Hermoso viaje cultural (1)
Estar en casa es mi actividad favorita, pero muy de vez en cuando ocurre la necesidad de salir y ya sea para ir por el pan o a conseguir más comida para el gato, un día u otro se dará la necesidad de caminar por las calles de la ciudad y cuando eso ocurre también ocurre que una masa de gente decide salir justo el mismo día e ir al mismo lugar, estoy bastante seguro que lo hacen de manera premeditada con el fin de joderme la excursión, un ejemplo:
Justamente durante el transcurso de esta semana ocurrió la mezcla exacta de eventos que desencadenaron en un inevitable viaje a través de la ciudad, para ser más exacto al sur, algunos afirman (Y yo concuerdo) que lo mejor siempre es el camino y el mío seria realizado a bordo del transporte público, pero desde incluso antes de subir al auto la aventura ya era por lo menos interesante.
Me tocaba formarme en una fila considerable y justo frente a mí a digamos 50 centímetros un par de adorables señoras ocupaban su lugar muy alegremente y mientras esperábamos, el encantador par de viejas se enfrasco en una enriquecedora critica a todo lo que puede existir en este mundo, también las escuche lloriquear de un par de cosas que ya no existen o de plano otras que nunca existieron y que si la señora de la tienda es una puta desgraciada con aires de grandeza que piensa que cualquiera es inferior a ella y que si las papas están estúpidamente caras al punto que sale más barato pagar por sexo o que todos los conductores del camión son unos cerdos pervertidos que aprovechan cada oportunidad para descargar todo su libido en forma de miradas lascivas hacia su perfectamente conservado y bien formado cuerpo y un sinfín de tópicos interesantísimos más.
De las 2, una era la líder y la que llevaba el rumbo de la plática, marcando cada frase al ritmo de una grosería, la otra no era más que su sombra y cada cosa que la primera decía la otra repetía de manera religiosa, “Si mana, si, si cierto, ¡Claro que me encantaría pagar su pasaje!, es más tome mi cartera, llévese todo mi dinero y si quiere también mi ropa o la poca dignidad que me queda. Oh todopoderosa dueña de mi vida, protagonista de mis sueños, voz de mis deseos ¿Ya le dije lo hermosa que se ve bajo la tenue luz de la luna?”
Cuando al fin subimos al camión tuve la suerte y la dicha de poder sentarme justo detrás de ellas para seguir deleitándome con sus anécdotas llenas de sabiduría y verdad.
-Esa pinche vieja se cree la verga, siempre que voy a la Conasupo se la pasa empujando a todas para recoger su leche rápido e irse a acostar de nuevo con el pedazo de mierda que tiene como esposo, el desgraciado trabaja vendiendo fruta en el mercado y gana un chingo, la estúpida cree que le es fiel cuando todos saben que si nos pusiéramos a contarle a las amantes no acabamos nunca.
-No sé, a mis hijas no les gusta le leche, nunca les ha gustado.
Como se nota que no conoce a sus hijas señora, si supiera lo que se dice de ellas.
Justamente durante el transcurso de esta semana ocurrió la mezcla exacta de eventos que desencadenaron en un inevitable viaje a través de la ciudad, para ser más exacto al sur, algunos afirman (Y yo concuerdo) que lo mejor siempre es el camino y el mío seria realizado a bordo del transporte público, pero desde incluso antes de subir al auto la aventura ya era por lo menos interesante.
Me tocaba formarme en una fila considerable y justo frente a mí a digamos 50 centímetros un par de adorables señoras ocupaban su lugar muy alegremente y mientras esperábamos, el encantador par de viejas se enfrasco en una enriquecedora critica a todo lo que puede existir en este mundo, también las escuche lloriquear de un par de cosas que ya no existen o de plano otras que nunca existieron y que si la señora de la tienda es una puta desgraciada con aires de grandeza que piensa que cualquiera es inferior a ella y que si las papas están estúpidamente caras al punto que sale más barato pagar por sexo o que todos los conductores del camión son unos cerdos pervertidos que aprovechan cada oportunidad para descargar todo su libido en forma de miradas lascivas hacia su perfectamente conservado y bien formado cuerpo y un sinfín de tópicos interesantísimos más.
De las 2, una era la líder y la que llevaba el rumbo de la plática, marcando cada frase al ritmo de una grosería, la otra no era más que su sombra y cada cosa que la primera decía la otra repetía de manera religiosa, “Si mana, si, si cierto, ¡Claro que me encantaría pagar su pasaje!, es más tome mi cartera, llévese todo mi dinero y si quiere también mi ropa o la poca dignidad que me queda. Oh todopoderosa dueña de mi vida, protagonista de mis sueños, voz de mis deseos ¿Ya le dije lo hermosa que se ve bajo la tenue luz de la luna?”
Cuando al fin subimos al camión tuve la suerte y la dicha de poder sentarme justo detrás de ellas para seguir deleitándome con sus anécdotas llenas de sabiduría y verdad.
-Esa pinche vieja se cree la verga, siempre que voy a la Conasupo se la pasa empujando a todas para recoger su leche rápido e irse a acostar de nuevo con el pedazo de mierda que tiene como esposo, el desgraciado trabaja vendiendo fruta en el mercado y gana un chingo, la estúpida cree que le es fiel cuando todos saben que si nos pusiéramos a contarle a las amantes no acabamos nunca.
-No sé, a mis hijas no les gusta le leche, nunca les ha gustado.
Como se nota que no conoce a sus hijas señora, si supiera lo que se dice de ellas.
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