La piedra y la máquina del tiempo La ciencia crea a partir de los pensamientos ridículos Autor: Óscar Alberto Schenone Tipo de obra: Relato corto – Obra literaria Año de creación: 2026 País: Argentina – Ciudad Autónoma de Buenos Aires © 2026 Óscar Alberto Schenone. Todos los derechos reservados. Obra depositada en custodia ante la Dirección Nacional del Derecho de Autor (DNDA). Expediente Electrónico N.º EX-2026-05938428-APN-DNDA#MJ. Trámite: Depósito de obra inédita – No musical.
Año 1492
Después de meses de navegación, finalmente divisaron tierra. Habían llegado a un lugar desconocido para ellos y, después de desembarcar, sabían que todavía les esperaba el regreso para llevar la noticia al rey.
Mientras se preparaban para regresar, varios tripulantes conversaban sobre cómo el ser humano había aprendido, con el paso del tiempo, a vencer las dificultades del viaje.
Uno de ellos miró las velas y dijo:
—Pensar que antes nuestros antepasados tenían que mover las embarcaciones con remos. Hoy tenemos las velas y dejamos que el viento haga el trabajo. ¿Creen que algún día podremos inventar algo que nos permita avanzar sin depender del viento?
Otro respondió:
—Seguro que sí. Antes fueron los remos, ahora son las velas. El ser humano siempre está evolucionando. No sé qué será ni cómo funcionará, pero algún día encontraremos una manera de avanzar todavía más rápido.
Los demás asintieron. Aquello parecía perfectamente razonable.
Entonces, el tripulante que había permanecido en silencio tomó una pequeña piedra que tenía en la mano y preguntó:
—Si algún día podemos inventar algo así... ¿creen que también podremos llegar a un punto en el que ni siquiera necesitemos viajar? ¿Que podamos tomar una piedra como esta, hablarle al rey y decirle directamente: “Majestad, hemos llegado”?
Hubo unos segundos de silencio.
Después, comenzaron las risas.
—Está bien imaginar nuevos inventos —dijo uno de ellos—, pero eso ya es demasiado. ¿Hablar con el rey a través de una piedra? Eso es una locura.
El hombre no respondió.
Miró cómo los demás se carcajeaban. Guardó lentamente la piedra en el bolsillo y volvió la mirada hacia el horizonte del mar.
Pasaron los siglos.
Las velas fueron reemplazadas por nuevas formas de desplazamiento. Los viajes que alguna vez habían llevado meses comenzaron a hacerse cada vez más rápidos.
Y aquella pequeña piedra, que alguna vez había provocado risas, terminó convirtiéndose en algo que hoy llevamos en nuestras propias manos.
Hoy la llamamos teléfono celular.
Con ella vemos rostros de personas que están lejos, hablamos con ellas y enviamos mensajes en cuestión de segundos.
Y entonces surge una nueva pregunta:
Si en 1492 parecía imposible hablar con alguien a través de una piedra...
Si durante siglos pareció imposible volar, viajar al espacio o comunicarse a distancia...
¿Por qué estamos tan seguros de que alguna vez será imposible viajar a través del tiempo?
La historia demuestra algo claro:
El ser humano no avanza porque cree en lo posible. Avanza porque se atreve a imaginar lo imposible.
Y quizás, en el futuro, alguien lea este relato y se ría… como aquellos navegantes se rieron del tripulante de la piedra.





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