Poema de Domingo para mi Flaca: Judith
Hoy es domingo, mamá,
la casa huele a silencio y a nostalgia,
y entre la luz dormida que atraviesa las cortinas
me siento a buscarte, como tantas otras veces,
preparando una vela, tejida de flores y de recuerdos.
En este ritual pequeño —
te encuentro otra vez sentada,
mirando el mundo desde tu rincón sagrado,
haciéndote las uñas
el mismo rincón que guardo intacto
porque aún late tu energía
en cada objeto, en cada aroma,
en la quietud de un cuarto que no cambia.
No he movido tus cosas,
no he borrado tus huellas;
te extraño, aunque a veces mi tristeza
solo sepa expresarse en un suspiro quedo
o en las lágrimas que escondo
para no asustar al tiempo.
Te hablo bajito,
con palabras que nunca dejo ir:
te contaría de mi día, de la universidad,
de tu nieto, que te busca en sus juegos,
de los sueños donde me abrazas
y me enseñas a seguir.
Hoy prendo la vela en tu honor,
y mientras la llama baila
le pido a la vida que tu recuerdo
siga iluminando mis pasos,
que el amor que supiste darme
sea el refugio donde siempre pueda volver.
En cada domingo pienso tu nombre, mami,
lo derramo entre flores lila y promesas dulces:
no te olvido,
no te alejo de mí.
Gracias por venir a visitarme en mis sueños,
por recordarme que a tu modo
fuiste fortaleza y ternura,
y que el hilo que nos une
no se rompe ni con la distancia.
Aquí sigo, haciendo lo mejor que puedo:
escribo, enciendo la luz y te llamo bajo la voz,
esperando que me escuches,
esperando que este amor
te abrace también a ti.
Como cada domingo.
Como siempre.
Como nunca dejaré de hacer.



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