La abundancia del aire que está en el ambiente me asusta, porque la respiración me falta —algunas veces— en las noches. Estoy conmigo mismo y no sé en dónde ando. Mi existencia se siente en un solar vacío.

Siempre esperé eso que duele y eso que alegra, es que el dolor nos avisa que estamos vivos y la alegría nos levanta para sostener la próxima herida. Y así estamos, con estos dos esfuerzos opuestos de tensión y reposo que nos mantienen con el pie en el piso para no pensar que somos inmortales.

Nunca me decepcioné por lo que hice, aunque para algunos fueron errores; más bien me quedaré decepcionado por los trazos que no dibujaré como arquitecto y por los versos que no escribiré, ni siquiera en una servilleta. Pues lo que es vacío, es nada, solo un fantasma que quiere que lo vean, pero no lo ven. Pero no estoy triste, pues espero que lo poco o mucho que deje en este pasar del tiempo, no decepcione a los míos; los otros que no conozco, no me interesan.

Siempre aprendí más viviendo, pues el conocimiento en los libros no tiene ese pulso real de la materia viva que hace que el cuerpo tiemble de tristeza. Siempre me tomé el tiempo que necesité, pues mi fin es no dejar nada incompleto. Creo que lo he logrado, pues he aprendido que mis días nunca se han ido, sino que aprendí a habitarlos como el artesano que no desprecia la luz del sol, ni la luz de la luna.

Cuando tengo que dormir, duermo... cuando tengo que desvelarme, me desvelo si es que aparece la inspiración para un trazo arquitectónico o un verso para una canción. Ahora solo espero que la vida me regale el tiempo que me tenga que regalar para seguir, de pasito a pasito, siendo un artesano que duerme y se desvela.

Había pensado que esta prosa la he estado escribiendo a ciegas, solo porque la inspiración llegó. Pero, me he dado cuenta de que mi subconsciente ya se inspiró en ti. Pues no soy un procesador de algoritmos ni una computadora de lenguaje: soy el impulso vivo, tengo heridas, y necesito tu sombra antes de que empiece la mañana, antes de que empiece el ruido cotidiano.

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Ayer, cuando íbamos caminando, me puse a pensar que las sombras no siempre son oscuras ni el presagio de la noche. Es que vi tu silueta reflejada sobre la banqueta y, no sé por qué, pero por la sombra que proyectaba tu oasis me sentí muy seguro... a pesar de que en las noches —algunas veces— me falta la respiración...

https://www.youtube.com/watch?v=_nG5bXb-VR0

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