Entre el amor y la disciplina
Mi padre siempre decía:
“Si hubiera escuelas para aprender a ser padres…”, “si hubiera libros que enseñaran como actuar frente a los hijos, y solucionar ese problema específico…”
Hay veces, circunstancias, momentos en los que perdemos la brújula, perdemos el norte, perdemos la paciencia y nos tornamos energúmenos de nuestros propios conflictos, de nuestras propias incapacidades y, creemos firmemente que con un grito, un enojo, una crítica estamos actuando como verdaderos padres, o como ¿verdaderos dictadores, como verdugos, como verdaderos dementes?
Frente a una natural circunstancia, propósito, actitud de un niño, de un ser humano en desarrollo, de un ser amado, nuestro hijo.
Si, te lo digo así, quizás muy directo, veraz, visceral porque a tu edad ya entiendes, analizas, respondes como ser inteligente y vivaz.
Te darás cuenta que también soy un ser humano que en algunas oportunidades actúa como un ser irracional, demasiado emocional, porque creo que no puedo perder el control, ni la autoridad sobre lo que equivocadamente he llegado a creer que es mi propiedad, mi esclavo, mi vasallo y sólo eres mi hijo, mi responsabilidad, el gran amor de mi vida.
Entonces pienso: “debo ordenar mi mente, debo actuar con cordura, debo dejar la violencia verbal, esa que te dice tan enérgicamente, con tanto ahínco:- Date cuenta de que lo que estás haciendo no es bueno para tu salud, para tu mente, para tu cerebro; Deja ese maldito juego electrónico que está comiendo el coco, te está destruyendo tu vista y tu intelecto, y llena de basura tu mente- “, se me seca la boca con tanta adrenalina expulsada en mi torrente sanguíneo y, como te enojas, me gritas, pateas lo primero que pillas, hasta tu hermana menor recibe un empujón sin tener parte en nuestro conflicto.
Me arrepiento.
¿ Será bueno?, te digo que te quiero, que aunque me enoje, y te diga lo que pienso en forma tan autoritaria, como sentencia, no te dejo de querer, de amarte, eres mi hijo, mi primer hijo, mi orgullo, mi farolito que alumbra el …caminito que el tiempo ha borrado…(como el tango aquél).
¿Me equivoco?; no te he pedido perdón, sólo he querido dejar en claro que aunque te rete y te hable fuerte, no quiero pelear contigo, no quiero perder, cortar ese fino hilo que une nuestra comunicación.
Y, claro, cuando llega la noche y se han ido a dormir, quedo sola pensando, recordando mi última reacción, entonces me baja un arrepentimiento, un deseo de cambiar mi actitud, mi irracionalidad y me propongo ser más tranquila, más ecuánime, ser una mamá más complaciente, compasiva.
Encontrar la forma estricta del comportamiento equilibrado, la palabra precisa, en el tono adecuado. Eliminar la reacción alterada, el comentario inadecuado. Morder mi lengua hiperactiva; respirar hondo, profundo; sonreír con el alma; entregar todo el amor que fluye desde el fondo de mi corazón.
No es fácil la tarea…mi padre lo decía.
Cómo saber si el destino está en los genes y, uno como padre o madre no va a cambiar lo que ya está escrito en su herencia, esa herencia que mezcla personalidades, vicios, aptitudes y, actitudes de vida; que viene cargado de dones y de rebeldías conocidas, experimentadas, sufridas a la misma edad y, que muchos olvidan y, otros las recordamos ya diluidas con el paso del tiempo.
Eso es, el paso del tiempo crea en nuestra mente un líquido que disuelve esos ataques adolescentes sufridos como accidentes macabros que remueven nuestra existencia aún cuando todavía no nos olvidamos de nuestra feliz y alborotada niñez.
¡Qué violento cambio nos hace reaccionar como electrocutados por una fuerza poderosa llamada hormonas!
Cómo mantenerse de pié, firme, entero después de un vendaval, del terremoto que desestabiliza hasta a los que tienen un futuro sabio, inteligente, santo, asegurado, por karma, por destino, por deseo.
A cada remezón inconmensurable, destructivo, despiadado, debe venir la calma, esa que asusta pero tranquiliza y, que como mamá debo conseguir y, no echarle más leña al fuego, a la hoguera, no gritar más fuerte que el sonido del viento, y no remecer hasta dejar por el suelo una vida.
Tarea difícil, que la madurez que nos da el haber vivido muchos más años que un adolescente que, lucha contra un mundo que les es extraño, difícil, poco solidario y que lo pone ante una encrucijada y el deseo de ser libres, sin ataduras, sin “establishment” , porque le ponemos una soga al cuello para que pueda ese niño adolescente hacerle frente a una sociedad desgastada que va en franca decadencia, pero que igual hay que afrontar y saber sobrevivir.
Las reglas impuestas no son para sacarte de quicio hijo mío, son para que tengas herramientas que puedas usar frente a ese enorme tsunami de responsabilidades que depara enfrentarse a este mundo que construimos de muy mala forma los adultos y que, espero en algún momento de la historia, pueda ser cambiado, y erradicar todo lo que se construyó para hacer una civilización perfecta, pero que cada día está más salvaje y primitiva.
Nunca dejes de soñar y creer en un mundo ideal. Enséñales a los hijos que algún día tendrás, que la vida no es sólo saber sobrevivir en un mundo materialista, sino que hay que saber sobrevivir a todos los cambios que se generan en nuestra propia existencia.
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