Se despertó empapado en sudor. Miró el reloj que marcaba las cinco y dieciocho de la mañana. El frio, que le helaba la pierna que estaba fuera de la protección de su enorme y afelpada cobija, hizo el trabajo de despertador, incluso en lo indeseado que fue. Después de meditarlo un momento se levantó. Benjamín sabía que ya no dormiría más, habían pasado cuatro horas aproximadamente desde que había…¿desde qué había qué? No lo recordaba, pero ya lo recordaría. El efecto del alcohol y las pastillas no retendrían su memoria por siempre. Hay cosas que simplemente no se olvidan.
Tomó sus zapatillas deportivas, y sin nada en su estómago, más que los restos de la fiesta de anoche, salió disparado camino abajo por calle Delly. Sus pies tomaron una aceleración impresionante, o al menos impresionante para esas condiciones: no tener más de tres horas de sueño y toda una botella de ron en el cuerpo. Sus pulmones, que le pesaban en cada respiración, fueron los culpables de lo que ocurrió: antes de que Benji pudiera evitarlo se desplomó, aterrizando todo el peso de su cuerpo en una solitaria planicie no muy lejos de su casa. Pasó unos veinte segundos inconsciente hasta que el frio de la mañana le dio en su afeitada mejilla.  ¿Afeitada? ¿Cuándo se había rasurado? Instintivamente la tocó, y como esperaba allí estaba su abundante barba. Palmeó el resto del rostro y de pronto, algo lo heló aún más que el viento de la madrugada. ¿Dónde estaba el vello de su mejilla derecha? Buscó su celular, el cual tomó por pura costumbre, sin darse cuenta que estaba apagado, descargado posiblemente. Se miró por la negra pantalla de su Blu y claramente notó la falta de vello: una línea, dos, tres y cuatro, rasuradas todas descuidadamente. Parecían como garras marcadas en su rostro. Por un momento sintió que un recuerdo lo golpeaba, pero este se esfumó rápidamente. Benji se enderezó completamente y decidió empezar su regreso a casa caminando. La caída le había ocasionado un par de cortes en una rodilla. Pasó tan exhorto en sus pensamientos que no notó la cadena con el anillo, que en su interior poseía  inscripciones élficas del señor de los anillos, que yacía justo al lado de donde hacía unos segundos había caído gracias al apagón que hizo su cuerpo ante la falta de alimento.
Página 2
Al llegar a su casa tiró, con una sorprendente fuerza, sus zapatos, ya viejos y manchados de tierra, al patio trasero, con la fe de que se lavaran solos en algún momento. Se dirigió a la cocina, un dolor leve de cabeza se empezaba a asomar, así que tomó unas aspirinas, e inmediatamente eso lo hizo pensar en Luciana. Tomó su teléfono mientras las pastillas aun bajaban por su garganta, y al accionarlo notó que este no prendía. Colocó el cargador en su lugar y luego de unos segundos la luz destelló del aparato. Marcó el número de su novia y esperó. Luego de esperar un poco más  finalmente la dulce voz de Luciana le contestó, lamentablemente era solo una grabación. No tenía mensajes de ella, ni alguna llamada, lo que era muy extraño. Desde que empezaron a salir, hacía casi dos años ya, ella siempre le dedicaba unos minutos de su mañana, justo antes de empezar el día y salir de la cama, tomaba cinco minutos para él, para decirle cuanto lo amaba y desearle un muy feliz día. Benji veía ese acto como su amuleto de la buena suerte, y vaya que tenía razón,  especialmente ese día. El no tenerlo le incómodo y disgustó de algún modo sin saber por qué. Sin embargo sonrió, porque bueno, un hombre enamorado siempre sonríe.
Un pequeño desayuno, principalmente de avena y frutas, logró darle energía para empezar el día, dejando atrás todo lo demás. Caminó hacia el baño con la idea de que una ducha caliente sería la cura para las heridas que le escocían la rodilla. Abrió la ducha, y mientras el agua fría se tornaba tibia y luego caliente, se desvistió. Era un hombre alto y flaco, pero podía jactarse de tener algo de musculo en sus huesos. Toda su juventud había sido integrante de grupos deportivos, un poco de pesas, un poco de bicicleta, nado y mucha proteína. Hacía mucho que no practicaba deporte, más que una u otra salida a correr que casi nunca, como ese día, terminaba ganándole la batalla y dejándole tendido en el suelo, por lo que ya sus músculos no eran tan prominentes como antes, pero seguían estando allí. El pelo negro caía por su rostro impidiéndole ver con toda claridad lo que le rodeaba, no que importara, sus ojos se mantenían cerrados bajo ese chorro caliente de agua y vapor. Movió su cuerpo para recibir el impacto de agua en su espalda, y unos segundos después deseo nunca haberse movido. Un dolor irrumpió el relajante baño. Sintió como si miles de hormigas picaran su espalda, y antes de poder asimilarlo, las zonas lampiñas de su mejilla empezaron a arder también. Asustado salió del baño, dejando el agua correr y el paño en el suelo. Vivía solo desde que empezó a trabajar así que no había nadie para que su desnudez sorprendiera. Corrió a su cuarto, se colocó frente al gran espejo que tanto amaba Luciana, y el horror hizo un nudo en su estómago, que se tradujo a unas ganas incontenibles de vomitar. Los aruñazos en su espalda eran profundos, la sangre seca aún se situaba al lado de cada una de esas líneas grotescas y oscuras. Benji trató de tocar una y el dolor fue peor que el agua caliente al entrar. El pecho le crecía más y más con cada respiración, dejó de mirarse en el espejo, por miedo al vómito, y solo una frase salió de su boca.
Página 3

-          ¿Qué diablos está pasando conmigo?
Nunca había tenido tantas heridas en su cuerpo. Recordó una vez que Luciana le había dejado unas pequeñas marcas cerca de sus omoplatos. Siempre tenía que recordarle que lo acariciara con cuidado. Luciana amaba las uñas largas y en punta, algo que él detestaba, pero no podía hacer nada al respecto más que solicitar cuidado. Sonrió al recordar lo que estaban haciendo el día que su novia impregnó en él esas garras de leona, sin embargo la sonrisa le hizo pensar en ella y la preocupación volvió a su cabeza. ¡Como la amaba!
Terminó de bañarse con cuidado, encontrando uno que otro moretón en su cuerpo. Tal vez había tenido alguna especie de sueño en el que ocupaba el lugar de un boxeador, o simplemente soñó algo que lo hizo defenderse, como cuando era niño.
Decidió no ponerse camisa. Pensó que era curioso que nunca sintió el dolor al correr, tal vez el alcohol en ese instante aún seguía en él. Intentó un par de veces contactar a Luciana, y cada intento directo al correo de voz. Si para la tarde no sabía nada de ella iría a verla, no por desesperado o celoso, sino por preocupación.
Tomó la ropa que se posaba en el piso de su cuarto y observó, sin detallar mucho en lo que sus ojos le mostraban, manchas y ropa completamente rasgada. < ¡Claro! Los aruñazos en mi piel> pensó mientras examinaba con mayor detenimiento. Una mancha seca y oscura yacía en la manga larga de su camisa, y muchas manchitas pequeñas, como granos de arroz, adornaban el cuello, los botones y el resto de la prenda. ¿Qué mancha era esa? ¿Alcohol, café, sopa? ¿Qué? Tocó la mancha grande en su manga izquierda y el pánico lo invadió: ¡Sangre! ¡Era sangre! ¿De quién? ¿Suya? Las heridas en su espalda tenían que ser las culpables pero… ¿cómo llegaría la sangre a los botones al cuello? El miedo que lo sobrecogía se transformó en adrenalina y a gatas empezó la búsqueda de su pantalón. Lo encontró debajo de su cama. Estaba sucio. Tierra, humedad y algo parecido a musgo lo envolvían en su totalidad. Al sostener la prensa sintió el peso que ejercía y notó en los bolsillos un bulto que sobresalía: un celular. ¡El celular de Luciana!
Página 4
Presa de la preocupación se terminó de vestir con la primera prenda a su alcance: una sudadera color vino, se colocó sus nuevas sneakers negras, aun sin estrenar, y tomó las llaves del auto, que colgaban en la puerta de la cocina. Quince minutos después, la madre de Luciana abrió la puerta.
-          ¡Hola Ben! – su cara parecía algo desubicada – ¿Está bien Ana?
-          No lo sé, por eso vengo. Dejó su celular en mi casa y aunque suene tonto me preocupé. Ella nunca dejaría el celular – dijo mientras sonreía falsamente.
-          Ben… ¿qué estás diciendo? Ana se quedó contigo anoche. Ella no llegó aquí. Me llamó y dijo que ustedes tenía que solucionar algo y que pasaría la noche allí… - la cara de la madre se puso pálida y las lágrimas buscaban salida a través de sus ojos verdes -  ¡Dime que está bien Ben!
Ben no entendía nada, no recordaba nada tampoco. Y el miedo ante eso, más el rostro de la que nunca sería su suegra, lo hicieron sudar y sentir un mareo ligero. Se sujetó de la puerta y lo único que pensó fue: ¡huye!
La voz de la madre de Luciana sonaba muy lejana. Ben ignoró todo a su alrededor y montó su carro. Arrancó sin saber hacia dónde dirigirse. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba Luciana?
El teléfono sonaba y sonaba. Benji no lo escuchaba, o mejor dicho no lo quería escuchar. En su cuarto frente a su espejo, se encontraba absorto en los pensamientos de su mente. De pronto miró a Luciana a su lado. Era una mujer hermosa pero al verla no sintió su calor, no hubo alegría, solo un frio inundó sus sentidos. No era ella. Era algo con la forma de su novia que lo miraba a través del espejo. Se voltio rápidamente y no lo sorprendió ver nada más que su cuarto vacío.
Unos cuantos oficiales arribaron en su casa. Todos se marcharon con la misma historia: Luciana había desaparecido.
Sus recuerdos venían poco a poco y supo lo que había pasado. Habían peleado. Una chicha quiso bailar con él en la disco. Luciana se molestó tanto que se marchó. ¿Él la siguió? No recordaba eso. Pero alguien la siguió. Alguien la lastimó. Las lágrimas bajan por su rostro. Y las dudas lo atormentaban. Habían peleado. Ella había peleado. ¿Con quién? ¿Ganó? ¿Perdió?
El sueño llegó de golpe. Una llamada lo despertó, desorientado tomó el celular sin mirar el nombre en la pantalla.
-          Hola
Página 5
-          Beni… ¿Por qué Beni? - ¿Beni? La única que le decía así era…
-          ¡LUCIANA! ¿Dónde estás amor? ¿Estás bien?
La voz era de ella, la reconoció de inmediato al oír pronunciar su nombre, pero luego la estática mostró un tono grotesco que emitía solamente una respiración. Luego un gritó. La llamada se cortó.
Estaba despierto. No había sido un sueño porque estaba despierto. La oscuridad de la habitación nunca le había parecido más tenebrosa, y antes de que pudiera moverse en busca de la luz sintió la mano fría que tocaba su espalda. Cada una de sus heridas respondía dolorosamente ante ese contacto.
-          ¡Yo las hice! ¡Cada una de ellas!
Sintió una nueva herida en su hombro y eso lo hizo correr. Prendió la luz y de nuevo la soledad de su habitación. La sangre sobresalía por su camisa.  El llanto brotó en su interior, más ni una lágrima bajó por su rostro.
¿Por qué pasaba eso? ¿Por qué Luciana querría lastimarlo así? Tantas preguntas que en unos segundos serian contestadas. Miró el celular de su novia ¿no se lo había dado a la policía? Estaba seguro que sí, pero ahí estaba, justo en la mesa de noche. Benji se acercó y lo tomó. Miró el teléfono prenderse y un audio resonó por la habitación.
-          ¡Estoy harto! ¿No quieres bailar conmigo ahora? ¿No soy tan guapo como ese idiota para bailar?
-          Beni pero de que estás hablando, solo salí a fumar, ya casi vuelvo.
-          ¿Volver? ¡Crees que soy tonto! ¡Crees que vas a volver! ¡NO! ¡Lárgate con él! ¿Te está esperando no? ¿Lo vas a aruñar en la cama también?
-          ¿Pero qué te pasa? ¡Es Sami Benjamín! ¿Qué quieres, que le diga que no a mi futuro cuñado? ¡No seas ridículo Beni!
-          ¡No me importa lo que hagas! ¡Te largas!
-          Son casi la una de la mañana Benjamín ¿quieres que camine a casa?
-          Las zorras caminan ¿no?
-          ¡Borracho! Eres un idiota. Me largo, pero no se te ocurra llamarme.
El audio se cortó y Benji sintió que todo le daba vueltas. Eran sus voces. Eran ellos. Y como una bofetada lo recordó todo.
Luciana caminó enfadada. El frio no era tan terrible como ella pensaba, faltaban veinte minutos para la una y quería estar en su casa. Una lágrima empezó a deslizarse por su mejilla, pero antes de poder limpiarla un golpe la tumbó al suelo.
Página 6
Una figura negra y cargada de furia golpeó una y otra vez, ella agitaba sus brazos y pies en defensa. Un puñetazo en su oído le impidió escuchar con claridad lo que la sombra gritaba. La tomó en brazos y ella se aferró a esa espalda, clavó sus uñas, y con toda su fuerza desgarró. Su atacante la tiró al suelo nuevamente. Ella gateó rápidamente hasta que una mano jaló de su pelo. Su cadena favorita cayó al suelo. Luciana se dio cuenta y dirigió una patada a aquella persona, lo que le dio tiempo suficiente para correr. Corrió y recordó su cadena. Frenó de pronto y miró atrás. Su atacante estaba tumbado en el suelo, justo al lado de su cadena. Ella corrió hacia ella. Fue estúpido y ella lo supo. Dio su vida por tratar de recuperarla. Pero se la había obsequiado él. Y ella lo amaba. El señor de los anillos fue la película que miraron durante su primer beso, cuando se hicieron novios y cuando se comprometieron. La cadena tenía un anillo, que en letras élficas tenía grabada la frase “eres mi preciosa”. Luciana tomó la cadena y al hacerlo la figura, justo en enfrente de ella, levantó una roca, y antes de arrojarla contra su cara, la luz dio en aquel rostro. Luciana escuchó por primera vez lo que decía:
-          ¡Eres MI preciosa!
Era él. Y justo antes de morir Luciana deseo nunca haber levantado esa cadera. Beni. ¡Maldito Beni!
Benjamín cayó al suelo y las lágrimas esta vez sí afloraron en su rostro. No podía ser cierto, él la amaba. Eso no había pasado. Pero la imagen de él cargando el cuerpo sin vida de su novia y arrojándola en…no lo recordaba. Otra imagen: él llegando a casa, lleno de sangre. Tenía un corte en la muñeca por alzar la piedra. Otra imagen: su rostro lleno de placer.
El miedo y la culpa lo rodearon. Nunca pensó ser capaz. No en la vida real solo en sus sueños. Pero en ellos se defendía, solo eso. No quería recordar. Quería olvidar. Pero allí, hincada junto a él estaba ella, y ella nunca lo dejaría olvidar. No ahí, no en prisión, ni siquiera allí donde está hoy: en su cuarto, el número 22 del largo pasillo del asilo mental de Delly.
 
2070

Cargando comentarios...