Una noche  un niño solitario mirando una estrella pensó...
•-         Es tan grande y hermosa, ¿Quién vivirá en ella?
•-         ¿Cómo será la gente de allí, pálidos como su tierra, o tan brillante como su luz?
•-         ¿habrá niños, querrán jugar conmigo?
•-         Tal vez ellos quieran venir, ¡nos divertiríamos mucho con juegos de aquí y del cielo!; les enseñaría a rodar por la hierva  y chapotear en el lodo, pues allí parece no haberlos, todo se ve tan blanco.
•-         Ellos me dirían como pescar nubes, o trepar hasta un pico de estrella.
•-         "estrella", dijo el niño con tristeza, "me siento solo aquí ,sin nadie con quien jugar"
•-         Te daré tus amigos, si vienes hacia mí, le respondió ella
•-         ¡pero estas muy alto!, ¿Cómo llegare?, protesto el
•-         Nada obtendrás sin esfuerzo , le contesto
•-         ¡ mañana construiré una torre tan  alta que llegare a ti , le dijo triúnfate al fin
La cálida luz del sol, sorprendió al pequeño ya en pleno trabajo cerca del rosal, donde se ubicaba la lejana estrella, colocando un uno y otro madero atado con cuerdas;
Unos niños que pasaban se acercaron a preguntarle que hacia
•-         ¿y que hay allí? Le preguntaron
•-         Niños que serán mis amigos , respondió
•-         ¡ te ayudaremos! Exclamaron los recién llegados
Mas tarde otros niños curiosos por ver tan extraña labor, al saber de que se trataba también comenzaron a ayudar; y madero va madero viene, cuerda que se ata no se desata, fueron levantando la endeble armazón.
¡Valla torre sin arquitecto! , mas clamaba la pobre venir al suelo que besar el cielo, pero tablas, cuerdas, trabajo y decisión construirían la elevación.
Al sonar el mediodía  la tarea se detuvo, y cada uno corrió a su casa  por un merecido sustento, pero por la tarde todos regresaron a continuar la labor. Las primeras sombras de la noche aparecieron  y los nobles carpinteros debieron apurar la obra  ya que sus padres no entenderían razones por su tardanza; peor de lo que estaba el andamiaje no podía estar, pero al menos su cúspide apuntaba malamente a la luz  que nacía en el cielo.
-¡ya ha salido la estrella! Gritaron, y entonces el niño comenzó a trepar el maderamen en busca de los amigos estelares.
-¡sigue subiendo, confía en nosotros, te sostendremos! Le alentaban.
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Y escalando la pequeña babel, que era más alta en su imaginación que en la realidad pensó llegar lo más cercano que podía a la centelleante aparición; y busco con su mirada hacia las alturas el cumplimiento de la promesa hecha por la estrella, ¿donde estarán, no los veo? Se preguntaba en silencio.
-¿¡ves a tus amigos!? Le interrumpieron los demás.
Y al mirar el niño hacia abajo, estaba la docena de pequeños que sostenían con todas sus fuerzas la débil torre que hicieron, y un súbito parpadeo de la estrella, le hizo entender lo que ella le había prometido.
-¿Qué haces, por que bajas?, exclamaron los demás niños.
Y el les respondió: "porque ahora tengo los amigos que la estrella me envió.
                                                                                        FIN
"por buscar a los lejos, nos vemos lo que tenemos tan cerca"
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