a este punto, a este momento, a este camino.
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