De paseo por los grandes almacenes, refresco en mano, golosinas en la otra, mirando escaparates, todos los escaparates y todas las tiendas de ropa, de zapatos, de lencería. Hablábamos y reíamos, entrábamos a las tiendas mas caras y mientras tu te enamorabas de los trajes, blusas, pantalones y zapatos con los precios mas desorbitados yo buscaba las prendas mas feas y pedía que te las probaras riéndome de tu cara de “ni loca me pongo eso”.
Después de un rato dando vueltas, hablando de todo y de nada, riéndonos, jugando a darnos empujoncitos con la cadera, te convencí para entrar en la tienda mas cara del centro comercial, una de esas de alto standig no apta para gente propensa a sustos. Te dije al oído que buscaras el traje de tus sueños y te lo probaras, me miraste intentando averiguar si hablaba en serio y sonriéndote serio te animé a buscarlo. Recorrimos la tienda de un lado a otro, rebuscando entre las perchas, echando a las dependientas que con falsa simpatía buscaban su comisión. Mientras buscabas el traje mi mente se puso juguetona y mis manos golfas pasaban con disimulo por tu cintura o tocaban tu culo a escondidas o colocándome delante de ti mi mano subía por tu muslo hasta la cremallera de tu pantalón buscando esos reflejos sonrosados en tus mejillas, el brillo en tus ojos en tus delataba que te gustaba mi juego, huías de mi dando tiempo a cogerte de nuevo.
Por fin encontraste el traje que buscabas y con la cara de una niña el día de reyes me lo enseñaste colocándolo sobre ti, te sonreí, era bonito y se veía aun mas bonito sobre ti. Con un gesto te indique el probador y negaste con la cabeza, mi sonrisa, mi mirada de querer verte con ese traje y tus propias ganas de ver como te quedaba te convencieron. Te dirigiste al probador, yo caminaba detrás de ti hipnotizado por tus caderas. Entraste en el probador y corriste la cortina, yo me senté en un sofá justo enfrente, buscando alguna rendija por donde poder ver como te desnudabas, no lo encontré.
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Con disimulo entre en el probador, estabas en ropa interior mirándote al espejo, un sujetador negro con un encaje rosa superpuesto a juego con un tanga fino, negro y con el mismo encaje. Me miraste a través del espejo, tus ojos se abrieron como platos, te giraste y antes de que hablaras te agarre por la cintura pegándote contra el cristal, besándote hice que te olvidaras de donde estabas y empezaste a desabrochar mi vaquero apresuradamente, con ansia, yo te besaba y comía el cuello, había bajado las tiras del sujetador y apretaba tus tetas, mis manos bajaron hasta tu culo agarrando tus nalgas mientras me bajabas los pantalones, los bóxers, sacabas mi polla. Subí tu pierna, aparte el hilo de tu tanga, acaricie tu sexo chorreando de morbo y placer, te penetre desbocado desde el principio y mordiste mi hombro para ahogar tus gemidos, tus uñas gritaban en mi espalda casi rasgando mi camiseta, cuando tus dientes se clavaron con fuerza en mi hombro, tu cuerpo se tenso y tembló, cuando de tu garganta salió un grito amordazado mi polla explotó en tu coño.
Escuche mi nombre, sacudí la cabeza despertando de mi fantasía, te mire colocándomela con disimulo mientras me reía para dentro de mi mismo, te sonreí viendo como asomabas por la cortina, te anime a salir para ver como te quedaba. Saliste, radiante, aquel traje de coctel te sentaba como un guante, un vestido azul cielo palabra de honor, con un pico en el centro bordeado por un fino encaje blanco, la seda azul caía por tu cuerpo marcando tus curvas, por delante corto, por encima del centro de tus muslos, una capa de gasa bajo el traje continuaba hasta el centro de tus muslos, por detrás caía una cola con varias capas de gasa que llegaba hasta tus rodillas. Diste una vuelta mirándote al espejo, una dulce sonrisa decía cuanto te gustaba aquel traje. Apareció una dependienta volviendo a preguntar si podía ayudarnos mientras te colmaba de piropos, nos miramos, yo agache la cabeza escondiendo una risa burlona y tu sin cortarte y muy dignamente le dijiste que no era lo que buscabas entrando de nuevo al probador para cambiarte.
Colgaste el traje del primer perchero que viste, no miraste el precio, nos fuimos, decidimos ir a aluna pizzería y luego a tomar helado compartiendo cuchara y cama.
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