Esteffanya
Triste historia es la de nosotros, poetas.
Pues conocemos todos los secretos que rondan la vida y la muerte.
Estamos destinados a sufrir sin consecuencias
El único pecado que hemos de pagar
Es el pensamiento.
La oscuridad nos bautizó como sus propios hijos
Ha llamado al sol y vistió la luna plateada.
Le cantamos al ruiseñor
Lloramos para no sentirnos mediocres.
Nuestros hermanos y hermanas ya no quieren oírnos clamar,
Si me preguntas ¿Quieres morir acaso? He de contestar mintiendo antes: jamás me veras claudicar al amanecer.
Más en mis adentros, es lo opuesto. La sangre corre a través de mi corazón atormentado. El ritmo se acelera, las pulsaciones se paralizan. Anhelo ir, allá, donde mis mejores amigas están.
Como nos abandonaste, musa.
Como me dejaste partir.
¿No eras feliz conmigo? ¿Me hiciste amarte por nada?
Es un placer culpable, lo reconozco.
Imaginar es un gusto que ningún otro entenderá.
Más la mente, pájaro somnoliento sollozo al recibir una caricia,
¿No he de acompañarlo también?
Ya han fallecido mis reinas y al sonar aquel clarín las princesas iban a acompañarlas.
Apenas se percibe un vestigio de lo que solíamos ser,
Perfectamente diosas, señoras y hermanas.
Como soporta un alma herida
Cuantos tormentos calla.
Más han de bautizarla loca y cobarde
Para evitarse la repugnante vergüenza.
Ella murió, no por su escrutinio
Pago con carne, la adenda que otros no quisieron salvarguar.
Guarda silencio Estefanía, no se te ocurra hablar,
Ninguno de nosotros te quiere ya escuchar.
Escóndete niña mía,
Corre y corre no mires atrás.
Al girar tu barcaza que flota aun irrompible
En azules vertientes
¿No soñaste marcharte junto a ellas?
Has de sufrir
Has de penar
Cuantos años
Tantos meses
Tantas miserias.
Ahoga tus impíos arrebatos
Tu mente no debe fantasear
Si temes, cierra tu puerta
No digas, no discutas
¿Quién de nosotros te escuchara?
Alza tus lirios blancos. Ofrécelos al mar,
Sumérgete en sus empantanadas aguas
Déjanos vivir en absoluta libertad.
Pues conocemos todos los secretos que rondan la vida y la muerte.
Estamos destinados a sufrir sin consecuencias
El único pecado que hemos de pagar
Es el pensamiento.
La oscuridad nos bautizó como sus propios hijos
Ha llamado al sol y vistió la luna plateada.
Le cantamos al ruiseñor
Lloramos para no sentirnos mediocres.
Nuestros hermanos y hermanas ya no quieren oírnos clamar,
Si me preguntas ¿Quieres morir acaso? He de contestar mintiendo antes: jamás me veras claudicar al amanecer.
Más en mis adentros, es lo opuesto. La sangre corre a través de mi corazón atormentado. El ritmo se acelera, las pulsaciones se paralizan. Anhelo ir, allá, donde mis mejores amigas están.
Como nos abandonaste, musa.
Como me dejaste partir.
¿No eras feliz conmigo? ¿Me hiciste amarte por nada?
Es un placer culpable, lo reconozco.
Imaginar es un gusto que ningún otro entenderá.
Más la mente, pájaro somnoliento sollozo al recibir una caricia,
¿No he de acompañarlo también?
Ya han fallecido mis reinas y al sonar aquel clarín las princesas iban a acompañarlas.
Apenas se percibe un vestigio de lo que solíamos ser,
Perfectamente diosas, señoras y hermanas.
Como soporta un alma herida
Cuantos tormentos calla.
Más han de bautizarla loca y cobarde
Para evitarse la repugnante vergüenza.
Ella murió, no por su escrutinio
Pago con carne, la adenda que otros no quisieron salvarguar.
Guarda silencio Estefanía, no se te ocurra hablar,
Ninguno de nosotros te quiere ya escuchar.
Escóndete niña mía,
Corre y corre no mires atrás.
Al girar tu barcaza que flota aun irrompible
En azules vertientes
¿No soñaste marcharte junto a ellas?
Has de sufrir
Has de penar
Cuantos años
Tantos meses
Tantas miserias.
Ahoga tus impíos arrebatos
Tu mente no debe fantasear
Si temes, cierra tu puerta
No digas, no discutas
¿Quién de nosotros te escuchara?
Alza tus lirios blancos. Ofrécelos al mar,
Sumérgete en sus empantanadas aguas
Déjanos vivir en absoluta libertad.
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