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Informe

Juan Carlos Maldonado García@jc_maldonado
3 sept 2026·3 min de lectura

Cuando informas pones al tanto de una situación.

El objetivo es crear una base para decidir si se continúa haciendo lo que se hace o se modifica la ruta para llegar a una meta, previamente establecida, pero si el supuesto informe sólo se centra en una relación de “buenas noticias” y no se menciona lo que no está funcionando, el informa es una pérdida de tiempo, un ejercicio de engaño que sólo beneficiará a los promotores de este ejercicio para mantener fuera de la realidad a los informados.

Hoy en día se apuesta al engaño, porque este satisface a las sociedades, difundiendo lo que estas quieren oír, si es verdad o una gran mentira, no es lo importante, lo que importa al soberano es la paz mental de sus gobernados al saber que todo funciona como se prometió y si no fuera así, ya se está atendiendo la desviación.

Esta manera de gobernar y controlar sociedades es la práctica oficial en todos los regímenes, pero ya no sólo en las dictaduras, ahora también en las como las democracias. La finalidad es controlar, ya no convencer, porque el convencimiento requiere pruebas y el control, sólo cifras para reforzar lo que afirme el soberano y se convierta en una verdad absoluta. Si osaran cuestionarlo, sería una traición por ir contra de lo que está beneficiando a los pueblos.

¿Funciona esta práctica? Mejor que nunca. La desesperación de los más pobres ha alcanzado niveles donde lo que se prometa, aunque nunca se garantice, será bienvenido, pero si, además, esta promesa incluye circulante, será abrazada y al mismo entregará una lealtad eterna al régimen.

Parece una exageración, no lo es. La condición de no tener, no la posibilidad de conseguir, transforma la mente. No se piensa, no se razona, no se analiza con hambre y menos si esta, ya ha llegado a tu familia. Bajo estas circunstancias tu disposición de aceptación es infinita.

La condición la aprovechan los regímenes totalitarios con mucho éxito.

No puede haber nadie más fiel que un ente desesperado al que tranquilices satisfaciendo las causas de su desesperación, aunque sea de manera parcial. Bajo estas circunstancias, ninguna oposición puede parar la acción de comprar voluntades, porque no tiene los recursos y a la retórica, por lógica y congruente que sea, no funcionan con los desesperados.

La esperanza de los opositores se reduce a que los recursos se agoten, pero esta ser eterna.

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Con las voluntades de los desesperados, siempre mayoría, a sus pies, surge la omnipotencia de los totalitarios que les otorga la gracia de informar lo que les venga en gana. Si lo creen o no, es lo de menos, la meta es promover que todo está bien y mejorando, porque, además, los que se oponen, no pueden probar lo contrario, sólo pueden criticar lo informado.

Así las cosas.     

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© CC BY-NC-ND 4.0 — Solo lectura
Publicado en Textale · Obra registrada bajo licencia de autor
#engano#propaganda#politica#gobierno

Escrito porJuan Carlos Maldonado GarcíaSoy mercadólogo del siglo XX y amo escribir y leer literatura hispanoamericana
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