La ley, es un concepto que suele mezclar la subjetividad con la objetividad sobre todo cuando suele relacionarse con el concepto de justicia.
¿Por qué lo señalo? Porque cuando se apela a la justicia, la ley promulgada no siempre la involucra. Sin embargo, cuando se aplica a la civilidad, no hay más que acudir a la ley indica que procede.
Las leyes son promulgadas para controlar la relación entre los ciudadanos en todos los aspectos, con la condición de que estas sean cumplidas en toda su extensión, porque a través de este hecho, es la única manera en que una sociedad puede alcanzar la civilidad y conservarla alejada del caos y la anarquía.
El que una ley exista, no garantiza su aplicación. Las simulaciones legales, hoy más frecuentes en todas las sociedades, están llevan al extremo la impunidad. Sin embargo, el gran ideal social es mezclar con exactitud la ley y la justicia. Hacer leyes justas es la meta, pero la justicia, ha sido y seguirá siendo lo que más conviene a cada ser humano, por esto, lo más probable es que las leyes justas siempre permanezcan como un ideal que a la vez, siempre será inalcanzable.
Todas las sociedades tienen sus leyes, pero de ahí a que se apliquen hay una gran distancia. La no aplicación de las leyes es lo que impulsa el surgimiento de la impunidad, esta, la situación social más injusta, que más allá de que muestre cínicamente la aplicación selectiva de la ley, discrimina abiertamente a los ciudadanos evidenciando su desprotección total ante la autoridad tirana.
La ley es la ley y aunque esta puede ser injusta, habría que preguntarse, ¿qué es más conveniente para una sociedad, la injusticia o la anarquía? Para mí, la injusticia, porque esta, tarde o temprano, puede corregirse, las soluciones anárquicas nunca tendrán reparación. Esa premisa real, pero estúpida, de lo que no está prohibido está permitido, sólo puede llevar al caos social.
La ley no garantizará nunca la justicia, es una verdad ineludible, pero una sociedad sin ley, está condenada a una lucha sin cuartel permanente donde sólo los poderosos saldrán avantes, ¿qué puede ser más injusto?
Para terminar la ley no es perfecta y seguramente nunca lo será, pero hoy es el único medio de control para no permitir que el salvajismo social nos atrape.
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