Úrsula entró al consultorio del señor Ramírez sin percatarse mucho de su extraño semblante. Al parecer distraído.
Sí, se dio cuenta de que parecía una perturbadora estatua, pero el asunto que la aquejaba era mayor.
-Buenos días, doctor. Verá, necesito contarle esto. Quiero saber qué me pasa. Ya no aguanto más. Verá:
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Todo empezó la semana pasada, en la noche. Mi marido y yo acabábamos de regresar de una noche de jóvenes. Ridículo, lo sé. Nos acostamos y él se durmió casi al instante. Yo comencé a sentir unas horribles ganas de vomitar. Me dirigí al baño y ahí sentí que alguien me agarró las piernas. Primero pensé que era Julio que andaba, vulgarmente, caliente. Pero cuando volteé no había nadie ahí. Lo acredité a la maldita borrachera.
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Dos días después, me parece. Estoy nerviosa, ¿sabe? Dos días después en la noche, al acostarnos, yo comencé a sentir una presencia. Nunca hemos sido de la clase de personas que creen en fantasmas y esas cosas. Pero se lo dije a Julio. Vi a un hombre asomado en la ventana. Estás alucinando, me dijo. Quién va a asomarse por la ventana si estamos en el segundo piso y sabes bien que la cornisa es muy pequeña. Era lógico, así que traté de calmarme.
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Al otro día, mientras hacía el aseo en mi cocina, al abrir la alacena para guardar la mayonesa y crema de cacahuate, una mano salió de ahí y apretó mi muñeca. Sentía que se quebraba y no lo podía creer. Le juro que me hice pipí, doctor. Pero era real. Esa mano era real. Cerré los ojos un momento y, al abrirlos, esa cosa ya no estaba ahí.
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Y ayer, doctor, fue el punto culminante. Lo que me hizo sentir que estoy demente, pues le repito que nunca hemos creído en eso. Y prefiero creer y aceptar que estoy loca a que he tenido contacto con un ser demoníaco. Ayer, cuando mi marido estaba a punto de volver del trabajo, tocaron la puerta. Debió salir más temprano, pensé. Pero no, doctor. Al abrir la puerta vi a una horrible criatura. Una diminuta criatura. Era como un duende. La criatura lanzó una carcajada que me heló la sangre y dijo: descuida, preciosa. Solo vine a visitarte y me voy. No tengo necesidad de llevarte, tú vendrás a mí. Cuando menos te lo imagines, ya estarás conmigo y viviremos juntos por la eternidad. Me volvió a agarrar las mano y saltó hacia mí. Se agarró de mi cuello y comenzó a morder mis pechos, doctor. Yo gritaba, doctor y al mismo tiempo me gustaba. Esa cosa me había hablado, me había tocado, había abusado de mí. Y no lo puedo aceptar, doctor. No puedo aceptar que esa cosa sea real.
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-¿Cree que estoy loca, doctor?
-No -dijo Ramírez con voz extraña y sin moverse-, solo creo que viniste al lugar equivocado, preciosa... e indicado, al mismo tiempo.
Detrás del sillón donde yacía inmóvil Ramírez, saltó una criatura diminuta...
 
                                                                                         Hugo García; Oaxaca, México.
 
 
Espero que les haya gustado. Por favor comenten y gracias por leer. Saludos.
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