Solo hable con él
Solo hable con él, solía vivir en mi cuadra, entre la casa con el manzano enorme donde todos los niños solíamos competir para ver quien podía trepar mas alto y la casa vieja con la alberca vacía donde Ernesto se rompió el tobillo. Y aunque paso por su vieja casa todos los días, hacia años que no pensaba en él, a veces miraba su casa y sonreía, pero no pensaba en él, sonría por que esa casa siempre ha estado ahí, por que a veces te gusta que algunas cosas siempre estén ahí y te alegra saber que aunque ninguno de tus amigos sigue en la misma calle y todos sus pequeñas casas con pequeños jardines fueron convertidos en enormes departamentos y oficinas, esa casa sigue ahí, aunque ya nadie viva en ella. Claro que eso no fue lo que le dije cuando me pregunto como estaba su vieja casa, le conteste con una evasiva, por que no quería tocar el tema, no quería hablar de la calle o de su casa por que eso siempre llevaría al tema de "mi casa" y eso de plano es algo que no se puede hablar con un extraño por mas que no lo halla sido hace unos cuantos años. Nos sentamos en una mesa para dos en el café y platicamos, sobre nada, sobre todo, no se trataba de platicar, se trataba de esforzarse hasta el limite para encontrar algo familiar en el otro, algo que reconociéramos, una expresión, una sonrisa, una frase característica, algo que nos dijera que aun teníamos una idea de quien era la persona con la que estábamos compartiendo un café. Es gracioso como cuando dejas de ver a las personas, asumes que estas nunca cambian, que se estanca en lo que son, que se congelan, traten de pensar en sus compañeros de preparatoria, los imaginamos como adolescentes y si no es asi, nos imaginamos un adolescente con cuerpo de adulto y era lo que yo quería ver, yo quería ver un niño con cuerpo de adulto, yo quería que Allan me preguntara que tan lejos estaba la luna y si se podría alcanzar con una escalera, si podría apagarse el sol, quería que me contara algo increíble o algo increíblemente común, me preguntara que quería ser cuando creciera, aunque los dos supiéramos que ya había crecido, quería que me preguntara que animal seria si pudiera escoger, que super poder me gustaría tener y por que, quería preguntarle de que estaban hechas las nubes aunque ya supiera, quería reír de algo sin gracia, quería hacer algo increíble, quería gritar aunque no supiera que decir. Pero no, hablamos de hipotecas, bodas, abogados inútiles que arruinan la inútil vida de sus clientes, de una renta que no se podia pagar, de un sueldo que no alcanzaba, de unas pastillas que tomabamos sin saber para que, solo por que las receto un doctor que no volvimos a ver, hablamos del remordimiento de una selección de carrera, de nuevas versiones de películas viejas y ya no recuerdo de que tanto. Hubo silencios incómodos, hubo cosas que se querían decir, pero no se dijeron. Hubo un traje caro de burberrys o algo asi, hubo una blusa de Zara, hubo un Rolex y un Casio, una cartera de piel, una monedero de tela. Pero mas importante que nada, ahí en ese café que debe de haber abierto cinco o seis años atrás, en esa mesa de madera, estaban sentados un hombre y una mujer, un niño y una niña, dos amigos que se habían convertido en completos extraños.
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