LA NATURALEZA, UN REFLEJO DEL AMOR DE DIOS
Dios es amor, es poderoso, bueno y es perfección, y en una de las tantas cosas en que podemos ver su reflejo es en la naturaleza, está llena de belleza y no sólo nos muestra Su carácter y Su lado creativo, sino también cómo Dios cuida de su creación y se preocupa por suplir las necesidades de todos los seres que habitan la tierra. “Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos; van entre los montes; dan de beber a todas las bestias del campo; mitigan su sed los asnos monteses. A sus orillas habitan las aves de los cielos; cantan entre las ramas. El riega los montes desde sus aposentos; del fruto de sus obras se sacia la tierra. El hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra, y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre” Salmos 104:10-15. ¡Dios todo lo hizo bien!
En la naturaleza observamos la perfección de nuestro Creador en todo su esplendor, sólo piensa cómo de una pequeña semilla brota una planta que puede darnos frutos, a su vez estos aportan los nutrientes y vitaminas necesarias para nuestro organismo, y sirven de alimento a los animales. Podemos observar toda variedad de hermosas flores con diversos colores y fragancias, los árboles nos brindan su sombra y limpian el aire devolviendo oxígeno a la atmósfera.
Cada vez que estemos rodeados de naturaleza, recordemos que donde quiera que miremos encontraremos la presencia de Dios, en la calidez del sol, la magnificencia del cielo, la imponencia de las montañas, en el fluir del agua y la frescura de la lluvia, en el cielo lleno de estrellas y en la luna que guía nuestro caminar al anochecer, en todo esto Dios nos dice que está cerca de nosotros y cuanto nos ama.
De la naturaleza también podemos aprender; cada árbol pasa por diversas etapas, podemos ver las hojas verdes y frondosas que brotan de sus ramas, las cuales después van cambiando de color, hasta un punto dónde caen, sin embargo vuelven a renacer y se repite el mismo ciclo. Así mismo debemos ser nosotros, ser como las ramas de los arboles aferradas al tronco y por más que caigan nuestras hojas y los problemas nos hagan tropezar, nos levantemos y renazcamos nuevamente, cada vez con más fuerza. Ese tronco representa a Dios en nuestra vida.
Si pones una semilla en algún lugar que no sea tierra, siempre será una semilla, pero una vez la plantamos sobre un suelo fértil y regamos con agua brota de ella vida. Al plantar la semilla tenemos la fe de que crecerá y se convertirá en una planta, “es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” Hebreos 11:1. También podemos aprender de este hermoso ejemplo de la naturaleza, que somos semillas que Dios ha plantado en este mundo con el fin de dar buenos frutos, debemos florecer y crecer en su palabra.
Escuche una vez un hermoso ejemplo sobre una bellota, cuando está enterrada en el suelo, se desprende su cascarón y se convierte en un hermoso árbol. Este fruto se ha ido y en su lugar hay un árbol completamente nuevo. De un fruto pequeño, sale un vigoroso y esbelto árbol como el roble. De esto podemos aprender algo maravilloso, ya que es importante desprendernos de lo malo, de todo aquello que nos ata al pecado y nos aleja del señor. Estos árboles necesitan años para que alcancen su madurez y mientras más crecen mejor sombra ofrecen. Dios quiere que confiemos plenamente en Él, que demos fruto y este llegue a ser cómo un roble, que seamos mejores y crezcamos espiritualmente para ayudar y cobijar a otros, para ser sombra y llenarnos de su fortaleza.
A veces nos desconectamos de la naturaleza por diversas razones, cómo el afán en nuestro día a día debido a nuestras obligaciones, nuestras agendas ocupadas, la tecnología y los entornos urbanos. Un día lluvioso, caluroso o frio se han convertido en algo molesto y en excusa para salir de nuestro entorno, hemos perdido la sensibilidad frente a la inigualable belleza de un amanecer y un atardecer, simplemente se han convertido en monotonía.
La naturaleza es un poema lleno de vida, de amor y enseñanzas creado por Dios, en ella hay tantos aprendizajes que podemos aplicar en nuestro día a día, “Dios hizo todo hermoso en su momento” Eclesiastés 3:11, dediquemos tiempo para ver la belleza en las cosas simples, en todo lo que El Señor hizo para cada uno de nosotros con tanto amor, ella cuenta lo hermoso que es nuestro Padre Celestial.
Disfrutemos de los regalos que nos envía El Señor en forma de lluvia para refrescar la tierra, en los rayos de sol que nos cobijan con su calor, en disfrutar de la brisa que despeina nuestro cabello y acaricia nuestro rostro, solo Dios pudo haber hecho la hermosura de un arcoíris con su forma perfecta y maravillosos colores, observemos un gran paisaje y sus verdes praderas y la belleza de una noche llena de estrellas; la naturaleza nos brinda un sin número de experiencias sensoriales y una paz profunda que nos conecta con nuestro creador.



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