Por fin, después de más de una semana sin verte escucho tus llaves en la puerta, comienzo a excitarme, me tiemblan las piernas, se aceleran mis latidos y un escalofrío sube por mi espalda al verte, tan bonita, tan sensual, hoy más que nunca despiertas en mi el deseo primitivo. Llevo todo este tiempo sin verte, sin tocarte, pensándote, imaginándote, soñándote, llevamos todo este tiempo fantaseando por teléfono, con mensajes ardientes te metía en mi fantasía. Llevo todo este tiempo sin ti preparando este día, una semana para planear un par de horas, un par de horas donde quiero colmarte de placer físico, mental, emocional, un par de horas de margen para hacerte llegar al cielo y hacerlo arder como nadie nunca antes lo había hecho.
Entraste con tus All Star, tus vaqueros ajustados y esa camisa tan suave y fina que deja imaginar lo que esconde. Viniste hasta mi y me besaste descargando los bolsos y pidiéndome ayuda para colocar en la nevera algunas cosas mientras tu te agachabas para guardar algo en la alacena, mire tu culo, Dios, me encanta, no aguante mas, hice que te levantaras de espaldas a mi, te agarre por la cintura, bese tu hombro, tu cuello, mordí con suavidad el lóbulo de tu oreja y te susurre que subieras al cuarto. Tenias preparada una ropa y una nota sobre la cama. La ropa, un conjunto de colegiala sexy, una minifalda de cuadros escoceses negros y grises, una camisa negra de botones muy ajustada, medias negras con liguero y unos zapatos a los pies de la cama. La nota decía que te quitaras todo, que te tomaras tu tiempo, que te ducharas si te apetecía, que te pusieras ese conjunto, te maquillaras como en aquellas fotos, sobre todo, la nota decía que cuando bajaras empezaría la fantasía, cuando volvieras a mi seria tu dueño, tu amo y tu mi sumisa, mi esclava de placer. Yo te esperaba en el salón con mis vaqueros desgastados, camiseta ajustada blanca por fuera del pantalón y descalzo.
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Me senté a esperarte y comenzaste a bajar la escalera, la madre que te pario pensé para mis adentros, lo mas sexy que había visto, mi imaginación se había quedado corta todo este tiempo, vestida de colegiala, maquillada con un toque gótico, peinada con dos trenzas, caminaste hacia mi con un aire de perversión, erotismo y esa pizca de inocencia que te daban las trencitas. Te paraste delante de mi e intentaste besarme, con dulzura coloque mi dedo sobre tus labios y te aparte suavemente, con el mismo dedo hice un gesto para que dieras una vuelta y poder mirarte, volviste a quedar de frente a mi y empezó el juego.
- Ve a coger la fusta sobre la mesa y tráemela.
Sin rechistar obedeciste, volviste con la fusta ofreciéndomela sobre las palmas de tus manos como bandeja de plata. Levantándome hice que giraras empujando tu cadera y con un leve golpe te conduje con mi fusta hasta el centro del salón. Gire a tu alrededor pegando mi cuerpo contra el tuyo, oliendo tu perfume, rozando tus muslos con mis dedos, quede frente a ti, muy cerca, notaba tu respiración, acariciaba tus piernas con la fusta y pregunte por los tacones, no te los habías puesto, sin dejarte contestar te di la vuelta bruscamente y pegue tu culo contra mi polla susurrándote al oído que te habías portado mal, te apoye contra la mesa comedor y te dije que te iba a castigar por no hacerme caso. Apoyada contra la mesa te levante la falda y con mi mano derecha firmemente azote una de tus nalgas, soltaste un pequeño gemido y azote la otra con algo mas de fuerza haciéndote gemir mas alto, agarre una de tus trenzas y jale para acercar tu oído a mi boca y preguntando entre susurros si te gustaba, otra nalgada golpeo tu trasero, me quede acariciando tu culo y volví a preguntártelo, me pediste mas, jale de tu pelo para llegar a lamer tus labios, te solté, agarre tu cintura y te gire, apoye mis manos en la mesa, agarrando la fusta por sus extremos detrás de tu espalda, dejándote sin salida te dije que quería ducharme, tu asentiste con cara de sorpresa.
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Acariciándote con la fusta te dirigí a la escalera, subiste delante de mi, llegamos a la habitación y entramos en el baño. Ordene que me quitaras la ropa lentamente. Me quitaste la camiseta, luego, muy despacio desabrochaste mi cinturón, mirabas hacia abajo concentrada en el botón y la cremallera, con mi mano en tu barbilla levante tu cabeza para que me miraras, concéntrate en mi, quitaste el botón, mirándome a los ojos bajaste la cremallera y agarrando el vaquero comenzaste a agacharte y bajarlo al mismo tiempo, quedaste de cuclillas cuando terminaste de quitarlo y tus manos subieron por mis piernas hasta el elástico de mis calzoncillos, jalaste de ellos para dejar libre mi pene mientras me mirabas, terminaste de desvestirme y metiéndome en la ducha, con el agua caliente cayendo sobre mi cuerpo de di la botella de gel, enjabóname con tus manos. Me di la vuelta y tus manos calientes se posaron con el frio del jabón sobre mis hombros, recorriste mi espalda con una suave presión hasta mis nalgas, las acariciaste y continuaste bajando por mis piernas, cuando tus manos llegaron a mis tobillos me gire y subiste de nuevo recorriendo mis piernas, por el interior de mis muslos rozaste mis huevos con tus dedos y tus manos siguieron reptando hacia mi pecho llegando a mis hombros y descendiendo por mis brazos, echaste mas jabón en tus manos y mirándome a los ojos acercaste tu manos a mis genitales, asentí y comenzaste a masajear mis huevos con suavidad, tus manos se deslizaban masturbándome, estaba erecto, excitado, ardiendo, tu lo sabias, subiste el ritmo y yo te pare, me quite el jabón y salí de la ducha. Te di una de esas toallas de bidet para que me secaras, para que recorrieras con delicadeza cada centímetro de mi cuerpo desnudo, comenzaste por mi espalda bajando hasta mis pies, te levantaste, secaste mi cara y descendiste por mi pecho, abdominales, muslos, seguiste hasta mis pies quedando de nuevo agachada frente a mis genitales, agarre tus trenzas, enrollando cada una en una de mis manos jale de ellas para que tu boca llegara a mi polla, mirándome, te la metiste en la boca y tu lengua empezó a jugar con la punta de mi polla, la succionabas y lamias, chupaste mis huevos y volviste a metértela en la boca tanto como te cabía, apreté tu cabeza contra ella jalando de tu pelo forzando tu boca a tragarse mi polla, luego te aparte, te levante y te apoye contra el lavabo, puse mi polla entre tus piernas rozando tu húmedo coño, frotándolo, excitándote, mis manos apretaban tus tetas mientras nos mirábamos a través del espejo, tu cara de placer disfrutando las caricias de mi polla me hacia arder. Despacio metí la polla hasta el fondo de tu coño, ronroneaste como una gata, acariciaba tus nalgas mientras te follaba contra el lavabo, al oído pregunte si querías que te azotara, sin parar de gemir te mordiste el labio, saque mi polla y mi mano rodeando tu cintura comenzó a masturbarte, jugando con tu clítoris mientras la otra mano azotaba tus nalgas, con cada nalgada aumentaban tus gemidos, gritabas de placer, pedias mas, por mis dedos chorreaba tu placer, ordene que te corrieras girándote hacia mi, metí mis dedos en tu coño jugando con tu punto de placer y mi pulgar en tu coño hice que te corrieras sin piedad, tus piernas temblaban y te costaba respirar, gemías sin control. Saque mis dedos y los metí en tu boca, los chupaste y succionaste, los lamiste, te los quite y agarrando tu cuello con suavidad pegue tus labios a los míos y con un susurro cosquilleante te mande a la cama.
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Dije que te arrodillaras en el borde mientras yo cogía una silla y me sentaba frente a ti, pasando la fusta por tu escote pedí que te quitaras la blusa. Despacio fuiste desabrochando los botones uno a uno mientras me mirabas, yo acariciaba mi sexo viendo como tus encantos aparecían poco a poco ante mi, cuando se terminaron los botones dejaste caer la blusa deslizándose por tus brazos, acariciaste tus pechos sensualmente y yo me acerque a devorarlos, mi lengua jugaba con tus pezones, los chupaba, succionaba y mordía con lujuria, mis manos subían por tu cuerpo hasta tus tetas, las apretaban, las disfrutaban mientras mi boca te saboreaba, mi lengua subió por tu cuello y mis dientes rozaron tu clavícula. Te puse a cuatro patas, te puse tu dildo en la mano y pedí que te follaras con el. Sentado frente a ti observaba como disfrutabas acariciándote con las vibraciones, yo me tocaba y acariciaba tus nalgas con la fusta. Cada vez mas excitada ibas aumentando el ritmo y tus ronroneos pasaban a gemidos, comenzaste a penetrarte suavemente, entrabas y salías cada vez mas rápido, fuerte, profundo, gritaste de placer y en ese momento el azote de mi fusta resonó en tu nalga, tu espalda se arqueo y de tu garganta salió una plegaria blasfema, el éxtasis en el que te encontrabas apenas dejaba que te mantuvieras sobre tus piernas, la mano que te quedaba libre retorcía las sabanas, tu cara contra el colchón, tu sexo chorreaba y no parabas de follarte, movías la cintura mientras te penetrabas dejando libre a lujuria, mi fusta seguía acariciándote y cuando tus gritos ahogaban los del purgatorio me levante, azotando tu trasero, agarrando tu mano obligándote a parar, te costaba respirar, tus gemidos seguían, estabas al borde del orgasmo, entre en ti agarrando tus muñecas y jalando de ellas te deje solo sobre tus rodillas, entrando hasta el fondo de tu coño, sometida al placer, al orgasmo que azotaba tu cuerpo sin miramientos, te levantaste como poseída al grito de Dios quedando de rodillas rezando pecaminosamente. Me deje ir inundando tu sexo con mi leche caliente, solté tus brazos y caíste rendida sobre la cama, exhausta, ardiendo, chorreando. Te deje bocabajo y acaricie tu espalda mientras cogía un pañuelo de seda negra de la mesilla de noche.
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Vende tus ojos, te quite la falda, desabroche el liguero y lo quite junto con tus medias, coji el aceite de masaje y deje que goteara despacio sobre tus nalgas, el frio sobre el rojo ardiente de los azotes hizo que tu piel se erizara y levantases el culo, deje que el aceite se deslizara por tus nalgas, que el frio se mezclase con el calor mientras encendía una vela con aroma a canela. Mis manos se posaron suavemente en tu culo masajeando tus nalgas con cariño, haciendo que el fuego se calmara, mis manos subieron por tu espalda haciendo que tu cuerpo se relajara, calmando tus músculos, apretaba dulcemente tus hombros y tu cuello y mis dedos bajaban siguiendo tu columna apretando firmes hasta el final de tu espalda. Agachándome sobre ti, dije que te dieras la vuelta y yo me arrodille a tu lado. Mientras te acariciaba con la yema de mis dedos vi como te mordías el labio esperando el frio del aceite, cogí un pincel y lo metí en la cera caliente de la vela y muy suave dibuje un circulo alrededor de tu areola, el calor te sorprendió y tu cuerpo se estremeció con un ronroneo y tus puños se cerraron sobre las sábanas. Seguí dibujando una espiral girando alrededor de tu pezón, abriéndola sobre tu pecho, con cada pincelada caliente gemías, disfrutabas de aquel fuego que con delicadeza pintaba en tu piel. Sobre el otro pecho una flor, un corazón entre tus tetas y con pequeños trazos, línea a línea, despacio, trazando una a una las letras escribí “Te amo” sobre tu vientre y dibuje un corazón debajo de tu ombligo. Te quite la venda, sonriendo recorrí tu cuerpo con mis ojos, viste los dibujos color de la canela y leíste te amo en voz baja. Yo me había sentado apoyado contra el cabecero de la cama, me miraste y di unas palmadas sobre mis muslos. Te abalanzaste.
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Te colocaste sobre mi polla dejando que entrara, apretándote contra ella apoyada en mi pecho, moviendo la cintura me comías la boca poseída por una pasión ardiente que emanaba de todo tu cuerpo, tus uñas se iban clavando en mi pecho cada vez mas fuerte a la vez que te cuerpo se desbocaba, el cabecero de la cama gritaba de placer y tus gemidos resonaban por la habitación como un solo de guitarra en un concierto de rock. Mis manos apretaban tus caderas, reptaban por tu espalda agarrando tus hombros, bajaban hasta tu culo, tus muslos, agarre tu pelo y tire de el echándote hacia tras para lamer tu garganta, tu cuello, saborear tus pechos, morder tus pezones, mis manos apretaron tus tetas juntándolas para que mi lengua subiera lamiendo apretada entre ellas hasta tu boca, hundí mi lengua en ella y rodeando tu cintura con mis brazos te apreté contra mi con la fuerza desatada de lujuria.
Sudando, nuestros cuerpos unidos en uno, corazones acelerados, aclamábamos a Dios, tus uñas clavadas en mi espalda y mis manos apretando tu cuerpo contra el mío, explotamos en un éxtasis que hizo que cayéramos sobre la cama yo y tu sobre mi abrazados, exhaustos de placer. Cogí aire y con suavidad hice que te acercaras a mi boca, nuestros labios se besaron dulcemente mientras nuestras almas aun ardían, acariciando tu piel, tu pelo, mirándonos a los ojos, una sonrisa afloro en los dos a la vez y al unísono susurramos “Te amo”.
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