El despertó de golpe, empapado en sudor frió. Había sido el mismo sueño, siempre era el mismo. Era la peor de las pesadillas, o quizás algo más. El mismo sueño que lo mantenía sin dormir, aquel que lo despertaba a media noche entre temblores y sollozos, empapado en sudor y lagrimas. Era el mismo sueño que parecía perseguirlo, la memoria de un recuerdo que se rehusaba a morir. Era el mismo recuerdo, el de aquella noche.
 
•-          ¿Melissa que haces?
•-          Mauricio, es lo mejor para los dos...
•-          Melissa, por favor no lo hagas, por favor.
 
Abrió los ojos de golpe.- ¿Que me esta pasando? Pensó- esto no puede ser real. Miro su reloj, se levanto aprisa de la cama. Tomo la primera camisa que encontró y salió por la puerta.
 
Entro al salón de clases como de costumbre, dejo caer sus cosas sobre su escritorio y acto seguido se sentó. El sueño ya acumulado durante meses aumentaba día a día, pero su miedo lo mantenía despierto.
 
•-          ¿Mauricio estas bien? Pregunto Samanta.
 
Era la misma pregunta de siempre, día tras día, siempre la misma desde esa noche. Y lo preguntaba aun con la esperanza de que su respuesta fuera diferente.
 
El negó suavemente con la cabeza. Su amiga lo tomo del hombro.
 
•-          Mauricio ya debiste haberlo olvidado.
 
El se soltó con brusquedad, se negaría a escuchar lo que cualquiera estuviera dispuesto a decirle.. Samanta respiro profundo, cada palabra debía ser perfecta.
 
•-          Se que la extrañas- dijo ella-pero no es el fin del mundo.
El joven se levanto de golpe, hacía tanto que había perdido la facultad de controlar las emociones.
 
•-          ¡¿Y como puedes saber tu donde acaba mi mundo?!Grito el cerrando las manos con rabia.
 
Por fin el maestro entro al salón. El joven se sentó de nuevo, saco su libro, lo abrió en una pagina al azar y comenzó a sentir como sus párpados se entregaban al sueño, mientras poco a poco abandonaba la visión de la escuela.
 
•-          ¡¿Melissa que haces?! ¡Suelta eso!
•-          Mauricio, te amo.
•-          No, no es verdad.
¡Mauricio! ¡Mauricio! El joven despertó sobresaltado, con los ojos caídos como si estuviera a punto de soltarse a llorar,  el sudor cubriéndole la cara.
•-          ¿Estas bien? Pregunto el profesor con voz cálida. De nuevo la misma pregunta, siempre igual, como si se negaran a aceptar su respuesta.
•-          No señor- dijo el muchacho con un hilo de voz.
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•-          ¿Puedo ayudarte? Pregunto el maestro.
•-          No señor, nadie puede hacer nada.
Sonó la campana, la última clase había acabado. El joven salió y tomo sus cosas, no pronuncio una sola palabra, no se despidió de nadie. Solo tomo sus cosas y se volvió camino a casa. Sus compañeros lo trataron de alcanzar, quizás para decirle algo, o simplemente para asegurarse que el aun los recordaba. Las palabras de un compañero lo hicieron detenerse en seco en la mitad del pasillo. "Se lo que sientes" dijo Gabriel con un cuaderno cuyas paginas estaban llenas de planes, de ideas, de miles de maneras de tratar de hacerla regresar.
•-          Lo tuyo fue un accidente -Dijo Mauricio sin voltear a verlo -La mía se fue por que quiso hacerlo...
De vuelta en su cuarto, el dolor de cabeza no lo dejaba pensar. "No te duermas" se repetía así mismo, "no lo hagas"...comenzó a dejar de repetírselo, ya empezaba a escuchar esas voces familiares.
•-          ¡ Esto no esta pasando, no es real!
•-          Mauricio, mírame...Mauricio.
•-          Melissa, por favor ¡No me abandones! Melissa baja el arma. Te amo.
•-          Yo también te amo...
    
Se levanto por el sonido de sus propios gritos, con la respiración agitada y sus latidos sonaban tan fuertes que opacaban el sonido de su voz cuando se repetía a si mismo  que no era mas que un sueño y se lo repetía una y otra vez con la esperanza de que si lo repetía demasiado, si ponía toda su esperanza en lo que decía, quizás el podría empezar a creerlo.
Miro el reloj, solo unas horas más y sería de día. No quería dormir, sus manos se aferraron a las sabanas, volvió a ver el reloj. Y luego comenzó a mirar el techo negro de la habitación... soltó las sabanas sutilmente, y sin darse cuenta. Volvió a quedarse dormido.
-    ¡Baja el arma!
•-          No lo haré, siempre supe que esto pasaría, y en el fondo tu también.
•-          No Melissa, yo puedo ayudarte. Podemos cambiarlo, podemos volverlo hacer como antes... Por favor no me dejes.
Se levanto, estaba ya de nuevo en su habitación, con desesperación puso sus manos sobre su cabeza como si intentara arrancar los recuerdos que habitaban en ella. Volvió a ver el reloj, de nuevo se le hacia tarde para la escuela.
•-          ¿Samanta podemos hablar?
Ella le sonrió amablemente y lo tomo del brazo.
•-          ¿De que quieres hablar?
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Él le contó todo, como soñaba siempre con la misma escena, como cada día el sueño parecía volverse más real. Como se negaba a dormir por el temor de verla cometiendo el mismo error una y otra vez. Como el comenzaba a dudar si la razón por que no la olvidaba era por que no quería o por que en el fondo, no podía hacerlo.
La joven lo tomo de las manos, podía ver la piel húmeda y los ojos llorosos.
•-          Realmente la extrañas- dijo ella con voz queda.
Él asintió levemente mientras miraba al cielo, para evitar que las lagrimas le empaparan la cara. Es difícil explicar a que sabe la soledad...pero sabe.
•-          Bueno -dijo su amiga- ella está en un lugar mejor.
¿Por qué siempre dicen eso? No saben si hay un lugar mejor, ni siquiera saben si hay algún lugar.
Él no dijo nada. Melissa era solo una niña, había miles como ella en el mundo. ¿Por qué habría de preocuparse por ella? A ella no le importo dejarlo solo en este mundo de locos, no pensó en lo mucho que la iba a necesitar. ¿Por qué importarle lo que le paso?
Samanta  lo miro con ternura.
•-          Mauricio por favor déjala ir, solo olvida lo que paso.
Él la miro "Si tú lo hubieras vivido"...dijo casi sin aliento.
•-          Lo recordarías, recordarías cada momento, cada suspiro, cada lágrima, recordarías lo que es poner un cuerpo dentro. Y sabrías -dijo con más temor- que no puedes llenar el vació, cerrar las heridas. Y sabrías que se siente que sin importar cuanto lloraste esa tarde nublada que amenazaba con tormenta...no pudiste devolverle la vida....Hace tanto que no la veo- dijo él- a punto de soltarse a llorar.
•-          Te equivocas- dijo su amiga cruzando los brazos.
Él la miro con confusión.
-  ¿A que te refieres? -Pregunto el joven.
-  La ves todas las noches, viviendo en tus sueños.
Era verdad, había  intentado  encontrar la manera de estar de nuevo con ella pero sin darse cuenta que ella jamás lo había abandonado, que la veía siempre. Pero aun así el recuerdo era el peor de los castigos y el mayor de los anhelos. Y él no podía seguir viviendo atado al pasado.
Durante unos momentos ninguno de ellos hablo, a Mauricio lo tambaleaba el sueño. Finalmente los párpados comenzaron a cerrársele, y comenzó a ver una cara muy familiar...
•-          ¡!Melissa!! ¡No, eres una idiota! ¿Cómo pudiste?
Sus manos se hallaban empapadas en sangre.
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•-          Mauricio...- dijo ella utilizando sus ultimas fuerzas para formar una sonrisa -...Te amo.
Él se acerco acariciando con sus dedos su piel humedecida en sangre...
¡Mauricio!¡Mauricio! Abrió los ojos repentinamente, su amiga lo agarraba y sacudía por los hombros repitiendo su nombre. El se soltó con brusquedad y miro sus manos, estaba casi seguro de aun encontrar en ellas, la sangre de su amada. Luego volvió y miro la cara de angustia de su amiga.
•-          Ya se que haré- dijo el con decisión.
Ella lo miro con gesto de alivio.
     -   ¿Qué?
•-          Ya veras -dijo el con voz alegre- Solo te juro que no tendré que volver a vivir ese sueño de nuevo.
Ella lo miro y aunque en el fondo sabía que estaba cometiendo el peor de los errores, sus labios se condenaron al pronunciar las palabras que la atormentarían tantos años después.
"Haz lo que creas correcto".
Él la miro y por primera vez en tanto tiempo le sonrió, la abrazo y le beso la frente. 
•-          Gracias- dijo él- gracias por ayudarme siempre, por creer en mi, por mirarme cuando todos pasan sin ver.
Ella le devolvió la sonrisa.
•-          ¿Quieres que te acompañe a tu casa?- pregunto ella.
Él negó sutilmente con la cabeza, pero sin dejar de sonreír.
     Se rió, hace tanto que no lo hacia, que ella había comenzado a olvidar el sonido de su risa.
"Esta bien" dijo la joven y así ambos se despidieron.
El volvió solo a su casa. Era verdad, ella no se había ido, lo visitaba todas las noches en sus sueños. Seguía sonriendo, el cielo jamás se había visto tan alto, el aire jamás había sido tan puro, el recuerdo jamás había sido tan fuerte.
Entró a su viejo cuarto. Se sentó sonriente en la cama, por primera vez en tanto tiempo, no temía que el sueño lo invadiera...
•-          Melissa...
Sus mangas se empapaban en sangre. La tomo entre sus brazos.
•-          Mauricio...lo siento... te amo.
•-          Tu no morirás - dijo el poniendo toda su fe en sus palabras pero a veces se necesita mas que fe para cambiar el destino.
•-          Mauricio...no quiero estar sola.
•-          Lo se...
Él la abrazo mientras veía como el blanco de su camisa, se tornaba en rojo. La vio directamente a los ojos mientras veía como en su mirada se iba perdiendo la vida. Y finalmente vio como la sangre se fundía con el color de sus labios y sin pensarlo la beso.
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•-          No quiero estar sola dijo ella.
•-          No lo estarás respondió el joven, jamás estarás sola de nuevo.
Él miró el arma abandonada junto al cuerpo de su amada, la tomo, la contemplo con ilusión. La acomodo suavemente sobre su piel, tenso el gatillo.
•-           No te dejare sola, lo prometo.- le dijo al oído muy bajito.
-     Mauricio...
-     Melissa
-     te amo.
-     y yo a ti...
-¡Mauricio! ¡Mauricio! ¡Abre! ¡Mauricio!. Su amiga ,se hallaba afuera, no sabía como, pero sabía que algo había salido muy mal... Entro lentamente al cuarto, con dificultad la luz de afuera iluminaba la escena, se acerco. No, no podía ser real. Su peor pesadilla, su miedo escondido, todo era cierto.
Su amigo se hallaba recostado, con una dulce sonrisa adornándole el rostro.
•-          ¡Mauricio! ¡Mauricio!, despierta.
Ella lo sacudió con todas sus fuerzas. No, no era real. La cara de la joven comenzaba a empaparse en lágrimas mientras empezaba a darse cuenta de que no importaba cuanto gritara, ni cuanto llorara.
 Él se hallaba destinado a jamás despertar...
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