Javier Méndez y el oficial Godoy caminan por la calle principal de Puerto Sur. Ya dejaron a los muertos atrás luego de una ardua corrida. Ahora se disponían a caminar sigilosos entre los coches abandonados.
-Escuchame, pibe. No sé que hacemos acá tan expuestos. Esos monstruos pueden aparecer en cualquier momento. – Jadea Godoy mientras se limpia el sudor de la frente con el dorso de su mano. – Son como la mugre, están en todos lados… ¿Los has olido?
El chico se limita a observarlo.
A pesar de que el policía lo había ayudado derribando a un par de embichados, Javier conocía el repertorio del oficial Godoy en el pueblo, y no era alguien de que quién confiar. Mucho menos en un contexto donde tu vida está pendiendo de un hilo en cada esquina que doblas.
- Los tuve cerca, pero nunca llegué a olerlos. No pensaba en eso.
- ¡Ja! Me imagino que no. Debías estar cagado de miedo, ¿verdad? Yo a tu edad también era asustadizo, pero con perros rabiosos o fantasmas. No con… lo que sean estos monstruos. Luego aprendí a usar un arma y ahora me siento protegido. – Godoy besa su Glock reglamentaria y le sonríe como un niño a su mamá. – Saludala, es tu salvadora. – le dice al chico, y le acerca el arma para que él también la bese.
Javier aleja su rostro con disgusto. A Godoy le da igual.
- Los embichados son como perros rabiosos, siempre andan gruñendo y escupiendo esa saliva blanca que me repugna. – Comenta Javi. - Y hace un rato, en el barrio del pinar, aparecían de todos lados, eran como fantasmas escondidos en la oscuridad, esperándonos. ¿No te parece? – Intenta mantener una charla con el hombre por simple cortesía, pero en su cabeza sólo hay espacio para la misión, y no va a parar hasta llegar al centro de Puerto Sur.
- Si, pibe. Puede que tengas razón. De todas maneras, deberías conseguirte una de estas. – Godoy agita su preciada arma en el aire. – Con una belleza así se te va cualquier tipo de miedo.
-Lo dudo- responde el joven, por lo bajo.
El oficial no oye la respuesta, pero corta el silencio rápidamente. - ¿Cómo fue que les dijiste? ¿Embichados?
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-Si, mi papá es profesor de biología, y dice que el virus Nova se comporta como un bicho que se mete en la cabeza de las personas controlando todo tu sistema nervioso. Por eso sus movimientos torpes y falta de racionalidad.
-En el norte, allá en el Chaco, por ejemplo, llaman embichados a los que son poseídos por el diablo. O algo así tenía entendido. – El hombre se rasca la cabeza con la culata, como buscando más información en su pequeño cerebro. – Estos se mueven como títeres… ¿Por qué no los llamamos títeres?
-Supongo que embichados suena mejor. Además, los títeres están hechos para hacer reír a los nenes… no asesinarlos. – Contesta Javi con cierto tono de hartazgo. Necesita cumplir su misión cuanto antes, y con las corridas escapando de los muertos ya había perdido demasiado tiempo. Además, como cualquier otro habitante de Puerto Sur que estuviera en su lugar, quiere alejarse de ese hombre cuanto antes. Conocía los quilombos en los que Godoy había estado metido tiempo atrás, coimas, arreglos con los delincuentes, e incluso tuvo severas denuncias por parte de chicas menores que lo acusaban de seguirlas con el patrullero mientras les decía obscenidades a la luz del día. Claramente todas esas denuncias fueron tapadas por el mismo cuerpo de la policía, pero el pueblo era chico y la voz corría como el viento.
-Tu papá, el biólogo… - Godoy revolotea los ojos, burlándose- … dijo que estos muertos no razonan. Ahora ¿cómo me explicas eso de que pueden perseguirnos sin cansarse hasta dar con un pedazo de carne fresca? ¿Cómo saben que tenemos miedo y, encima, juegan con eso? ¿Acaso mantienen la memoria de cuando estaban vivos? -Godoy se dejó llevar por la necesidad de una respuesta a todo lo que estaba ocurriendo en el pueblo y no tomó un bocado de aire entre pregunta y pregunta. Se frenó y tomó sus rodillas, exhausto de la realidad que lo rodeaba. Los cigarrillos de los últimos años le estaban pasando factura.
-Digamos que son cómo animales, como hienas. A ellas no les interesa el miedo de sus presas, sólo su carne, porque son seres vivos que necesitan comer y la única manera es cazando presas vivas. Y con lo de oler el miedo… ¿Vos no eras que estabas bien protegido? – Javier había pasado un límite. Jugó con fuego sin darse cuenta y ahora las cosas podían enturbiarse con Godoy del otro lado.
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- ¿Qué dijiste, pibe? Conmigo no te pases de vivo, que de la misma manera que les metí bala a tus embichados también lo puedo hacer con vos. – El oficial sacude el arma al compás de las palabras en dirección al chico.
- Disculpe, oficial. Supuse que se lo iba a tomar en chiste. – Javi recapacitó rápidamente.
Godoy se percata de que el niño había metido la pata, tal como él lo había hecho centenares de veces cuando tenia su misma edad. Intentó calmarse y no tomarse el comentario personal. No le contestó con palabras, pero con la mirada se apiadó del joven y guardo su arma en la funda del cinturón.
-Mira, pibe. Seamos honestos. Nadie quiere estar acá paseando por los jardines de la muerte. Nos estamos acercando al centro, donde la cosa estuvo jodida de verdad. Sabias ¿no?
-Si, mi hermano estuvo ahí cuando pasó todo. Pero ya te dije, tengo que ir de todas maneras.
-Es una misión suicida. No sé qué tenés que hacer ahí. ¿Acaso está tu novia? ¿Los ahorros del banco? Hoy la plata no sirve de nada, eh…
- Tengo que ir a…
-Mira, pibe. - Godoy corta la frase de Javi - ¿Por qué no nos agarramos este auto de acá y nos vamos al campamento militar de una buena vez? Allá nos están esperando con comida y un refugio bien protegido. – Godoy observa el interior de un Fiat Uno a través de la ventanilla. El coche está estacionado en la vereda y es de los pocos que no está chocado ni tiene manchas de sangre.
- ¿Campamento militar? ¿Acá en este pueblo? - se asombra Javi con la noticia que acababa de recibir.
-Si, pibe. Trajeron unos cuantos escuadrones bien armados y se asentaron en la cancha de fútbol a la entrada del pueblo. Dicen que eligieron Puerto Sur, entre otros lugares, por la cantidad de turistas que se encontraban vacacionando en nuestra playa.
- Campamento militar… - murmura Javi mientras procesa semejante información.
- Si, pero si me dejas decirte mi teoría, para mí acá se encontraba vacacionando alguien importante, o la hija de alguien con renombre. Por eso cayeron a este pedazo de tierra en el medio de la nada… ¡Eureka! ¡Este tiene las llaves puestas! -Celebra Godoy mientras comprueba que las puertas están cerradas. Alguien las trabó desde dentro.
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- ¿Eureka? ¿Quién sigue diciendo esa palabra? -Bromea de nuevo Javi sin volver a medir las consecuencias. Por suerte para él, esta vez el oficial no le da importancia.
- Yo, pibe. No te metas con mis palabras. Para mi es mejor títeres que embichados, y no te reclamo nada. – Godoy se cubre el rostro, y con la culata del arma rompe el vidrio del lado del conductor del Fiat Uno. El estallido retumba en el silencio de la calle y a Javi lo atraviesa una sensación extraña, de qué despertaron a la bestia. Por su cabeza pasa la imagen del gran dragón Smaug despertando entre el oro, para observar al humano que tiene el tamaño de su pupila.
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