Tú sabes quién es Mario Benedetti, pues muchas veces te he puesto esa canción con sus versos que dice «somos mucho más que dos». Me imagino que él no solo conquistó a sus mujeres con su poesía, sino que también les regaló flores. Pero no te quejes, mujer, de que no te regalo flores, pues yo sí te he escrito varios versos, aunque no tengan la calidad de Benedetti.

Lo que nunca recibirás de mi parte son flores. Aunque no me creas la historia, cuando todos los escuincles se saboreaban los cubitos de hielo que servían para que el alma de mi abuelo no desprendiera olores de muerto, yo me traumé al ver alrededor de su féretro tantas flores amarillas. Desde ese momento, para mí son la insignia de la muerte —a pesar de que le gustaban tanto a García Márquez—, así que cuando compro flores es únicamente para los sepelios.

Creo que soy como mi padre: muy callado. O quizás sea por otro trauma: mi fealdad. Con ella se me olvidaron las palabras. O tal vez, si no le echo la culpa a mi cara no agraciada, se la pueda echar a mis padres, pues entre ellos hablaban lo mínimo necesario, al igual que con nosotros, sus hijos. Pero, en realidad, si lo pienso bien, no los puedo culpar. Mi papá se la pasaba todas las noches tocando la trompeta donde hubiera trabajo, ya fuera un prostíbulo o un restaurante; y mientras él dormía de día, nosotros teníamos que salir a la calle a jugar para no hacer ruido, mientras mi madre se la pasaba cocinando o lavando una montaña de ropa sucia.

Yo creo que por eso no recuerdo que me hayan dado un abrazo... ese mismo abrazo que tú extrañas de mi parte, aunque no te has dado cuenta de que intento ser como Benedetti... lo digo por el verso libre que siempre te ando escribiendo.

https://www.youtube.com/watch?v=hIFId2ybxmg

150

Cargando comentarios...