He allí: El verbo viejo. Un Octogenario repleto de lepra, curtiéndole la mente.
He allí: Un niño sin padres. Apartado del mundo, penando y en vano, intentando, no romperse en sollozos.
He allí: Al adolescente. Esta desecho, las sombras no dan tregua, sus manos constantemente se resfriegan de añiles cardumenes y la vida, se le tuerce.
He allí: Un fantasma. La suciedad es su cuchitril más seductor, no le espavienta los zorsales, pero tajonando su pecho, el alimento se hace imperecedero.
He allí: La cara negra de la sociedad militar. Toda su vida es un engaño, la habitación: su cárcel, su corazón: el supremo Juez de semejante desventura.
He allí: A mi hermano. Su existencia fue parangonada en conflicto entre nosotros mismos, lo único intangible es sin duda, la humildad y la resistencia vencida.
¿Qué mayor regalo es el augusto, si no vislumbra como pústula, el secreto de los embriones en aquellos ingratos? Decantadas sonrisas: Todo posee una magna prevalencia.
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