CARTA 1
Suelo escribir con la presión de un bolígrafo o un lápiz, creyendo que de esta manera mi caligrafía puede transmitir todos mis “pecados”. Con estas pequeñas ideas que en su momento me abrumaron, comencé a escribir para mí. Al retomar pensamientos anteriores, que aún me resulta difícil afrontar, me distraigo con cualquier cosa pero me concentro en los momentos adecuados. Por razones evidentes, el sentimiento se renueva y me vuelvo más técnica cuando no es una emoción pura. Después, me frustra el cambio abrupto, como a muchos de nosotros; no quiero defraudarme a mí misma, ya no me importa lo que piensen los demás. Suelo decir que me importa la mitad del mundo, esa mitad en la que concentro mi pasión humana hacia los otros; la otra mitad es lo que podría llamarse corrupción del entorno, las influencias de otros que no deseo incorporar a mi ser ni ceder de mi esencia. Siempre he anhelado dejar algo de mí que sea valioso, contribuir de alguna manera, pero al final, nadie recordará mi esencia, solo la “sustancia teórica” que pueda ofrecer en este momento. A partir de esto, reconsideré la idea de un estudio mayormente memorístico y empecé a cuestionar mucho más sobre lo que era capaz de reconocer de mi vida; el resultado fue caótico. Qué gran contraste existe entre desperdiciar horas sin rumbo y malgastar ese tiempo en placeres cotidianos. ¿Realmente somos tan estáticos? Es evidente que algo permanece, pero ¿cuánto debemos condicionarnos? No me agradan las teorías superficiales ni las conexiones simplistas; los pensamientos de miles de personas hoy en día suelen restringirse a influencias o patrones carentes de profundidad, lo que me lleva a cuestionar cuánta libertad tenemos para idealizar y razonar. ¿Es esto una complicación provocada por el uso de redes sociales? ¿Placeres fáciles de obtener? ¿Vivir la vida de manera superficial? ¿O es que el ser humano ha comenzado a llenar la vida de razones y significados? Nos limitamos tanto. La filosofía siempre me lleva a cuestionar de manera constante; nunca tengo respuestas definitivas, y me esfuerzo por evitar caer en un cliché trágico o existencialista que las circunstancias cotidianas nos imponen.



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