Hola, soy yo de nuevo, el del prólogo. Al fin estamos acá, en el comienzo de esta larga y apasionante historia. Digo apasionante porque para mí, que ya conozco cada recoveco de este libro, lo es, pero también está llena de muchas otras fragancias que iremos catando juntos, desde terror y escalofríos hasta amores fugaces y llantos de emoción. De ese menjunje de especias está condimentado el Nuevo Mundo.
¿Ves allá? Aquel chico delgado y de pelo revoltoso es Javier Méndez, nuestro protagonista. Él será el responsable de arrastrarnos por todas sus decisiones a través de los caminos del Nuevo Mundo. Quiero decir, y permitime desarrollar esto con vos, que si Javier Méndez se llena de barro, nosotros igual nos mancharemos; si se cae a un pozo y se tuerce el tobillo, también sentiremos un punzaso en el pie, incluso si Javier atina el martillazo en la cabeza del embichado, el líquido espeso rojo traspasará las páginas del libro y acabarás salpicado de sangre y sesos como si fueras el autor del crimen. Estamos condenados a sentir, ya sea adrenalina o sufrimiento, lo mismo que el joven Méndez, y hasta que no acabes de leer la última página de esta historia no podré otorgarte la llave que te libere de las esposas que nos mantienen unidos. Mientras tanto, condenado lector, juntos, seremos espectadores de cada escena del apocalipsis, como los que se sientan en la primera fila de la sala para no perderse ni un detalle de la peli. Y, por último, quisiera aclarar una particularidad con la que te sentirás seducido: ninguno de los personajes de esta historia podrá vernos, ni interactuar con nosotros, es decir, que seremos como fantasmas persiguiendo a los vivos -y en algunas ocasiones, a los muertos- incluso en sus momentos de mayor intimidad. Te gustó eso ¿verdad? Cuando dije que es una novela cargada de acción no me refería solo a las corridas de los vivos escapando de los muertos.
Antes de abrir la tranquera y dar comienzo, dejame tomar un sorbo de agua así limpio bien mi garganta y afino las cuerdas vocales. Ahora sí. ¿Estás listo? Veamos que está ocurriendo con nuestro protagonista. Vení, agarrame la mano y no me sueltes, que el camino a penas comenzar tiene pozos que nos castigarán a sacudones.
 
Página 2
Él es Javi. Si, ese chico que ves llorando es nuestro protagonista. Si supiera que está siendo observado por nosotros se cagaría del miedo como cualquier mortal, pero tranquilo, lector, ya te comenté que somos seres de otra dimensión para las personas del Nuevo Mundo, y no hay nada que pueda arruinar el show que tendremos a continuación. Eso sí, el chico no estaría dando su mejor versión para esto de las primeras impresiones, pero te recomiendo que le des otra oportunidad, este chico tiene unas cuántas cosas por demostrarnos que te dejarán boquiabierto.
Prometo que así será.
 Lo vemos que está arrodillado en el jardín de una casa lindera al gran pinar de Puerto Sur. Está angustiado, también aterrado, por lo que le acaba de suceder mientras yo te entretenía en el prólogo. Je. Lamento haberte hecho entrar tarde a la sala. Por suerte tengo el poder de retroceder en el tiempo y mostrarte con lujos de detalles el momento que dejó traumado a Javi. Se podría decir que soy un experto malabarista en cuanto al manejo de las líneas temporales del Nuevo Mundo. Sé cuándo ir, también cuando volver, como ahora, por ejemplo, que me reservaré a revelarte lo sucedido hace minutos con Javier.
Primero dejame contarte algo.
El chico, hasta no hace mucho, solía adentrarse en este bosque de pinos tan característico de su pueblo, con una botella de agua y una larga rama que simulaba un bastón, con el afán de sumergirse en la naturaleza, así como lo habían hecho Sam y Frodo al emprender su viaje por la Tierra Media. Pero esta vez, Javier Méndez no llegó aquí buscando aventuras, sino que se encuentra escondido, asustado hasta las patas porque su plan no había salido como esperaba. Nuestro protagonista había caído en la cruda y tenebrosa realidad de que Mordor ya no era un destino fantástico, sino la nueva cara de Puerto Sur.
Bienvenidos al Nuevo Mundo.
 
Página 3
La noche anterior, antes de dormirse, había planeado todo con lujo de detalles. Primero, se despertaría antes que los demás, a la hora del alba, tomaría la mochila, la cantimplora, y se escaparía por la ventana del dormitorio sin que nadie lo oyera. Hasta ahí, todo lo planificado lo había cumplido al pie de la letra, sin ningún inconveniente, sólo le quedaba llegar al centro de Puerto Sur evitando cruzarse algún embichado. ¡Iluso! Esa fue la primera metida de pata de Javi en el Nuevo Mundo. No tenía idea de que el virus Nova se había esparcido tan rápido en el pueblo, logrando diezmar a toda la población, incluida a la masa de turistas que estaba disfrutando de lo que quedaba del verano en la costa del pueblo, todo esto mientras él y su familia resguardaban atrincherados en su casa esperando a que la ayuda llegara.
Imaginarán la nueva realidad con la que chocó el joven al salir a la calle para comenzar con su misión.
Puerto Sur ya no era más el balneario al que todos los turistas ansiaban pasar sus vacaciones, con su hermosa playa, los frondosos bosques de pinos que lo rodean y su tranquilidad típica de pueblo. Ahora en el lugar reina el terror. Todo había cambiado de una tarde a la otra, como quien da vuelta un panqueque con la magia de su muñeca para terminar de cocinar la otra cara, y ese nuevo lado que queda al descubierto es negro y con olor a infierno.
Al doblar en la esquina y conectar con la avenida principal del pueblo, Javi presenció -atentos mis lectores-, cómo un hombre de gafas se estaba devorando la barriga de un perro y arrancaba con sus dientes los intestinos que salían del animal. El chico, atónito, había quedado petrificado ante semejante imagen, no sabía cómo reaccionar, y al cabo de unos segundos, huyó despavorido al ver que el hombre se levantaba y se acercaba hacia él bramando una especie de sonido gutural.
Él sabía a lo que se enfrentaba al escaparse de su casa, pero pensó que todo lo que había escuchado de la boca de su hermano menor eran las típicas exageraciones que fabulan los chicos. Marco no les había mentido en lo absoluto, es más, se había quedado corto con algunos detalles, y Javier no podía estar más equivocado.
Página 4
Esa vez la muerte lo perdonó, le dio una chance más a seguir vivo y así continuar con su vida, pero los embichados no son generosos, sólo que este tenía la panza llena y por ende lento caminar. El plan que había ideado minuciosamente en su cabeza la noche anterior había quedado inútil por culpa de un obstáculo no menor, el muerto de gafas, que lo obligó a una retirada hacia el barrio residencial frente al gran pinar.
Ahora, escondido en soledad, teme morir.
Había visto el terror en persona y no podía sacarse de la cabeza la imagen del embichado. Aquel hombre de gafas tenía la piel pálida y llena de moretones, hilos de baba espesa caían de su boca hasta manchar toda la camiseta roja que llevaba puesta cuando murió. Parecía rabia. Lo que brotaba de la boca del embichado era una emulsión blanca, espumosa y desagradable. ¡Y los ojos! Eso fue lo que más horrorizó al chico, aquella mirada transmitía furia. Los ojos a través del cristal estaban inyectados en sangre y, al percatarse de la presencia de Javi, las pupilas se le contrajeron como un águila que agudiza la visión para cazar a la ardilla. Parecía que estaba enojado con el joven, que tenía un problema personal, pero Javi jamás había visto a ese hombre en su vida. Seguro era un turista, o uno de los sobrevivientes de Santa Mara que buscaron refugio en el pueblo vecino cuando la ciudad quedó bajo el poder de los muertos. Ellos, los de la ciudad, fueron los responsables de trasladar el virus Nova a Puerto Sur, si es que en el Nuevo Mundo existen los culpables.
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