¿Por qué lo hiciste?
El funeral inicia al mediodía y todos están presentes. Puedo oír a mi madre llorar y gritarle a su hijo “¿por qué lo hiciste?” con un tono de regaño y desesperación que nunca había oído antes. Mi padre también llora; nunca creí que fuera capaz de expresar algún otro sentimiento que no fuera enojo. Escucho como sujeta a mi madre que intenta arrojarse al ataúd que desciende cada vez más profundo. Mis abuelos, tíos y primos gritan la misma pregunta. El féretro llega por fin al fondo del agujero. Todo es oscuridad y no puedo moverme. Están comenzando a cubrir el agujero. No debí tomar esas pastillas. Solo quería que todo acabara, pero me condené a algo peor. El aire se hace cada vez más pesado y me cuesta respirar. Obtuve lo que quería, solo que me tocó sufrir una muerte más lenta de lo que esperaba.



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