De vez en cuando me sumerjo en la estadística de los múltiples desamores que enfrentamos en nuestras vidas; simpatizo al igual que muchos. Y sin mucho reproche, canto de manera desenfrenada cada frase, cada nota de alguna canción donde muchos transmiten su “tusa”. Hace mucho había decidido mantener esa inocencia de nuestro amor; no me arrepentí de nada y seguí mi rumbo afrontando las cosas. He sido testigo de que eres un amante del “amor”. Días como hoy siento indiferencia ante tus nuevos acompañantes; lo admito, me encanta verte feliz, pero quisiera interpretar de manera distinta tus acciones. Siempre tuve la leve esperanza de volver en algún momento; luego comprendí el concepto de ser mi propia amante; estar sola se había vuelto brillante. Mi agenda estaba ocupada; cuando me sentía sola, acudía a relacionarme con diversos amigos y de vez en cuando sentía la emoción de un amor imposible a través de cuentos y novelas. Cuando volviste a formular un futuro juntos, no podía responder inmediatamente, no por no tener sentimientos de por medio, sino porque no anhelo un espacio en el que solo yo sea consciente. Me cuestioné mucho tus razones y di mi opinión más sincera: me negué con mis sentimientos afligidos y con un sinfín de preguntas de tu parte. Luego mi vida empezó a mostrarme la realidad; fui consciente del dolor que pasé, no por un desamor, sino por cuestionarme sobre mis virtudes. Todo lo que pasé en esos últimos años quería hacerse presente; reprimir todo me estaba cobrando y yo no tenía cómo saldar esas deudas. Tu acompañamiento lo atesoré con toda mi alma y mis valores; te quedaste en mis peores momentos y las comisuras de mis labios se elevaban en donde días o meses atrás llorar era mi “meta cada mañana”. El acercamiento que tuvimos me llenó de ilusiones; prometimos vernos cuando regresara a mi país. Si bien no era con sonrisas, creía que las respuestas en mi ser estaban siendo respondidas con el tiempo.

Página 2

¿Te acuerdas de esta frase: “No podemos estar, necesitas estar bien y buscar ayuda primero”? Yo no te estaba pidiendo que me ayudaras, o por lo menos no quería que fueras la fuente de mi felicidad; solo quería saber tu impresión ante mí, qué podíamos hacer ante todo eso de lo que me prometiste y llenaste de ilusiones. Quería aferrarme a la idea de que era más que un querer; no mendigaba cariño, tampoco quería que tú lo hicieras. Te comprendo; tratar con alguien en un mal momento de su vida puede confundir tu perspectiva de mí.

Tus respuestas fueron tan paradójicas con la realidad que empezaste a vivir tan solo dos semanas después. Al comienzo, todos pensaron que ese nuevo acompañante era un reemplazo; todos creían que fui yo quien decidió dejar sus sentimientos y metas a futuro. Sabían mi crudo carácter y disciplina, pero no pensaron un poco en la pasión que vivía junto a lo que amo. Contigo siempre fui alguien muy blando; lo sigo siendo. No te puedo culpar cuando conozco cuáles eran tus deseos. Mi futuro no podía ser parte de ellos.

Hoy sé que ambos sabemos qué puede pasar; somos muy listos. Tengo curiosidad, ¿qué percibes de mí ahora que bailo con gran confianza o canto con locura? He sanado, y soy capaz de verte feliz junto a tu nuevo acompañante. Somos felices a nuestros modos, ¿o seguimos engañándonos con otras alternativas?

40

Cargando comentarios...