A qué te dedicas tú?

Me preguntó ella.

Y aquí me tiene todavía respondiéndole.

No quise decirle que escribía

más de noche que de día.

No quise contarle que vivo entre la poesía,

la mala poesía, a la que muchos ojos rehúsan leer.

Si le contesto que me llaman poeta, podría pensar ella: una pseudoartista con la vida no resuelta.

Si le contesto que sueño con vivir solo de las letras, ¿podría pensar: "¿De qué me habla esta treintañera?"?

Pensará que soy una ilusa, una fracasada, que necesito terapia y buscarme un trabajo más formal.

No quiero vivir esclavizada, cumpliendo tediosas jornadas.

Pero sé que debo volver al ruedo,

que debo volver a la rutina, empezar nuevamente de cero.

Ojalá pudiese vivir en un poema.

Y no en esta realidad que me parece más una triste novela.

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