Islas Diomenes.
 
Las increíbles islas que están a 4 km y 21 horas de distancia y donde se puede llegar caminando desde EEUU a RusiaLas Diomedes son dos: la Isla del Ayer y la Isla del Mañana. Se encuentran en el Estrecho de Bering y viven apenas un centenar de esquimales que subsisten con la caza y la pesca. Una, la mayor, pertenece a Rusia. La otra, a los Estados Unidos.Las islas están casi pegadas. Las separan menos de cuatro kilómetros.  Los nombres oficiales varían según el idioma; por el momento, unifiquemos en Islas Diómedes, la Mayor y la Menor. Pero en realidad son: La Isla del Ayer y la Isla del Mañana.
Si la distancia espacial entre ellas es de 4 mil metros, la temporal es de un día.
Las islas Diómedes, enfrentadas a escasa distancia, están en el estrecho de Bering, entre el mar del mismo nombre y el mar de Chukchi. El primero que llegó al lugar fue el explorador Dezhnev en 1648. Pero nunca habló de estas islitas; ni siquiera se sabe si no se cruzó con ellas o tan sólo las consideró insignificantes, que ni siquiera valía la pena mencionarlas. El siguiente, en 1728, fue el mismísimo Vitus Jonassen Bering, lobo de mar danés a sueldo del zar de Rusia, quien finalmente terminó prestando el nombre a esa zona del mapa.La conexión entre las dos islas se realiza en lancha, jet ski o helicóptero. Pero también, cuando el agua se congela por las temperaturas extremas, se puede pasar caminando sobre el hielo. Algunos para hacer más rápido, hacen el mismo recorrido pero en esquíes. Es decir, es el paso terrestre (temporal) entre Estados Unidos y Rusia.
Las islas se utilizaron como gran límite. Entre ellos se creó un paredón simbólico que dividió dos mundos. Por un lado allí en ese espacio de 4 kilómetros se fijó el límite entre Estados Unidos y Rusia. Y, también por ahí, se hizo pasar la línea que separa –convencionalmente- los días, La Línea Internacional de cambio de fecha. Entonces entre una y otra hay 21 horas de diferencia, ya que se toma la hora de Alaska.
La Diómedes Mayor, la más cercana a la península de Chukokta, quedó para Rusia; la otra, más pequeña y previsiblemente llamada Menor, para Estados Unidos, vecina de Alaska. La división se realizó cuando el zar acosado por deudas vendió a Estados Unidos el territorio de Alaska.
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En 1948, las autoridades soviéticas mandaron a buscar a todos los pobladores de su isla a la que ellos llamaban Gvózdev. Los subieron a un barco y después de varias escalas en transportes varios (a esos medios de locomoción sólo los hermanaba la precariedad y la incomodidad) los depositaron en Siberia. Tardaron más de cuarenta años en volver a su lugar de origen. Su crimen había sido vivir cerca de territorio norteamericano: en el Kremlin temían que la vida occidental los sedujera.
En la actualidad la Diómedes Mayor, la rusa, se encuentra deshabitada y aloja una pequeña base militar. Del lado norteamericano sólo vive un centenar de personas. Esquimales, que muchas veces extrañan a sus vecinos de la isla de enfrente no sólo por la soledad y el aislamiento, sino porque varios pertenecían a las mismas familias. Se dedican a la pesca del salmón y del cangrejo rojo real, un marisco de moda en los lugares más exclusivos y uno de los más caros del mundo. También cazan osos, focas y morsas, la fauna del lugar.Al final de la guerra fría, en 1987, una mujer llamada Lynne Cox nadó los 3,8 kilómetros que separan las Diomedes (Gvozdev en ruso), en medio de una niebla espesa y fuertes corrientes, con el agua a solo tres grados de temperatura y grave peligro de hipotermia (“el frío era como un vampiro que extraía el calor de mi cuerpo y hacía que los dedos se pusieran de color gris”, recuerda). Al principio los soviéticos se resistieron a dejarla pisar la isla Grande, pero finalmente Gorbachov accedió, e incluso envió una delegación de deportistas, dignatarios y agentes del KGB (por si acaso) para que le dieran la bienvenida. Poco después, el presidente ruso viajó a Washington para firmar con Ronald Reagan un tratado de reducción de armas nucleares.
En pocos lugares del planeta el tiempo y el espacio se confabulan para erigir una barrera tan enorme y surrealista como en las islas Diomedes. Aquí es Estados Unidos, ahí es Rusia. Aquí es hoy, ahí es mañana. Desde aquí se ve el futuro, desde ahí se contempla el pasado.
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