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Sus ojos.
I. Océano de muerte.
Después de una larga caminata me detuve a descansar cerca de un charco, el único en kilómetros, el recuerdo de la última lluvia y un milagro, un milagro que nadie quiere perderse. Bebí un poco y me recosté a ver como se acercaban las manadas: elefantes, cebras, jirafas e incluso hipopótamos, nadie quería perderse la oportunidad de beber, una fila se formó y se extendió por la sabana que ahora más que eso parecía desierto.
Resulta extraño ver orden en momentos como este, sin embargo lo había y así lo hubo al menos por un momento. Un renegado grupo de Ñus se coló en la fila y los reclamos no se hicieron esperar, los ñus no pensaban dejar la fila y el resto no pensaba dejar que se quedaran.
De pronto la violencia se hizo presente, los golpes y las patadas comenzaron a volar, mordidas por aquí y por allá, en fin caos por doquier.
La escena poco me importaba y no hice más que alejarme un poco a observar el espectáculo desde un lugar más seguro, desde aquel lugar aquello parecía una guerra y pronto todo era sangre y muerte por doquier. De entre el polvo se alzó una figura, una hermosa figura que comenzó a abrirse paso en el desorden, hasta llegar a la fuente de la discordia y bebió despreocupada de aquellas aguas manchadas de rojo.
Podía ver el reflejo de sus ojos a través del agua, dos ojos negros y apagados, cansados de la vida, sin esperanza ni amor y aun así los ojos más hermosos que haya visto.
Estaba herida de una pierna, probablemente a causa de un depredador hambriento, se le dejaba entre ver el hueso y no dejaba de sangrar, parecía no darle importancia.
La vi hipnotizado por al menos un par de minutos hasta que al fin pude reaccionar y me acerque a preguntar si necesitaba ayuda.
-Señorita, he visto que está herida ¿Me permite llevarla a un lugar seguro?
Parecía no escuchar así que insistí.
-Ehhh… ¿Señorita?
Volteo a verme por un segundo y entonces se alejó sin decir nada, caminó hasta que despareció en el horizonte, sabía que necesitaba mi ayuda así que la seguí.
II. Algo entre los árboles.
La seguí durante casi 2 horas, pensé que me pediría ayuda en algún momento pero no era así, parecía incansable.
-Disculpe, ¿Esta segura que no necesita ayuda? ¿Sabe a dónde vamos?
Se detuvo de golpe y volteo lentamente hacia mí.
-Mira, no sé por qué me sigues, pensé que eras lo suficientemente inteligente como para entender que no quiero hablar contigo, así que si quieres seguirme no hay problema, solo no hables ¿Ok?
-Disculpa, creí que necesitabas ayuda y conozco un lugar seguro en el que podrías quedarte hasta que tu pierna sane.
-No necesito que me ayudes, gracias pero no, estoy mejor sola.
Y siguió caminando, de nuevo recorrimos varios kilómetros y entonces algo entre los árboles comenzó a moverse, ambos sabíamos que estábamos siendo cazados.
Me acerque más ella y le susurre al oído:
-¿Qué hacemos?
-¿Qué hacemos con qué?
-¿No notas como que alguien nos sigue?
-Probablemente un león, si viene por nosotros no hay nada que hacer.
El tiempo se detuvo y un fuerte rugido seguido de un grito desgarrador resonó frente a nosotros, la desafortunada presa, una pequeña gacela se retorcía entre las fauces de un imponente león sin melena, una sola mordida había bastado para destrozarla, pronto su vida desapareció. La leona con la cena entre los dientes caminó de vuelta a su hogar sin prestarnos mucha atención.
-Podríamos haber sido nosotros y a ti parece no importarte.
-Es que no me importa.
III. Ella.
Hasta entonces creía imposible que a alguien no le importase la vida, pero lo dijo con tanto desinterés que sabía que era verdad, no le importaba la vida, al menos no la suya.
- ¿Cómo puede no importarte tu vida?
- ¿Porque debería importarme? No tengo motivos para vivir, ¿has visto en dónde estamos? Vivimos en el infierno, todos buscan peleas y los que no te quieren comer, te quieren matar. Dime, ¿por qué debería vivir?
No supe qué responder, lo que decía era cierto.
-Estamos solos en este infierno, deberíamos estar con nuestra manada ¿Dónde está la tuya? ¿Muerta? No importa donde este, lo que importa es que está lejos.
-¿Y la tuya?
-Lejos también.
I. Océano de muerte.
Después de una larga caminata me detuve a descansar cerca de un charco, el único en kilómetros, el recuerdo de la última lluvia y un milagro, un milagro que nadie quiere perderse. Bebí un poco y me recosté a ver como se acercaban las manadas: elefantes, cebras, jirafas e incluso hipopótamos, nadie quería perderse la oportunidad de beber, una fila se formó y se extendió por la sabana que ahora más que eso parecía desierto.
Resulta extraño ver orden en momentos como este, sin embargo lo había y así lo hubo al menos por un momento. Un renegado grupo de Ñus se coló en la fila y los reclamos no se hicieron esperar, los ñus no pensaban dejar la fila y el resto no pensaba dejar que se quedaran.
De pronto la violencia se hizo presente, los golpes y las patadas comenzaron a volar, mordidas por aquí y por allá, en fin caos por doquier.
La escena poco me importaba y no hice más que alejarme un poco a observar el espectáculo desde un lugar más seguro, desde aquel lugar aquello parecía una guerra y pronto todo era sangre y muerte por doquier. De entre el polvo se alzó una figura, una hermosa figura que comenzó a abrirse paso en el desorden, hasta llegar a la fuente de la discordia y bebió despreocupada de aquellas aguas manchadas de rojo.
Podía ver el reflejo de sus ojos a través del agua, dos ojos negros y apagados, cansados de la vida, sin esperanza ni amor y aun así los ojos más hermosos que haya visto.
Estaba herida de una pierna, probablemente a causa de un depredador hambriento, se le dejaba entre ver el hueso y no dejaba de sangrar, parecía no darle importancia.
La vi hipnotizado por al menos un par de minutos hasta que al fin pude reaccionar y me acerque a preguntar si necesitaba ayuda.
-Señorita, he visto que está herida ¿Me permite llevarla a un lugar seguro?
Parecía no escuchar así que insistí.
-Ehhh… ¿Señorita?
Volteo a verme por un segundo y entonces se alejó sin decir nada, caminó hasta que despareció en el horizonte, sabía que necesitaba mi ayuda así que la seguí.
II. Algo entre los árboles.
La seguí durante casi 2 horas, pensé que me pediría ayuda en algún momento pero no era así, parecía incansable.
-Disculpe, ¿Esta segura que no necesita ayuda? ¿Sabe a dónde vamos?
Se detuvo de golpe y volteo lentamente hacia mí.
-Mira, no sé por qué me sigues, pensé que eras lo suficientemente inteligente como para entender que no quiero hablar contigo, así que si quieres seguirme no hay problema, solo no hables ¿Ok?
-Disculpa, creí que necesitabas ayuda y conozco un lugar seguro en el que podrías quedarte hasta que tu pierna sane.
-No necesito que me ayudes, gracias pero no, estoy mejor sola.
Y siguió caminando, de nuevo recorrimos varios kilómetros y entonces algo entre los árboles comenzó a moverse, ambos sabíamos que estábamos siendo cazados.
Me acerque más ella y le susurre al oído:
-¿Qué hacemos?
-¿Qué hacemos con qué?
-¿No notas como que alguien nos sigue?
-Probablemente un león, si viene por nosotros no hay nada que hacer.
El tiempo se detuvo y un fuerte rugido seguido de un grito desgarrador resonó frente a nosotros, la desafortunada presa, una pequeña gacela se retorcía entre las fauces de un imponente león sin melena, una sola mordida había bastado para destrozarla, pronto su vida desapareció. La leona con la cena entre los dientes caminó de vuelta a su hogar sin prestarnos mucha atención.
-Podríamos haber sido nosotros y a ti parece no importarte.
-Es que no me importa.
III. Ella.
Hasta entonces creía imposible que a alguien no le importase la vida, pero lo dijo con tanto desinterés que sabía que era verdad, no le importaba la vida, al menos no la suya.
- ¿Cómo puede no importarte tu vida?
- ¿Porque debería importarme? No tengo motivos para vivir, ¿has visto en dónde estamos? Vivimos en el infierno, todos buscan peleas y los que no te quieren comer, te quieren matar. Dime, ¿por qué debería vivir?
No supe qué responder, lo que decía era cierto.
-Estamos solos en este infierno, deberíamos estar con nuestra manada ¿Dónde está la tuya? ¿Muerta? No importa donde este, lo que importa es que está lejos.
-¿Y la tuya?
-Lejos también.
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