Remontándonos a finales del S.XV, e inicios y mediados del S. XVI, vemos en el encuentro entre Europa y América, el surgimiento de un sistema de encubrimiento que basó la relación de desigualdad entre ambos sectores, y que incluirá en el proceso al continente africano. Europa estaba sumergida en un profundo proceso de cambio, saliendo del medioevo, y es allí donde una América desconocida emerge y desafía todo lo conocido hasta entonces. Un hombre nuevo, un “otro” que va a ser catalogado, dominado y explotado según intereses concretos. Ese otro, inculto, bárbaro, y calificado de diferentes formas peyorativas, es declarado hombre verdadero según una bula papal en el año 1537, pero no un hombre completo como el europeo, sino un niño, alguien a quien educar y civilizar. Ya no está bien visto utilizar a estos nativos como mano de obra barata o gratuita, lo que lleva a recurrir a un comercio humano incipiente por la época: la trata de esclavos, actividad comercial, donde personas eran tratadas y vendidas como objetos. Esto comenzó un largo sometimiento y estigma que continúa hasta este momento, en donde el color de la piel sigue siendo excusa de discriminación y humillación.  Comienza así un largo recorrido que signaría la historia de los pueblos sometidos, el nativo, por deficiente, y el negro, por inferior. Ambos bajo la superioridad de un blanco que impone su posición en clara ventaja para sí mismo y en detrimento de las clases sometidas.  
En el S. XVIII, bajo el pensamiento ilustrado, se reflexiona acerca de la naturaleza del hombre, sus orígenes y sus diferencias. Por un lado, se pensaban esas diferencias como producto de factores ambientales, como el clima, alimentación y modos de vida (viendo a las razas consideradas inferiores como degeneraciones de la misma creación). Otros lo atribuían a diferentes creaciones. Pero, en cualquier caso, el hombre blanco era el exponente más perfecto, y la suya, la civilización cúspide, favorecida tanto por ambiente como por creación. En el S.XIX, si bien había partidarios en contra de la trata de esclavos, científicamente, se buscó justificar la supremacía del hombre blanco. Uno de los pensadores de la época, Gobineau, postuló las diferencias entre razas, sentando las bases no solo para la justificación de la inferioridad del hombre negro, sino también, posteriormente, de movimientos nacionalistas tales como el nazismo y el fascismo. Sumado a eso, el darwinismo trae la visión evolucionista, favoreciendo el pensamiento de que las clases inferiores son esclavas o pobres fruto de la selección natural. Es fundamental apreciar que este sometimiento de clases se desarrolló junto y bajo el sistema colonial, donde estas diferencias se justifican en busca de beneficiar el desarrollo del sistema capitalista.  
Página 2

Si bien la caída del colonialismo en el S. XX trajo aparejados diversos movimientos sociales de liberación, lo cierto es que en la nueva era globalista el racismo no fue eliminado, y no solo hubo una continuidad del mismo, sino que además tomó nuevas formas, y lo vemos reflejado prácticamente en todas las relaciones humanas en la actualidad.  
Para continuar con el tema, es necesario definir lo que hoy significa racismo. Según Eduardo Menéndez, en Racismo, colonialismo y violencia científica, “El racismo no es solamente una cuestión de segregar "negros" u "odiar judíos": el racismo debe ser referido a las formas de relaciones sociales y culturales que implican discriminación, subordinación, compulsión y explotación de los otros en nombre de pretendidas posibilidades y disponibilidades, ya sean biológicas, sociales o culturales. Toda relación social que signifique "cosificar" a los otros, es decir negarle la categoría de persona, de igual; toda relación que permita la interiorización y uso de los otros es racismo”.  Vemos aquí que siempre hay una idea de superioridad en cuanto al otro, o pureza que el otro no tiene. Una diferencia racial, biológica, cultural, o social que justifica la dominación o explotación de otro en provecho propio, o solo por el hecho de odiar lo distinto. No se puede sostener que todos los hombres son iguales y que no existen distinciones, pero esto no alcanza para legitimar la superioridad de un grupo sobre otro. Esas diferencias en las que se basa un autollamado superior, no son hechos que partan de la naturaleza misma, ya que pueden observarse más diferencias entre los sujetos de una misma raza, sociedad o cultura, que, de una sociedad, raza, o cultura a otra. Esta relación de dominación y subordinación parte de intereses especialmente económicos, un instrumento ideológico que sirve para encubrir la explotación y la dominación existentes.  
Página 3
Este racismo es parte de muchos aspectos de nuestra sociedad, pero esta identidad racista no es aceptada como parte de nuestra identidad, ya que solo se reconoce como tal el trato de blancos hacia negros. Pero esta situación aparece marcando todo tipo de relaciones, siempre que haya algún tipo de vínculo donde una de las partes vea de alguna manera como un inferior al otro, o cuando pensamos que determinadas acciones solo son cometidas por ciertos sectores de la sociedad. Cuando juzgamos costumbres, o reflejamos inconscientemente en nuestro trato que somos mejores que otros. Esto se debe a que nuestra sociedad creció, desde la conquista, en una suerte de vínculo desigual, donde se normalizó el maltrato, la brutalidad, marcando a fuego nuestra identidad, instaurando lo diferente como algo negativo.  
Esta diferencia de clases, y su consecuencia en el trato, fue elemental para el desarrollo capitalista, ya que no solo se obtenían ganancias con la trata de personas, sino que el trabajo esclavo, gratuito o barato, fue base de este. Era esencial la interiorización de ese otro que se quería utilizar con fines económicos. Esta relación todavía la vemos en el vínculo de los países desarrollados con los que son considerados subdesarrollados, donde estos últimos son subordinados a los primeros, llegando a una colonización mental tal, que los países “tercermundistas” construyen su identidad en base a esta relación, se ven a sí mismos de esta manera, y ven al mundo con esa mirada.  
Como ya se ha mencionado, en el S XVI, se declara ilegal la explotación de los nativos americanos, por lo que comienzan a llegar grandes cantidades de humanos, secuestrados de su tierra de origen, provenientes de África. Las potencias europeas imponen así en las colonias americanas, un sistema esclavista como base para su sistema económico. Se estima que aproximadamente 60.000.000 de africanos salieron de África para el S.XVII, de los cuales solo llegaron a destino unos 12.000.000, fundamentalmente a través de los puertos de Montevideo, Río de Janeiro y Buenos Aires. Se sostiene que a pesar de la condición de esclavitud a la que se vieron reducidos, los esclavos que llegaron a lo que sería suelo argentino, tuvieron mejor trato que en el resto de América. Si bien llegó un gran caudal de esclavos a Argentina, ¿por qué se considera a este un país sin población negra? Por otra parte, ¿es este un país racista?  
Página 4
Por mucho tiempo se presumió la muerte intencionada de la población negra en las guerras ocurridas en nuestro suelo, pero lo cierto es que lo que ocurrió, fue una invisibilización de la población afro argentina y sus raíces culturales. Si bien es real que los negros fueron parte de ejércitos y milicias en S. XIX, también es real que no eran mayoría.  Hoy en día, cuando pensamos en los argentinos, se nos viene a la mente la llegada de los barcos europeos, y nos identificamos con esa ascendencia, dejando de lado esa otra parte, el contingente venido de África, siendo algo impensado un argentino negro. Esta invisibilización tomó un largo proceso. La llegada de esclavos subsaharianos a nuestro territorio se debió en un principio al comercio transatlántico, pero también, al comercio de esclavos descendientes de africanos que llegaban desde lugares fuera de África. Estos han tenido un papel importante en nuestra historia, ya que para el S. XVIII llegaron a ser ni más ni menos que la mitad de la población de muchas ciudades de lo que sería nuestro país. El flujo migratorio forzado disminuyó después de la independencia argentina. Luego, a mediados de S. XIX en adelante, se sumó la inmigración voluntaria de inmigrantes negros provenientes de Cabo Verde. 
Si bien la esclavitud fue abolida en 1853, recién con la reforma constitucional de 1860, la abolición quedo completa. Pero aun después de esto, los negros continuaron sufriendo discriminación. La población negra fue disminuyendo debido al mestizaje, lo cual fue alentado por los sucesivos gobiernos argentinos para que esa población no blanca se fuera diluyendo dentro de la mayoría de blancos (estos resultaron mayoría debido a la gran inmigración europea que se daría desde mediados del S. XIX en adelante). Este proceso fue conocido como blanqueamiento, y se basó en la idea de que los blancos eran los únicos capaces de sacar adelante la civilización. Acá se refleja el pensamiento científico de la época antes mencionada. A pesar de que en Argentina el trato hacia la población negra era menos violento, tenían mayores libertades que en el resto de los países coloniales, e incluso podían llegar a comprar su libertad mucho antes de la abolición de la esclavitud, se pensaba que con este mestizaje se mejoraría la situacion para las futuras generaciones. Se asociaba la piel oscura con la barbarie, por lo que la misma población negra busco mezclarse en busca de mayores beneficios para su descendencia. Así, teóricamente, se escapaban de su pasado esclavo, y eran más funcionales para la sociedad moderna que se buscaba crear. Esto les dio a los mestizos una mejor posición social, y los alejó de su origen racial original y de sus raíces culturales. Los descendientes de este mestizaje, si bien dejaron de ser catalogados como negros, y estuvieron más cerca de lo blanco, que era lo más deseable, no fueron tampoco clasificados como blancos, lo que llevo a la creación de términos peyorativos para dirigirse a ellos. Pardos, trigueños, morenos o criollos fueron los términos para nombrar a la población que claramente no era blanca. Debido a su condición económica dominante, estos colores de piel quedaron definitivamente asociados a la pobreza, y se suma así la discriminación por color de piel a la discriminación económica. Para 1887, este blanqueamiento llevó a que la población negra fuera reducida al 1.8% del total. Desde ese momento, estos habitantes no serían tenidos en cuenta en los censos posteriores. Durante el siglo siguiente, no se realizaron estudios acerca de la población afro argentina, siendo estos completamente invisibilizados.  En 1903, en la revista Caras y Caretas, el periodista Juan José Soiza Reilli, se expresa de la siguiente manera: “Poco a poco esta raza se está extinguiendo, la raza en la mezcla va perdiendo su color primitivo. Se hace gris. Se aclara. El árbol africano está dando blancas flores caucásicas.”  Lamentablemente, esto deja entrever el claro pensamiento racista de la época.  
Página 5

Aunque se ha ocultado esta parte de las raíces del pueblo argentino, no se puede negar la influencia que han tenido en nuestra cultura. Uno de los ejemplos de su impacto es el Tango, originario de los tangós, que era parte característica de las festividades y ceremonias afro. La milonga, el malambo y la chacarera también se nutren de esas raíces.  
Recién en las últimas décadas se ha comenzado a investigar histórica y socialmente el tema afro en Argentina. Esto posiblemente sea a causa de la gran ola inmigratoria proveniente de áfrica como así también de descendientes afro del resto de América Latina.  
En 2006, se crea en Argentina el Foro de Afrodescendientes y africanos cuyo fin es promover el pluralismo social y luchar contra la discriminación en nuestro país. Una labor que continúa en proceso, ya que no solo lo afro es discriminado. El termino negro subsumió en si a las personas de clase baja, utilizando los términos negros, negrada, cabecitas negras o negros cabezas para catalogar a personas pobres o de determinados estratos sociales. Respondiendo a la pregunta, y ante los hechos citados, ¿Es Argentina un país racista? podemos contestar con un rotundo SÍ, aunque el argentino no sea consciente de que lo es.  
Como Liliana Tamagno y Marta Maffia nos refieren en Lo afro y lo indígena en Argentina. Aportes desde la Antropología social al análisis de las formas de la visibilidad en el nuevo milenio, en las últimas tres décadas, la presencia afro ha sido cada vez más notoria en nuestro país, visibilizando así esta problemática. En 1988, con integrantes descendientes de inmigrantes de Cabo Verde y afro argentinos, se funda en Santa Fe la Casa de la Cultura Indoafroamericana, que tiene, como citan las autoras, los “objetivos el rescate, la defensa, el desarrollo la difusión y la valorización de las prácticas culturales provenientes de los pueblos originarios y de los africanos trasplantados a América por la esclavitud, y la lucha contra el racismo y todo tipo de discriminación.” En la década de los 90, ya con condiciones sociopolíticas más favorables, descendientes caboverdianos se organizan en pro de generar acciones que apunten a la “visibilización, la diferenciación, la valorización y la filiación a una historia que implica al mismo tiempo, el reconocimiento de su temporalidad “(pág. 128).  
Página 6
Diversas organizaciones comienzan a colaborar con estos organismos, y gracias a la obtención de recursos, en 1997 se crea la Fundación África Vive, siendo esta la primera en reunir afros argentinos en Argentina, en la ciudad de Bs. As. África Vive se convierte en una gran casa donde es transmitida la cultura, conviven, se conectan y comparten miembros de su comunidad. Desde entonces, han surgido numerosos movimientos de lucha por los derechos de estas comunidades y en pro de desnaturalizar el racismo y la discriminación consecuencia de esta. Como fruto de estas actividades y de diversos cambios y acciones a nivel mundial, recién en los últimos años el antiguo estandarte de la nación “blanca” volvió a ser cuestionado. Las manifestaciones culturales que fueron despreciadas por décadas hoy forman parte de la cultura juvenil urbana y se despliegan en los barrios de nuestras ciudades.  
 
 
Los argentinos, como ya se ha mencionado, construyeron su identidad en base a la ascendencia europea. El silencio histórico con respecto a este tema, fue cómplice de la negación de parte de nuestras raíces. Siempre fue más importante pertenecer al mundo europeo, en una especie de relación con complejo de Estocolmo hacia quienes sojuzgaron y explotaron nuestra América. Hoy en día, el mundo está cambiando, formando nuevas concepciones, la lucha de generaciones está cambiando visiones y conceptos por siglos arraigados en la humanidad. Es imperativo el tomar conciencia y respetar lo diferente. 
 
 
Para cerrar, me gustaría citar las palabras de la Sra. Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO desde el 2017, en motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, instituido el 21 de marzo, en conmemoración a los hechos ocurridos ese día en 1960, donde un policía abrió fuego y mató a 69 personas en una manifestación pacífica contra las leyes de pases del apartheid que se realizaba en Sharpeville, Sudáfrica; “La diferencia es fuente de riqueza y de fuerza. La diversidad de los seres humanos y de las civilizaciones es lo que hace que el mundo sea más hermoso. En palabras del maliense Amadou Hampaté Ba, ““ ¡Que aburrido y monótono sería un mundo uniforme, en el que todos, cortados por el mismo patrón, pensaran y vivieran de la misma manera! Sin nada que aprender de los demás, ¿cómo podríamos enriquecernos?”” ”   
1000

Cargando comentarios...