De nuevo siento el peso del dolor en todo mi cuerpo, 
empezando desde mi espalda hasta terminar en la punta de mis pies.
Es un dolor que crece y se alimenta de mis silencios, 
es un dolor que no sale con mis lágrimas, 
sino que se acumula en mi interior.
Es un dolor que disimulo, que escondo... 
un dolor que nadie ve.
¿Será que un día brotará de mí,
 como la lava de un volcán? o será que estallará como una granada 
y partes de mí volarán por todas partes.
Este dolor tiene tantos nombres que ya no sé como llamarlo,
 tiene tantas formas que a veces ni yo misma lo reconozco.
A veces me pregunto qué pasaría si este dolor no estuviera vivo, 
latiendo en mí...¿acaso me llenaría de un gran vacío? no lo sé...
Este dolor a veces se  aparece en mi mirada, 
pero pareciera que nadie lo ve... quizás es porque en general, 
nadie en este mundo me ve.

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