Siguiendo los pasos de Jesús: Ayuno, oración y caridad
El ayuno bíblico, es abstenernos de alimentos o algo que nos gusta por un tiempo determinado, con el propósito de quitar nuestro enfoque en las cosas del mundo y ponerlo en Dios; a lo largo de la biblia, podemos observar que desde el antiguo testamento se ha ayunado, usualmente el pueblo de Dios lo hizo en tiempos de aflicción, cómo es el caso de Nehemías, quien ayunó cuando escuchó del estado de la ciudad de Israel (Nehemías 1:4), Daniel ayunó parcialmente con frutas y verduras por veintiún días, confesando a Dios los pecados de su pueblo (Daniel 9:3-5), Jesús también demostró la importancia del ayuno, cuándo es llevado por el espíritu al desierto y ayunó allí por cuarenta días antes de empezar su ministerio, esto nos demuestra la importancia de ayunar antes de tomar una decisión muy importante en nuestras vidas.
El ayuno siempre debe ir acompañado de oración, es un tiempo dónde meditamos en la palabra de Dios, y es una parte clave en nuestra relación con El Señor, ya que fortalece nuestra fe y nos acerca mucho más a Él. Todos deberíamos ayunar en algún momento de nuestras vidas, especialmente si necesitamos que Dios perfeccione nuestro carácter y nos ayude a vencer nuestras tentaciones, ya que es la mejor forma de menguar en los deseos de la carne, también para crecer en espíritu y así poder ser utilizados como herramientas de Dios. El ayuno también nos hace más sensibles y receptivos a la voz de nuestro Padre Celestial; Jesús tenía el ayuno cómo practica en su vida, así que debemos seguir sus pasos, Él nunca pidió algo que no haya hecho primero y eso precisamente es lo que hace un líder, da ejemplo.
El propósito de nuestro ayuno no debe ser el de impresionar a los demás (Mateo 6:16-18), ni que nuestra motivación al hacerlo sea sólo para que Dios supla nuestras necesidades, sino humillarnos ante Él, arrepentirnos y entender que por encima de lo que Dios pueda hacer por nosotros, lo necesitamos (Joel 2:12).
Este tiempo es de oración, ayuno y caridad, Jesús nos enseña a ser benévolos con el prójimo, y nos ha dado por mandato, que nos amemos los unos a los otros, cómo Él nos ama (Juan 13:34). No es solamente dar, sino hacerlo con todo nuestro corazón, no con la intención de que otros nos vean, sino pensar en que las necesidades físicas y espirituales de los demás, son igual de importantes a las nuestras (Isaías 58:6-10).
“El que no vive para servir, no sirve para vivir” -Madre Teresa de Calcuta.





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