Sinopsis
Esta obra está basada en hechos reales con una dosis  de imaginación, los nombres de los personajes y lugares han sido modificados para evitar suspicacias.
En ella se narra situaciones en las que puede verse abocada cualquier persona carente de madures mental y de una sana orientación sexual en este mundo convulsionado. Nadie escapa de caer en ciertas tentaciones mucho menos si no se tiene una adecuada orientación desde la niñez.

El modernismo nos conduce al  facilismo, por el cual muchos padres de familias arrastrados por sus caudales piensan que facilitándoles a sus hijos todos sus caprichos y todas las comodidades, los aman suficientemente. Les brindan todo tipo de lujos pero les niegan el amor, el cuidado, la orientación.
Son estos hijos que sintiéndose falta de afecto se lanzan al océano de la vida sin saber nadar y naufragan en el alcohol, la droga y el sexo desbocado.
El autor.
... ----
    E
ra sólo una niña de escasos ocho años de edad cuando Nadie se aferró a aquel platónico amor. Lo conoció un mañana brillante cuando acompañaba  a las monjas del convento en donde cursaba su tercer grado de enseñanza primaria, a un almacén de discos. Las monjas buscaban un villancico para adornar la navidad que se avecinaba con pasos agigantados.
    Nadie llevaba pegado a sus ingenuos oídos el radio portátil que le la había obsequiado su hermano el día de su cumpleaños; entonces, le llamó la atención aquella melodía que molía la emisora ubicada al lado de la disquera; pero lo que más le llamó la atención fue ver en vivo y en directo al locutor que en ese momento anunciaba el tema musical.
•-         El trío Los Panchos y el bolero "La Almohada", la hora oficial en Radio Veloz: son las once en punto -
    No lo podía creer, nunca había  visto a un locutor y esa mañana lo estaba viendo al acercarse al  vidrio de la ventana a donde los curiosos se arrimaban para ver al locutor y escuchar su voz. Todos tenían el mismo timbre y estilo de voz, por eso era difícil distinguirlos y la gente aprovechaba arrimarse al ventanal para conocerlos.
Página 2
    Lo vio con marcada  admiración y experimentó una gota frígida explorando su abdomen; sus ojitos de niña educada se encantaron con la figura de aquel locutor que le multiplicaba la edad. Era de mediana estatura, de piel morena y cabellos quietos. El la observó apegada al vidrio y no pudo disimular la sonrisa que le dio al verle su nariz  hundida sobre el ventanal.
Las monjas la llamaron y se subieron al  bus escolar que arrancó deslizándose por la avenida.
    A la hora de la salida las niñas en completo orden fueron abordando el bus para dirigirse a sus hogares, Nadie no comprendía su afán de querer retornar a su casa con tanta avaricia; su entrañable corazoncito palpitaba con angustia inusitada y en su mente había quedado grabada la imagen de aquel locutor.
Llegó apresurada y corrió a encender su  portátil para volver escuchar aquella grave voz que le había taladrado sus dóciles tímpanos.
•-         Oyentes amigos hasta este momento tuvo el placer de anunciarles  Joel Zambrano, locutor profesional con licencia L0 3021 del ministerio de comunicaciones, los dejo en la grata compañía de mi buen amigo y colega Humberto Eslava, buenas tardes -
   
Lo escuchó con curiosidad esmerada mientras que su corazoncito palpitaba agitado, estaba segura que era él, aunque el locutor que  acababa de entrar a turno tuviera el mismo tono de su voz. El llamado de su hermana la sacó de su cautiverio efervescente; entonces se quitó su informe, se colocó un vestidito largo y llegó al comedor en donde la esperaban sus hermanos para almorzar.
    Era la última de cuatro hermanos huérfanos, sus padres de origen italiano habían muerto en un accidente de tránsito cuando Nadie sólo contaba con dos añitos de edad; quedó bajo el cuidado de sus hermanos: Selene, de treinta y cuatro años,  casada con un arquitecto como ella, tenía un niño pequeño aun; Galo, un joven cardiólogo cinco años menor que Selene; Giovanni, médico de profesión de veinticuatro años. Nadie le  seguía a Mélani, que apenas llegaba a sus quince primaveras cuando encontró la muerte al lado de sus padres.
Página 3
    Nadie aprendió a diferenciar la voz de sus encantos febriles y se la pasaba con el radiecito soldado al oído escuchándolo alborozada; llegó a conocer los cuatro turnos de su pueril fantasía sin averiguarlo, sólo escuchándolo en cada uno de ellos. Muchas veces  intentaba llamarlo para auscultar su voz a través de la línea telefónica pero nunca se aventuraba, sus manos se estremecían cuando tanteaba puntear las cifras en el aparato.
    Fue una tarde cuando el sol declinaba que volvió a verlo; había ido de nuevo con algunas compañeritas y las monjas del convento a la disquera que estaba al lado de la radiodifusora; apenas se bajó del bus se apresuró sin proponérselo a la ventana de cristal; sabía que estaba en turno y se ofreció en acompañar a las monjas que buscaban un disco de música sacra. Lo reparó y le pareció fascinante y, sus ojitos azules de mirada dormida centellaron al verlo y oírlo por su portátil; su corazón de niña palpitaba tan fuerte que casi zarandeaba el ventanal en donde reclinada contemplaba aquel hombre que la subyugaba.
Las compañeritas la sacudieron de su embeleso cuando  se aglutinaron al radio de Nadie para escuchar lo que el  locutor decía, y reían regocijadas y brincaban como chivo en corral ajeno. Pero Nadie se disgustó y se apartó del vitral cuando sus compañeritas principiaron a golpear el vidrio para llamarle la atención al locutor que  leía los nombres que le indicaban escrito en una hoja de cuaderno.
•-         Reportamos la sintonía de: Marianita Saavedra, Rosmery  Manotas, Leída Alonso y Nadie Ferry, las niñas del Colegio Lourdes -  decía el locutor.
    Se sobresaltó de pies a cabezas al oír su nombre pronunciado por el locutor de su capricho, pero sintió celos de repente al ver las morisquetas que sus compañeritas le hacían al locutor y, se embarcó en el bus encrespada porque más niñas llegaron al ventanal para que las nombrara también. La rabia la consumía y, se regocijó cuando las religiosas llamaron a la cordura a sus amiguitas que dócilmente se fueron trepando al bus escolar.
    En todos sus cuadernos empezó aparecer el nombre y apellidos del locutor, corazoncitos flechados y sangrantes adornaban las esquinas de las páginas de sus textos escolares con las letras J y N. Su vena poética floreció de repente y escribía poemas y versos sobre su abstracto romance.
Página 4
    El árbol del calendario se deshojaba paulatinamente con  el transcurrir del tiempo y los amores de Nadie se acrecentaron vertiginosamente dentro de su ardiente e inocente pecho. Se quedaba dormida con el radiecito al oído cuando el locutor tenía turnos de amanecida; se despedía de él y besaba el radiotransmisor al final  de cada turno.
•-         ¡Adiós mi amor, que Dios te guarde! - Solía decir.
    S
us hermanos se angustiaron una mañana cuando  la niña amaneció envuelta en llanto, le investigaban el origen de aquel raro sentimiento pero ella hipiaba desconsolada sin proferir palabra alguna, entonces la examinaron y no le encontraron ningún tipo de enfermedad pero le proporcionaron calmantes.
El locutor de su fantasía dejó de trabajar en aquella emisora y Nadie sintió que el  cielo le caía encima, se sintió inmersa en un remolino de pasiones ocultas y deseaba que Dios se la llevara como se había llevado a sus padres y hermana. Rechazaba los alimentos, bajó su rendimiento académico, se alteraba con sus hermanos y lloraba en silencio su fatal destino por aquel platónico amor.
    La reprensión férrea de sus hermanos la hizo disimular su pesadumbre, entonces volvió a recuperar sus notas escolares, se excusó con sus hermanos y volvió a ser la niña  sumisa pero su alma estaba  destrozada.
    Todas  las noches en la soledad de su alcoba movía la aguja  del radio por todo el cuadrante con la esperanza de oírlo en alguna otra emisora de la ciudad y así estuvo empecinada y encerrada en su inocente capricho de niña enamorada.
    En una de sus silenciosas noches cuando empeñada en buscar la voz del locutor que la tenía cautivada, casi se desmaya al oír aquella voz que le era familiar.
•-         ¡Es él! ¡Es él! - gritaba en su mustio aposento.
    Aclamó tan  fuerte que despertó la atención de su hermana que ocupaba la habitación contigua y llegó hasta su alcoba.
•-         ¿Nadie, que te pasa niña? - Le preguntaba su hermana asustada.
•-         ¡Nada! No tengo nada - le repuso - es que estoy escuchando una novela.
    La novela de su propia y corta vida volvió atormentarle el alma de niña; para entonces habían pasado dos años que le parecieron siglos,  pero volvió a reivindicar su aliento al escucharlo en una radiodifusora local.
Página 5
•-         Oyentes amigos, tengan muy buenas noches, a partir de este momento tiene el gusto de anunciarles Joel Zambrano, locutor profesional con licencia L0 30 21 del ministerio de comunicaciones - Decía el locutor al presentarse.
    Desde entonces Nadie volvió a ceñirse a su fantasía inconclusa  con arrollador desvelo; marcó con tinta el número del cuadrante en donde había encontrado aquella emisora como  para que no se le olvidara, buscó  en el directorio el número de teléfono de la emisora pero los nervios la traicionaban cada vez que intentaba llamarlo.
    Dormía plácidamente después de la media noche cuando despedía con un beso que estampaba sobre su radio a su amor desesperado. Pero la niña seguía siendo niña, para haberse enamorado locamente de aquel locutor que escuchaba en su transistor y una noche de arrebato pasional se propuso vencer el miedo y marcó el número telefónico que se sabía de memoria. El auricular temblaba entre sus manitos, su corazón le atragantaba la respiración y escuchó sonar el teléfono.
•-         ¡Buenas noches, Hondas del Río a la orden! - Oyó que le contestaron.
    Nadie no pudo resistir la impresión que sintió al sentir aquella voz  grave que escuchaba por la radio y tiró el auricular sobre el aparato cortando de tajo su llamada. Trepidaba de exaltación y de coraje por no poder vencer su nerviosismo paranoico.
Noches después volvió a probarlo, se persignó, marcó el número del teléfono y esperó en medio de su sofocación abrigada por un espeso sudor frío a que le respondieran.
•-         ¡Buenas noches, Hondas del río a la orden! - Escuchó con los nervios destrozados.
•-         ¡Aló! ¡Alo! - Decía el locutor.
    Había  enmudecido al escuchar a su interlocutor y oyó cuando le cerraron la  llamada. Nuevamente se hallaba frustrada  en su intento, pero se alucinaba escucharlo y por tercera ocasión quiso volver a intentarlo, pero no sabía que decirle, hasta que se le ocurrió una genial idea.
•-         ¡Buenas noches, Hondas del Río a la orden! - Contestó el locutor.
•-         ¡Alo! ¡Alo! ¡Alooooo! - Reclamaba el locutor fastidiado.
•-         ¡Bue, bue, buenas noches! ¿Me me, me, puede hacer un fa, fa, favor? - Dijo por fin en su tartamudeo.
•-         ¡Si como no, dígame!- Le convidó
•-         Es que es que, es que, es que - las palabras se le habían atollado en la garganta.
•-         ¿Es que qué niña? - Le dijo el locutor.
Página 6
    Nadie advertía peligrar su  tentativa y no  estaba dispuesta a desertar su ocurrencia cuando ya  estaba intercambiando palabras con su loco amor y, logró fuerzas para desafiar la espinosa situación en la que se encontraba.
•-         ¡Perdóneme señor! - Dijo por fin en forma segura - es que yo tengo una tarea y quiero que, que, que me haga el favor de, de, de explicármela.
•-         ¿Tarea de que? - Le preguntó su interlocutor.
•-         ¿Que como  se lla, se lla,  se llaman los mi, mi, ministros? - Terminó diciendo.
•-         ¡Ah, no sé niña, esta es una emisora no un colegio -
    Esa noche, Nadie no pudo conciliar el sueño, lloraba de rabia por la forma grosera como su novio imaginario le había contestado, esa noche no se despidió de él ni le dio el beso a través del transistor, estaba muy enojada, y ocho días duró masticando su desconsuelo pero no dejaba de escucharlo.
La niña seguía empeñada en comunicarse con  su amor fingido y se proyectó conscientemente para dominar sus nervios, entonces cuando se sintió segura de si misma  esperó a que el locutor  estuviera en turno nocturno para intentarlo de nuevo.
•-         ¡Buenas noches, Hondas del Río a la orden! - Contestó el  locutor de su tormento.
•-         Buenas noches ¿Me puede complacer con un disco? - Dijo extrañada de su peripecia.
•-         ¡Si como no! ¿Cuál disco? - Le preguntó.
•-         "No tengo edad" - respondió escondiendo su nerviosismo.
•-         ¿No tienes edad para qué? - Le preguntó jocosamente el locutor.
•-         ¡Para amarte! - Dijo  ella desconcertada.
•-         ¿Porqué, cuantos  años tienes? - Le preguntó risueño.
•-         ¡Tengo diez años! - Le dijo con una tenue vocecita infantil.
•-         ¡Ah, verdad que si! ¡Eres sólo una niña! - Le aseveró el locutor.
    Nadie no  salía de su asombro y dio gracias a Dios por haberla  ayudado a conversar con su amor platónico, esa vez no tartamudeó  y pudo intercambiar palabras considerando que había tenido una conversación amorosa con su romance. Estaba sudando  frío cuando escuchó los acordes de su melodía solicitada y empezó a tararearla.
"No tengo edad, no tengo edad para amarte,
y no está bien que salgamos solos los dos.
No sé que más, no sé que más pueda decirte,
tu sabes ya, muchas más cosas que yo.
 
Deja que siga, este amor tan romántico.
Deja que llegue, el día soñado, más ahora no.
 
Tal vez querrás, tal vez  querrás espérate,
Página 7
que sea mayor y pueda, darte mi amor"
    Acababa de escuchar la canción que había solicitado y volvió a llamar al locutor para agradecerle la complacencia.
•-         Buenas noches, Hondas del Río a la orden -
•-         ¡Perdone que lo  vuelva  a llamar! - Dijo con arrojo - es para darle las gracias.
•-         ¡Siempre a la orden! - Le contestó.
    Nadie no cabía de la felicidad, había descubierto la forma infalible para departir con el hombree de su tormento, pero le intranquilizaba que fuera tan concluyente; lo creía demasiado sensato, a veces llamaba y colgaba sin contestar  al juzgarlo irritado; continuamente contestaba con su voz áspera  que le apolillaba sus oídos; no podía sostener una  conversación más amena con él porque prudentemente la zafaba. Deseaba llegar atropelladamente a su mayoría de edad para hacerlo inclinar a sus chifladuras, pero le acongojaba el pensamiento de que para entonces ya él estaría con otra, o tal vez fuera casado. ¿Pero como saberlo? Se preguntaba vagamente, no quería aventurarse a que él le dijera un insolencia que no sería capaz de tolerar. Por eso callaba y encubría su amor indómito e indeciso entre lo más latente de su alma de niña.
    Con aquella incertidumbre enclavada en su conciencia infantil pasaron los días, los meses y los años sin que Nadie pudiera concretar su amor con el anunciador que la tenía avasallada. Sólo se resignaba a escuchar su voz por la radio y a veces lo llamaba para pedirle el disco cuya letra le hacía especular en su ocurrencia; siempre que le pedía el disco esperaba ansiosa que él le dijera lo que le dijo el primer día que le pidió complacerla: "¿ no tienes edad para qué?" Para ella volverle a decir   "para amarte", pero no volvió a citarle más nada, escuetamente le decía que estaba bien y la cortaba.
         F
ue una noche cuando encendió su radio que se sobrecogió al escuchar una voz diferente a la de su quimera, entonces pensó que estaría en descanso o quizás había cambiado de turno sin que ella lo hubiera sabido, pero a la tercera noche su corazón recomenzó a mortificarse y se atrevió a llamar a le emisora. Colgó con recelo y lloró amargamente cuando le confesaron que ya no trabajaba allí.
Página 8
    Preñada de una valentía indecisa volvió a llamar a la emisora para que le dijeran para donde se había ido su señuelo, entonces le dijeron que estaba trabajando en Radio Kalamarí, agradeció el informe y buscó con afán la emisora en el cuadrante de su radio; tropezó la emisora pero no escuchó a su cariño, entonces con orgullo de hembra en celo llamó sin rodeo a la emisora y le dijeron que estaba en turno de día.
Al día siguiente sintonizó la emisora y su alma se llenó de gloria al oírlo, pero estaba enojada con él por haberse mudado de emisora sin  habérselo dicho a ella, y rió con inocencia diáfana al recordar que realmente no había  nada entre ellos y que todo era producto de su fantasía abismal.
    Quiso llamarlo aquélla tarde pero se llenó de rabia y sintió que los  celos la devoraban al no lograr comunicarse con él, el teléfono toda la tarde estuvo ocupado y lo escuchó radiante reportando sintonía a diestra y siniestra y todas eran nombres de mujeres.  Lloró angustiada y en su mente lo veía coqueteando con las mujeres que lo llamaban, entonces decidió no llamarlo más.
    Nadie, había llegado a su desarrollo ambicionando aquel amor fraguado en su mente desde su tierna infancia; se creyó digna del amor del locutor porque ya se creía mujer, ya no era sólo una niña como se lo decía su amor. Lo llamó una noche llena de incertidumbre.
•-         Radio Kalamarí a la orden - Contestó el locutor.
•-         Buenas noches ¿Con quién hablo? - Preguntó
•-         ¿Con quién quieres hablar? - Oyó que le contestaron
•-         ¡Con Joel! - Dijo con absoluta confianza.
•-         Si a la orden,  dígame - le dijo.
•-         ¡Hola! ¿Sabes quién te habla? - Preguntó embelesada
•-         ¡No, no  soy  adivino! - Le dijo - ¿Qué deseaba?
    No le respondió, no  pudo resistir la frialdad tan cínica con que le hablaba, tiró el auricular con furia arrolladora y se lanzó sobre su alcahuete lecho a mitigar su pena de amor.
Página 9
Lo intentó tres noches después, hasta que por fin tomó la firme decisión de acabar con ese empeño que le crucificaba el alma, el locutor nunca se fijaría en ella, siempre le contestaba rotundamente y no le daba oportunidad de exponerle lo que con ansias anhelaba soltarle. Ambicionaba que supiera que estaba tontamente enamorada de él, que lo estuvo desde que era sólo una niña, pero ya estaba grande; que anhelaba verlo y platicar con él, pero todo había sido en vano. Hasta que una noche decidida a todo se arriesgó a llamarlo.
•-         Radio Kalamarí a la orden -
•-         ¿Joel? - dijo entre susto y disgusto -
•-         Si, ¿Quién habla? -
•-         ¡Nadie! - dijo.
    Las lágrimas corrieron raudas por sus tiernas mejillas cuando escuchó que le cortaron la llamada, pensó llamarlo de nuevo y gritarle improperios, pero era tan educada que no encontraba palabras con que ofenderlo; pero llena de rabia volvió a llamarlo
•-         Radio Kalamarí a la orden -
•-         No me vaya a colgar señor se lo agradezco - dijo.
•-         ¿Tú  fuiste la que acabaste de llamar? - Le preguntó.
•-         Si, yo soy la que siempre te llama para pedirte un disco ¿Te acuerdas?
•-         Sólo recuerdo que desde hace rato me vienes llamando con tu vocecita de niña pechichona
•-         ¿Te molesta que te llame? - Se atrevió a preguntarle.
•-         No, no me molesta -
•-         ¿Y porqué me tiraste el teléfono? - Le preguntó en tono de reproche.
•-         Yo pregunté ¿Quién habla? Y me dijiste que nadie - le dijo - entonces vi que me estabas mamando gallo y yo no tengo tiempo que perder.
•-         Ese es mi nombre, Nadie - Dijo orgullosa.
•-         Entonces perdóname - le dijo Joel - creí que estabas mamando gallo.
•-         ¿Y que es mamar gallo? - Preguntó asombrada.
•-         Es poner pereque, molestar - le respondió.
    Entonces, Nadie rió con gracia y Joel sintió como si una corriente helada atravesara su vientre; la risa de la niña era subyugante, su voz era tan dulce lo mismo que melosa y delicada, esa vez fue amable con ella.
•-         Que nombre tan raro tienes - le dijo - ¿Y de donde eres?
•-         Yo nací en Cali - le dijo -pero desde los dos años me trajeron para acá.
•-         ¿Y cuantos años tienes? -
•-         Ya tengo trece años - le contestó - ya no soy una niña.
Página 10
•-         Todavía  eres una niña - le dijo - una niña muy  querida.
•-         Si te digo algo ¿Te molestarías? - Le preguntó aturdida.
•-         No, ¿Qué es? -
•-         Yo te conozco desde que yo tenía ocho años - le confesó con enjundia.
•-         ¿Cómo, dónde y  cuándo me conociste? - Le preguntó asombrado - ¡embustera!
    Nadie no lo podía creer, por primera vez tenía  una prolongada conversación con su ídolo, ya no temblaba de miedo y sentía como le fluían las palabras sin rodeo, se profesaba platicando con su novio, lo sentía suyo. Joel tampoco comprendía porqué estaba charlando con aquella chiquilla, porque su voz seguía siendo de niña educada; pero le llamó la curiosidad de que le señalara que lo conocía desde que tenía ocho años. Entonces, Nadie le aseguró que lo había conocido cuando trabajaba en Radio Veloz,  que lo había visto a través del cristal de la ventana que daba a la calle;  que ella estudiaba en el Colegio Lourdes;  que en la actualidad cursaba su tercer año de bachillerato;  que vivía con sus hermanos y que sus padres habían muerto en un accidente de tránsito junto con una hermana en Cali y hasta ambicionó confesarle cuanto lo amaba.
    Nadie arrugó el alma de Joel con su fatal relato familiar que conmovido le pedía que lo perdonara por haber sido tan brusco  con ella, y después de más de dos horas de una charla amena y pro romántica se despidieron amigablemente.
    Desde entonces, Nadie sentía haber logrado lo que siempre había anhelado, el amor de Joel, sin importarle que fuera tres veces mayor que ella, sin importarle si era o no casado, sin importarle que no perteneciera a su estrato social, sólo le importunaba su amor incondicional.
    Joel había  escuchado con atención apasionada a la niña, pero no quería dejarse seducir por aquella vocecita de niña educada, entonces en su mente madura evocó aquel episodio que había vivido con Nieves Duran.
     E
Página 11
staba en turno cuando recibió aquella misteriosa llamada, era una voz femenina tan suave como la seda y tan dulce como la miel silvestre que lo cautivó súbitamente, le solicitó un disco y  la complació entusiasmado, lo volvió a llamar  para darle las gracias y charlaron hasta la media noche. Nieves le dijo que tenía dieciséis años; que estudiaba en el Helena Duque; que cursaba el  sexto año de bachillerato; que sus padres eran potentados; que vivía  en Las Cumbres y que le encantaba su voz y ansiaba conocerlo.
    Nieves no dejaba de llamarlo y hasta le protestaba si encontraba el teléfono ocupado, y llegaron a jurarse amor sin conocerse siquiera y mantuvieron un tácito romance.
Joel vivía con su mujer y sus hijos en un barrio apartado. Era un locutor asalariado cuyo sueldo apenas le alcanzaba para mitigar el hambre de su familia; un día se encontraba en una apuro económico y cuando Nieves lo llamó lo notó acongojado.
•-         ¿Qué tienes mi amor que te noto apagado? - Le preguntó.
•-         No, no es nada - le dijo - son problemas  que pasan.
•-         ¿Pero que problema tienes? - Le dijo - ¿No quieres decírmelo?
•-         Es que no es necesario, no te preocupes - le dijo.
•-         ¿Es de dinero verdad? - Le preguntó.
•-         Si, pero no te preocupes - le dijo - ya se resolverá.
•-         ¿Cuánto necesitas? - Le preguntó segura.
    Joel quedó atónito con aquélla consulta, parecía que Nieves estaba interesada en socorrerlo, pero no sabía si confiar en aquélla muchacha de suave voz que sólo conocía a través de la línea telefónica.
•-         Si te digo ¿Me ayudarías? - Le preguntó aturdido.
•-         Claro mi amor - le aseveró - no me gusta que estés mortificado y si te puedo ayudar, te ayudo porque te quiero.
•-         Necesito como cincuenta pesos - le confesó nervioso.
•-         Yo te los  mando con la muchacha del servicio.
    Joel no lo podía creer cuando el portero llegó a los estudios y le entregó el sobre cerrado.
•-         Ahí te mandaron esto - le dijo.
•-         ¡Quien lo trajo? - Preguntó anhelante.
•-         Una muchacha morena - le contestó y se alejó.
Página 12
    Joel entusiasmado rasgó el sobre y sus ojos se agrandaron cuando vio los billetes, los contó y estaban completo los cincuenta pesos, encontró una foto de Nieves y también una carta en manuscrito con corazoncitos pintados; la leyó con verdadera emoción de joven enamorado. Nieves le decía que ahí le mandaba lo que estaba necesitando, que no  tuviera pena con ella de contarle sus cosas que ella lo ayudaría cada vez que lo necesitara porque lo amaba y, le pedía que no la olvidara nunca. Joel suspiraba frente al retrato de Nieves, era hermosa con una cabellera impresionante, la miraba y la besaba embelesado.
    Joel y  Nieves se amaban en la distancia sin conocerse, se llamaban por teléfono y conversaban horas enteras; Nieves siempre se peleaba con él cada vez que lo llamaba y encontraba ocupado el teléfono por largo rato, entonces dejaban de llamarse por días enteros como cuando los novios pelean, y se reconciliaban al poco rato igualmente por teléfono. Joel estaba intrigado en conocerla en persona, la foto lo tenía cautivado, pero Nieves le explicaba que no la dejaban salir y que le comunicaría que día conseguirían verse para conocerse personalmente; Joel añoraba ese encuentro.
    El tiempo se desplazaba sin que Joel y Nieves pudieran presentarse, entonces Joel empezó a averiguar por la dirección de su novia invisible; le pidió a una amiga que trabajaba en la empresa de teléfonos que le consultara a quien correspondía el número de Nieves y en que dirección se localizaba.
El informe que le dio su amiga lo hizo entrar en sospecha y se lo hizo ver a Nieves.
•-         Si, ese teléfono pertenecía a esa familia - le dijo - pero se lo trasladaron a mi hermana.
    Nieves le pidió a Joel que le obsequiara un disco de Claudia de Colombia y que se lo llevara a la casa de la contadora de su hermano, le dio el nombre y la dirección de la contadora y Joel le mandó el disco con una carta de amor infinito. Por la noche Nieves lo  llamó a la emisora agradecida por el obsequio, subyugándolo con su dulce y tierna vocecita.
Página 13
    Joel se encaminó a descifrar el enigma de su novia virtual y una tarde de un mayo primaveral fue hasta la dirección en donde vivía la contadora del hermano de Nieves, la misma dirección  que le había dado su amiga y que era en la que aparecía el número  del  teléfono de Nieves. Llegó a la dirección inquirida y descubrió a una señora entrada en años podando el jardín, quiso averiguar por Nieves pero no se aventuró y optó por llamarla desde un teléfono público que había en la tienda de enfrente. Cuando el teléfono estaba sonando notó extrañado como la señora que podaba el jardín entró a la sala y de inmediato Joel sintió que alzaban la bocina del  aparato.
•-         ¡Alo! ¡Alo! - Llamaba Joel sin  que nadie contestara en el instante.
•-         ¡Alo! ¡Alo! - Insistió.
•-         Si, ¡Alo! - Oyó por fin con el corazón palpitante de duda.
•-         ¡Hola mi amor soy yo! - Le dijo.
•-         ¡Ah papi! ¿Dónde estás? -
•-         Estoy por mi casa y se me ocurrió llamarte - mintió - Te llamo enseguida.
    Joel desde el lugar que se hallaba pudo ver como la señora retornaba al jardín sonriente y la  incertidumbre lo acosaba ¿Sería acaso una casualidad? Se preguntaba desesperado y volvió a llamarla. De nuevo la señora que podaba el jardín entró a la sala.
•-         ¡Alo! - Nuevamente un silencio.
•-         ¡Alo! ¡Alo! - Volvió a insistir.
•-         ¡Si papi! ¿Tú no vas a trabajar hoy? -  Le preguntó.
•-         No, hoy voy a descansar - le dijo - por eso te estoy llamando.
•-         ¿Qué estás haciendo mamita? - Le preguntó.
•-         Estoy estudiando - le respondió.
    Joel estaba desilusionado, Nieves lo estaba utilizando para sus fantasías longevas, sin duda era ella, la señora que podaba el jardín.
Era alta y escuálida, de piel blanca y corrugada, salpicada de pecas, tendría unos setenta años, sobre su lomo cargaba una giba que le encorvaba hasta el alma. Joel había cortado la llamada para volverla a llamar y volvió a reparar a  la ancianita entrar y salir de la sala con una picaresca sonrisa; entonces, empezó a recordar que la vez que le había mandado el disco de Claudia de Colombia con Luchín, el mensajero, este le había dicho que lo había atendido una viejita jorobada.
Página 14
    El enigma de la novia virtual estaba siendo desenmascarado, había empezado a desconfiar desde la noche en que se cortejaban en la virtualidad y alguien llamaba a la puerta de la habitación y pudo escuchar el cambio de voz al responder; era una voz añeja en contraste con la que estaba habituado a escuchar; tampoco Nieves le daba un fecha para  conocerse personalmente. Joel comprobó así que Nieves le estaba mintiendo,  ella no residía en ningún apartamento del norte de la ciudad, ni era ninguna colegiala de alta alcurnia.
"¡Es una viejita arrecha!" Se dijo Joel al marcharse de aquel lugar  que le causaba nauseas.
    Nieves lo llamó a la noche siguiente y Joel quiso restregarle la verdad manifiesta pero prefirió ignorarla; esa noche le dijo que no podía atenderla porque estaba el gerente en la cabina. Tampoco quiso aprovecharse de las bondades económicas que Nieves le ofrecía. Lo que puso fin a sus dudosos encantos fallidos fue la noche cuando al terminar su turno y estaba con sus compañeros en la emisora colega esperando el taxi que los condujera a sus casas atendió la  llamada que hacían en la recepción.
•-         ¡Alo! - Dijo.
•-         Buenas noches - ¿Me puede comunicar con Wilson?
    Era la misma vocecita dulce y suave de Nieves, Joel vaciló al principio, no sabía si increparla o hacerse el loco, y como su compañero Wilson no había llegado aun así se lo hizo ver a la enigmática llamadora nocturna sin que ella le reconociera la voz. Entonces, cuando Wilson llegó le dijo que Nieves lo había llamado y se extrañó cuando su colega le dijo  desconocer a la tal Nieves; entonces, le dijo que era una muchacha con una voz sensual y fue cuando Wilson le dijo que se llamaba Rocío y que vivía al norte de la ciudad y que era colegiala. ¡Es la misma! Concluyeron.
    Aquel episodio le hacía pensar que Nadie pudiera ser eso ¡Nadie! O pudiera ser la misma señora que podaba el jardín la tarde en que quiso descifrar su enigmático romance virtual.
    Para desvirtuar cualquier sospecha Joel le dijo a Nadie que quería  conocerla en persona, entonces ella le puso una fecha, hora y lugar para encontrarse.
Página 15
Joel se encontraba huraño aquel sábado en la mañana cuando esperaba a Nadie en la esquina de un almacén de calzados. Su corazón se bombardeó cuando vio detenerse el carro azul cielo en la acera el almacén, miró con desconfianza indígena al interior del vehículo y vio aquella jovencita de gafas oscuras descender del automóvil.
Era sólo una niña, pero bien formada, de mediana estatura, de tez blanca y cabellos castaños, sus labios eran tiernos como  una flor acabada de nacer. Ella lo descubrió enseguida, aun lo recordaba desde que lo vio por el ventanal de la emisora cuando ella tenía ocho años de edad.
•-         ¡Hola! ¿Llevas mucho tiempo esperándome? - Le preguntó oscilante.
•-         No mucho - le dijo.
    Joel no lo podía creer, estaba frente a frente con aquella niña de vocecita de niña educada que lo llamaba, esa si existía en la realidad y sentía que un sudor frío bañaba su alma. Nadie apartó de sus ojos  las gafas oscuras y Joel pudo verse en aquellas pupilas azules y brillantes; Nadie temblaba de pies a cabezas al sentir su frágil mano entre las de su capricho presente.
Joel la acompañó al interior del almacén de calzados y  recorrió con ella las vitrinas en busca de un par de zapatillas que la niña deseaba comprar, entonces Joel se sentó en una silla mientras ella conseguía lo que solicitaba. Ella escogió unas zapatillas rojas y de tacón grueso, se acomodó al lado de Joel para tanteárselas; Joel trataba de ocultar la turbación que sintió cuando Nadie alzó una pierna para que la muchacha del almacén le ayudara a colocar la zapatilla, después se puso de pie frente al espejo y dio dos pasos hacia delante y dos pasos hacia atrás.
•-         ¿Cómo me veo? - Le preguntó a Joel.
•-         ¡Hermosa! - Le respondió orgulloso - te luce ese color.
    Nadie llegó  a la caja, pagó la mercancía adquirida y salió con Joel. Él se encontraba aturdido sin comprender porqué, parecía que nunca hubiera estado frente a una mujer, pero Nadie era una niña grande que lo había embrujado con la dulzura de su voz y su mirada subyugarte emanada de unos ojos grandes y azules como el cielo.
•-         ¿Para donde vas ahora? - Le preguntó Nadie con su voz endulzada.
•-         Para la emisora - le dijo.
•-         Si quieres te llevo - Le insinuó.
Página 16
    Entonces, Joel  se subió al carro lleno de indecisión. Le extrañaba que una niña condujera un vehículo con tanta habilidad; ella también estaba confundida y en principio no pronunciaba palabra hasta que Joel la sacó de su sigilo.
•-         ¿Por qué no  te detienes en aquella heladería y nos tomamos algo? - Le dijo.
    Nadie  detuvo su carro en la zona indicada por un hombre que con bayeta en mano le señalaba el lugar de parqueo. Joel sentía pena que la gente lo viera en compañía de aquella niña bonita y de clase, entonces desde el interior del carro llamó al mesero.
•-         A la orden ¿Qué desean? - Preguntó el mesero muy bien vestido.
•-         ¿Qué te provoca? - Preguntó Joel a Nadie.
•-         ¡No se dime tu! - Le dijo en tono suave y nervioso.
    Entonces, el mesero ante la vacilación de aquélla pareja dispareja les proporcionó la carta y Joel se la pasó a Nadie. La contemplaron y ella por fin señaló con su dedito un helado de banano. El mesero regresó con dos casuelas de helados de banana y galletas. Entonces departieron mientras consumían el mantecado.
•-         ¿Te parezco una niña verdad? - Le preguntó ella mirándolo fijamente.
•-         ¡Para mí eres muy niña! - le dijo - ¡Pero eres muy linda!
•-         ¡Yo no lo veo así! - Dijo ella.
•-         ¿Eres casado verdad? - Le preguntó con indecisión.
•-         ¡No, aun no! - Le aseguró perplejo.
•-         ¿Me estas diciendo verdad? - Repuso ella esperanzada.
    Conversaron hasta que se les terminó el helado sin que se dieran cuenta, entonces Joel llamó al camarero para pedirle la cuenta y Nadie se adelantó a pagar ante la protesta de Joel.
•-         ¡En la próxima pagas tu! - Le dijo ella para que no se sintiera mal.
    Al llegar a la emisora Joel descendió del vehículo no sin antes imprimirle un suave beso en su rosada mejilla que la niña absorbió aturdida pero complacida y aceleró su carro por la convulsionada avenida.
    Nadie retornó radiante y pletórica de felicidad a su residencia, el mundo lo tenía a sus pies, había descubierto el amor en tan temprana edad, había estado departiendo frente a frente ante su ídolo, había palpado su magnetismo entre sus manos, había sentido el fuego fervoroso de aquel beso sobre su tierna mejilla.
Página 17
    Desde aquel momento febril la vida de Joel tomó un rumbo imprevisible, se había enamorado de aquella niña. Ella lo llamaba en cada turno y conversaban largamente, pero él no se sentía capaz de declararle su amor, la juzgaba muy niña, ignoraba que ella lo deseaba y que lo amaba con su alma de niña enamorada.
    P
asaba el tiempo volando hasta que la niña acarició la edad florida de sus quince primavera y Joel la vio crecer en cuerpo y alma y se le convirtió en una pesadilla. Quiso desprenderse de ella para siempre, no admitía estar enamorado de un imposible, Nadie pertenecía a un mundo diferente al de él; ella, era muy tierna para él y además Joel era casado y tenía su hogar y sus hijos, pero Nadie no lo sabía.
Aprovechó aquélla noche en que se encontraba oprimido por sus calamidades domésticas para tratarla como pensó que había debido tratarla antes.
•-         ¡Hola! ¿Cómo estas? - Preguntó ella con su vocecita de niña  educada.
•-         ¡Bien! ¿Y tu como estas pasando?
•-         Yo bien - le dijo - ¿Estás muy ocupado?
•-         ¡Si bastante! - Respondió secamente - ¿Por qué?
•-         Quería contarte algo - dijo - pero te noto bravo, mejor voy a colgar y hablamos otro día, chao.
•-         No cuelgues - la atajó - porque me gusta escuchar tu vocecita tan sensual que invitas a todo.
•-         ¿Qué es todo? - Le preguntó aturdida y nerviosa.
•-         ¡Todo, es amor! - Le insinuó - todo lo que encierra el amor, me provocas y me excitas cuando te oigo hablar.
•-         ¿Qué te provoca? - Curioseaba ella sudando frío entre su lecho.
•-         Me provoca besarte ahí donde estás - le decía alterado - sobre la cama y acariciarte y besarte todo tu lindo cuerpo.
    Nadie estaba sudando la gota gorda, nunca lo  había oído hablar así, pensó que sería que alguien se había hecho pasar por el amor de su vida, extrañaba aquella forma tan bestial como le estaba hablando y amenazó con cortar la llamada pero en el fondo tal vez no deseaba cortarla nunca.
•-         ¡No cuelgues mi amor!  - Le dijo él en tono apasionado - no me dejes así ardiendo en deseo de poseerte sobre tu cama.
•-         ¿Porqué me dices eso? - Le reprochó débilmente - sino  quieres que te llame más dímelo, pero no me digas esas cosas.
Página 18
•-         Es que no soporto la ansiedad de tenerte entre mis brazos - le seguía diciendo - quiero sentir el sabor de tus labios, chupar tus senitos y besar tu nidito de amor.
•-         ¡Por favor Joel no me digas eso! - Pedía pero no colgaba - ya no  te  vuelvo a llamar más,  ¡adiós!
    Joel sonreía de su maldad con aquella criatura inocente, sabía que ella ya no lo volvería a llamar y así  se la quitaba de su mente; pero Nadie no colgó sino que le pedía débilmente que no le dijera lo  que le gustaba oír, y al sentirla agitada intensificó su crueldad erótica.
•-         ¡Viste mi amor que tu también me deseas! - Le dijo - no puedes colgar porque te sientes mal y deseas estar en la cama conmigo ¿Dímelo?
•-         Si, no puedo negártelo - Le confesó apasionada - siento una cosa fea por mi vientre, me siento mal.
•-         Has lo que te digo mi amor - Le insinuaba Joel - imagínate que estamos en la cama besándonos.
•-         ¡No más por favor! - Le pedía ella agonizante - siento ganas de vomitar y un cosquilleo maluco por todo mi cuerpo ¡Cállate mi amor que no aguanto más!
    Se equivocó Joel con aquella perversa actitud con la inocente muchacha, creyó que con eso no volvería a llamarlo más y, así él la olvidaría para  siempre, pero todo fue en vano para bien o para mal, porque Nadie al final de un orgasmo inducido permaneció exhausta ante la bocina del  teléfono asegurándole que eso que le acababa de ocurrir no lo olvidaría jamás, y cada vez que lo llamaba después de las diez de la noche se hacían el amor virtual con múltiples orgasmos de la quinceañera.
    Entonces, bajo aquélla situación Nadie se había convertido en la novia incógnita de Joel y cultivaron su romance en secreto, pero no se podían ver porque la muchachita era controlada por sus hermanos. Así llegó el día de su grado de bachiller y sus hermanos le hicieron un pequeño agasajo en un club de la ciudad; después la matricularon en la facultad de medicina de la Universidad Javeriana de la capital, entonces tenían que resignarse con la circunstancia en la que se encontraban.
Página 19
    A nadie la acompañaba un hermano a la capital y la esperaba en el aeropuerto cada vez que ella regresaba a la ciudad en descanso o vacaciones. Ella le escribía a su novio y este le contestaba con amor y con pasión ardiente. Joel conservaba las fotos que ella le había dado, fotos de cundo era una niña, cuando cumplió sus quince años, la foto de su grado de bachiller y una foto en medio cuerpo que le tomaron en el jardín de su casa.  Joel atesoraba esta foto en su cartera con el mayor sigilo, las otras las tenía coleccionada en algún lugar de la emisora.
    Nadie llegaba a la ciudad cada quince días pero se regresaba dos días después, entonces los amantes aprovechaban para amarse en la virtualidad. Joel le propuso volverse a ver ya que eran novios y concertaron la cita para una tarde sabatina.
    Joel llegó a la emisora en donde había quedado reunirse con Nadie, su turno empezaba a las seis de la tarde. Temblaba de pies a cabezas cuando vio aproximarse el carro azul cielo de su novia, el auto se detuvo frente al edificio y Joel se embarcó apresurado estampándole un cálido beso en su mejilla perfumada, entonces se sentía más seguro que la primera vez que se vieron, ya no era tan niña y se fueron al cinema.
    Cuando llegaron la película había comenzado, todo estaba en tiniebla, un empleado con linterna en mano los condujo a unas bancas desocupadas; platicaron en voz baja y fundieron sus labios en recónditos y fervorosos besos de un amor axiomático mientras sus manos enlazaban sus dedos. Ella lo regresó a la emisora y emprendió su ruta preñada de emoción y cada vez que llegaba de la capital salían a engalanar el vergel de sus amores con patética  pasión.
    Una tarde cuando Joel la llamó a su casa como habían quedado, se sorprendió cuando le contestó una voz de mujer adulta.
•-         Haló ¿Con quién desea hablar? - Le preguntaron.
•-         Con Nadie por favor - se atrevió a decir.
•-         ¡Ah! Ella no  está ¿Quién la llama? - Peguntó la señora.
•-         Joel - Dijo él con incertidumbre.
•-         ¿Usted es compañero de la universidad? - Le indagaba.
Página 20
    Joel no sabía que contestarle pero aceptó  ser su compañero de universidad y sintió celos, pensaba que algún compañero de la universidad la estaba llamando y se lo reclamó colérico. Nadie le confesó que quien lo había atendido no era la empleada como se había imaginado sino su hermana mayor, y que estuvo bien que le hubiera dicho así. Se impacientó mucho al sentir a su novio del alma enojado por celos, pero se entusiasmó que la celara, y para apaciguarle lo invitó a verse esa tarde. Joel entonces aprovechó para proponerle hacer realidad lo que hacían virtual.
•-         ¿Y Cómo? - Preguntó extrañada por aquella propuesta de su novio.
•-         Como lo hacemos por teléfono - le dijo - pero en forma real.
•-         ¿Y a donde sería? - Preguntaba intrigada.
•-         En un lugar en que sólo estemos tu y yo - le dijo - donde nadie nos vea.
    Nadie se hallaba asustada como una palomita en las garras del  gavilán; indubitablemente se extasiaba en múltiples orgasmos inconclusos escuchando los acordes voluptuosos de su novio a través de la línea telefónica, pero llevarlo al campo físico le era intolerante; pensaba que una cosas es decir y otra es hacer, y ella se había acostumbrado a satisfacer sus instintos carnales en la virtualidad, pero en la realidad no se creía capaz.
Simuló molestarse por la propuesta que consideró deshonesta por parte de su novio y dejó de llamarlo por varios días y, la vez que lo llamó fue desde la capital para pedirle permiso para asistir a una excursión que las compañeras de su curso habían programado para el sur del país.
•-         Te llamo para pedirte permiso para asistir a un paseo - Le dijo - Me sentiría muy mal si me fuera sin tu permiso.
    Aquello conmovió a Joel y puso en prueba el respeto y obediencia que  ella decía tenerle negándole el permiso que ella sumisamente aceptó sin discusión. Entonces, llegó a la ciudad en fin de semana y de inmediato lo llamó y aceptó estar a solas con su novio.
Página 21
    Era un domingo y  ella llegó  a buscarlo a la emisora en su carro azul cielo como ya era costumbre, llegaron a un teatro para camuflar el vehículo  y se fueron en taxi para una heladería; ella lucía un vestido color rosa mangas largas y que le cubría las rodillas, era de cuello elevado; en su muñeca izquierda llevaba puesto un fino reloj y en unos de sus dedos anillos de oro puro  los cubrían; de su cuello pendía un collar de perlas finas igual a las que llevaba en  sus zarcillos prendidos de sus pequeñas orejas. Parecía una muñequita pintada en una revista, con sus ojitos azules y sus labios rozados como pétalos de una flor.
  
    Llegaron a una prestigiosa heladería y escogieron un lugar apartado, el mesero llegó y les ofreció el menú. Nadie esperó a que Joel escogiera y este esperaba a  que ella pidiera, entonces rieron con gracia enamorada y pidieron un delicioso helado de chocolate y vainilla. El mesero regresó con el pedido y dio algo a Joel que disimuladamente  ocultó entre sus manos.
Consumieron el helado en medio  de una charla romántica y después Joel se puso  de pie invitando a Nadie a que lo siguiera; subieron a la segunda planta y se deslizaron por un elegante pasillo. Nadie estaba nerviosa y vio con sigilo los números que habían impreso en cada puerta por donde pasaban.
•-         ¿Esto qué es? - Preguntó - ¿Tu  qué, eres el dueño de esto?
•-         ¿Porqué dices eso? - Le preguntó Joel.
•-         ¡Porque parece que conocieras este sitio muy bien! - Le dijo en señal de disgusto.
    Se detuvieron frente a la puerta identificada con el número 212, Joel introdujo la llave que el mesero le había proporcionado con sigilo, giró la manija y la puerta se abrió reservadamente, entonces Nadie asomó su cabeza por entre la puerta y se asustó cuando vio la cama con su impecable tendido.
•-         ¿Qué es lo que piensas hacer conmigo? - Le preguntó Nadie temblando de temor y de emoción disimulada.
•-         ¡Pasar un rato en la intimidad! - Le dijo casi con arrogancia - pero no haremos nada que tu no quieras.
Página 22
    Nadie quiso resistirse a la entrada pero sentía que una fuerza extraña la empujaba hacia la perfumada habitación y sin saberlo se vio envuelta en aquel torbellino de pasión sobre la cama con su idolatrado novio. Entonces, se besaban con ardor desmedido y Nadie no tenía fuerzas para impedirle a su novio que le desbrochara el vestido y jugara con sus bustitos erguidos; se sintió sumergida en un mar de bajas pasiones cuando su novio con arrebato delirio la fue despojando de su ropa y de un envión  la desplumó por completo mientras ella jadeaba y suplicaba que así no, pero que así era que quería. Joel  estaba arrebatado y cuando vio aquel cuerpecito de niña grande como Dios la trajo al mundo se enloqueció, y no pudo controlar su impulso de sepultarse entre las piernas extendidas de su juvenil novia, devorando con fiereza aquel penacho tupido y ennegrecido que emanaba ardientes infusiones de amor. Cuando Nadie palpó los labios de su novio sobre su nido empapado se desmayó de placer y se fue diluyendo entre uno y otro orgasmo.
    Nadie ocultó su cabecita entre la almohada, avergonzada por aquella faena erótica en la que se había envuelto loca de fogosidad, mientras Joel tirado de espalda sobre la cama exhibía con orgullo su arma erguida y humedecida. Salieron del aposento en un profundo mutismo, tomaron un taxi y se fueron al teatro donde Nadie buscó su carro, ella se subió y abrió la puerta para que Joel se subiera, y sin pronunciar palabras lo dejó donde él le señaló y, se alejó desencajada.
 
    F
ue una mañana cuando al llegar a la emisora el portero le dio a Joel aquélla carta, era de Nadie; Joel la leyó en silencio y se trastornó al repasar las líneas de aquella carta en manuscrito que Nadie le enviaba desde la capital. Le  decía que se sentía avergonzada por lo que había pasado entre ellos aquel domingo, le reclamaba que aquel lugar era donde estaba acostumbrado a llevar a sus amantes, aclarándole que ella no era una cualquiera. Le decía que todo había ocurrido en un momento de debilidad de ella pero que no volvería a ocurrir porque prefería dar por terminada la relación que llevaban antes de continuar con aquélla locura que podría terminar arruinándola.
Página 23
    Joel se sintió culpable y recapacitó que quizás Nadie tendría razón, entonces aprovechando que la emisora la tenía encadenada con el radio noticiero, le respondió a Nadie su correspondencia pidiéndole que lo perdonara, que todo pasó porque quería sentir en vivo lo que sentía cuando se hacían virtualmente el amor y que se sentía culpable por no poder dominar sus impulsos; le decía que si ella pensaba que su relación con él podría arruinar sus estudios entonces la dejaba libre para no ser un estorbo en su vida, y le agradecía todo lo  feliz que lo había hecho pasar, recalcándole que siempre la llevaría presente en su mente.
    Pasaban los meses y los días sin que Nadie llamara a Joel, él tampoco quería llamarla; seguro estaba que su relación con aquella pudiente jovencita era una utopía, pensaba en su hogar y en las fatales consecuencias que pudiera tener persistir en un amor imposible, pero el destino le era infiel. Una noche en que meditaba sobre los caprichos de aquella linda muchachita el timbre del teléfono lo sobresaltó.
•-         ¡Hola! ¿Estás muy ocupado? - Oyó la vocecita de niña educada.
•-         ¡Hola! ¿Y ese milagro?  Le dijo.
•-         ¡Quiero que me escuches - dijo ella suavemente - No puedo olvidarte.
    Joel quiso mentirle diciéndole que él si había podido olvidarla y ya no deseaba tener nada con ella, quería aprovechar aquel momento oportuno para terminar de una sola vez aquella incertidumbre borrascosa, pero su garganta fue obstruida como por arte de magia y antes de decepcionarla la envolvió en halagos y  mimos de un romance inmarcesible. Se volvieron a jurar amor, se besaron con ardor en la distancia del viento y se amaron con pasión sublime en la virtualidad.
    Nadie no pudo olvidar aquella excelsa mañana dominical en que sobre una cama se juntaron sus cuerpos indolentes y ardientes en un juego erótico; recordaba avergonzada su débil  mesura pero se sobreexcitaba en cada  evocación y ambicionaba con ahínco volver a sentir aquello que la hizo tan feliz. Intentó por varias ocasiones llamar a su novio para pedirle disculpas por haberse enojado con él por aquello que la hizo delirar, pero no se atrevía, pensaba que llamarlo sería repetir aquel pasaje que la había enloquecido.
Todas las noches en la soledad de su aposento reconstruía todo lo que había vivido con el hombre del que se enamoró desde que era tan sólo una niña.
Página 24
Se acostaba  con él en su pensamiento, se ideaba haciendo el amor como él se lo había enseñado, en la virtualidad, y se descubría acariciándose su nido abultadito y gritaba y jadeaba en su cómplice silencio.
Aquélla actitud se le había  vuelto una obsesión fantástica y deseaba llegar a la ciudad para llamar a su macho para que le fuera indicando por teléfono entre quejido y quejido lo que estaban sintiendo, y oírlo pidiéndole volver a aquel lugar en donde se amaron en la realidad de la vida pero resguardando su virginidad. Pero cuando regresaba de la capital los nervios abrumadores le impedían llamarlo y así el tiempo se les fue pasando.
    Aquélla noche entre el amor y  el temor lo llamó y su cuerpo deliraba al sentirse nuevamente conversando  y amándose con su novio a través de la línea telefónica.
•-         ¡Papi! ¿Porqué no vamos a donde me llevaste la otra vez? - le dijo apasionada.
•-         ¿Estás segura de eso? - Le preguntó - ¡Yo no quiero forzarte!
•-         ¡Es que yo quiero hacerte  lo  que tu me hiciste a mí! - Le dijo sonriente y excitada - ¿Te acuerdas?
    Fue un sábado en la tarde cuando ella regresó  de la capital cuando volvieron a la famosa heladería, había Joel pensado llevarla a un motel pero no quería arriesgarla que alguien pudiera descubrirla y contárselo a sus hermanos, por eso prefirió la heladería ya que era un motel disimulado.
Nadie llevaba puesto un jeans ajustado al cuerpo que hacía resaltar sus encantos femeninos y una blusa de seda fina con botones de nácar y calzaba zapatillas  de charol y de grueso tacón. No habían alcanzado consumir el helado cuando ya estaban  encaramados en la cama encendidos y envolviéndose de besos embriagadores. Joel entonces se despojó de su camisa, se desbrochó el cinturón del pantalón y se acostó de espaldas echándosela a ella encima que reía complacida y alborozada; luego la acostó y en medio de besos lascivos le desbrochó la blusa, le retiró los sostenes y se pegó sobre sus senos como ternero hambriento mientras ella suspiraba de pasión incontrolada; Joel con el mayor sigilo le fue desbrochando el jeans y empezó a deslizar sus dedos entre el interior de Nadie que intentaba en vano atajar al intruso. Ella se recostó de medio lado y deslizo sus deditos entre el interior de Joel y los retiró de una salto al sentir la fiera despierta, ambos rieron y volvió a introducir sus dedos hasta tocar la fiera embravecida, la retiró de su escondite y la apretujaba con ansiedad, sus ojito azules observaban con curiosidad aquel animal erguido y al verlo lagrimear se compadeció de él y lo arrulló con ternura, lo besaba y lo engullía entre sus fauces succionando su pasión arrebatada, parecía una profesional en aquella actitud y por poco Joel se descarga entre sus labios entreabiertos.
Página 25

Cambiaron de posición y era entonces Joel  quien se encontraba sepultado entre la cueva humedecida de Nadie que mordía la punta de la almohada para no gritar a todo pulmón. Esta vez Nadie no quería separarse de su novio, deseaba que aquello que volvían a vivir fuera eterno.
Ella regresó a la capital y Joel no sabía como solucionar aquel doloroso y tortuoso romance.
        L
a hermana mayor de Nadie sospechaba que el amigo de su hermanita no era ningún compañero de la universidad, lo sospechó desde la vez que Joel  había llamado a Nadie una tarde en que no se encontraba, entonces atendió la llamada y le hizo una serie de interrogatorios, desde entonces empezó a espiar a su hermana.
La descubrió hablando por teléfono y se ocultó para escucharla.
•-         ¿A quien tratas de engañar Nani?  - Le dijo  su hermana al final de la charla.
•-         ¿Cómo así? - Le preguntó extrañada.
•-         ¿Quién es ese muchacho con quien  hablas tanto? - Le interrogó enojada - ¡El no es ningún  compañero de Universidad!
    Nadie entonces se vio obligada a confesarle a su hermana mayor la verdad antes de que se lo dijera a sus hermanos y le dijo: que era un locutor que había conocido desde que estudiaba el bachillerato; que estaba muy enamorada de él y que se amaban.
Su hermana entonces se convirtió en la alcahueta de Nadie y Joel ya podía hablar con ella abiertamente sobre su romance con Nadie.
•-         ¡Usted tiene que serle fiel a Nani! - Le observó un día - ¡Porque se va a llevar una joya!
    Nadie se sentía más segura, contaba con el consentimiento de su hermana mayor, y cada vez que llegaba de la capital se enclaustraba con su novio para arrojarse al precipicio de su alocada aventura. Nadie después de tener cuatro semestre de medicina en la universidad Javeriana se le ocurrió pasarse a la facultad de Bacteriología, le bajaron algunos semestres y comenzó su nueva carrera; entonces ya no regresaba con la frecuencia de antes, pero cuando llegaba buscaba a su novio para dejarse arrastrar en aquel torbellino sicalíptico.
Página 26
    En una de su soberbia pasional, se colocaron de lado y Nadie apresó entre sus piernas la fiera hambrienta que husmeaba el umbral humedecido de su cueva virginal, entonces sintió cuando la bestia furiosa descargó su pasión entre sus piernas; con sigilo pasó sus dedos sobre aquella viscosidad, fue entonces cuando se le ocurrió en el próximo encuentro depositar aquella sustancia  espesa y blancuzca dentro de un frasquito de inyección, ante la perplejidad de su novio.
•-         Es para estudiarlo en el telescopio que me regaló mi hermano - le dijo.
La noche que estuvieron conversando por teléfono ella le dijo que había observado aquello en su telescopio y que le había llamado la atención como se movía aquella cantidad de "sarapicos"
•-         ¿Papi y esos animalitos se le quedan a uno allá dentro? - Le preguntó con desconfianza.
•-         Si, mi amor - le dijo - esos son los espermatozoides.
•-         ¡Si yo  se! - le dijo con seguridad - pero no sabía que fueran vivos, parecen unos pescaditos chirriquiticos.
•-         ¿Y no le pican a uno? - Le preguntó asombrada.
Joel satisfacía las curiosidades infantiles de aquella doncella mientras la mimaba en su regazo, y le describía el proceso de la concepción de manera pedagógica; Nadie lo escuchaba con esmerada atención y fascinación.
•-         ¿Y los  demás que se hacen  entonces? - Preguntó - ¿Si uno solo es el que engendra?
•-         ¡Se descabezan y mueren! - Le respondió Joel.
•-         ¡Ay pobrecitos! - Dijo apesadumbrada.
•-         ¿Papi, y cuando eso se queda dentro de uno es cuando se forma el bebé cierto? - Le preguntó.
•-         Si, por eso es que trato de evitar que te caiga dentro - le dijo.
•-         ¡Pero cuando estemos casados si lo quiero todo dentro! - dijo - ¡para que me hagas bastantes bebecitos!
    Nadie y Joel reían por aquella curiosidad y se enviaban besos por teléfono.
    El esparcimiento idílico se les fue acrecentando a medida que avanzaba el tiempo, se les había tornado en una alucinación, tanto que Nadie cada vez que se hallaba en su habitación no podía soportar la agitación cuando recordaba  a su novio, entonces se veía abocada a satisfacer sus instintos carnales en su vicio solitario.
Página 27
    En uno de aquellos  encuentros reservados cuando estaban en su acostumbrado juego sobre el lecho mullido, Joel se encontraba sobre la  hembra desierta dejando que su fiera hambrienta lamiera su presa, mientras que Nadie en medio de su desespero deseaba sentirse desgarrada por la furia de aquella bestia infernal y en medio de su agonía desesperada pidió a gritos a su novio que soltara  a la fiera embravecida y la dejara devorar su presa hasta que se saciara y entonces Joel obedeciendo aquel mandato soltó al animal que se encarnizó sobre aquella presa voluminosa y afelpada devorándola sin compasión en medio de los gemidos lujuriosos de Nadie que sintió cuando la fiera le arrancaba su candidez.
    Llegó la calma después de la tempestad de efusiones y Nadie lloriqueaba la pérdida de su virtud, su novio trataba de consolarla pero  ella  se encontraba aturdida.
•-         Bueno mi amor ¿Y eso no fue lo que me pediste? - Le preguntó.
•-         ¡Si, pero debiste aguantarte! - Le reprochó - ¡te dije eso por un decir!
    Joel le prometió que nunca la dejaría y que escogiera la fecha para el matrimonio, entonces Nadie se sintió más tranquilizada, pero una duda la bloqueaba.
•-         ¡Pero me echaste eso adentro! - Le observó - ¿Y si quedo embarazada?
•-         Si quedas embarazada seríamos los padres más felices del mundo - le dijo - ¡por la forma tan maravillosa como lo hicimos!
    En los encuentros sucesivos,  Joel procuraba apartar la bestia antes de que arrojara su furia dentro de su cueva y Nadie la recogía en un frasco pequeño para intensificar sus estudios de bacteriología. Pero cuando ella no soportaba  su furor erótico en la soledad de su alcoba, concurría a su solitario vicio, destapaba el frasco que contenía el humor de su novio y lo olfateaba seducida hasta que se le bajara la destemplanza.
  J
oel  se extrañó de que Nadie no lo hubiera llamado cuando regresó de la  capital  como solía hacerlo siempre, entonces la llamó.
•-         ¡Halo! -  Contestó ella.
•-         ¡Hola mi amor! ¿Por qué no me has llamado? - Le preguntó.
•-         ¡Es que no se si te vuelva a llamar! - Le dijo casi llorando - ¡Tu me engañaste!
Página 28
    Aquella sentencia paralizó la respiración de Joel, desconocía lo que estaba ocurriendo, se imaginaba montones de cosas y le pidió a Nadie que le dijera lo que le sucedía. Fue así como se enteró  que su hermana se dedicó a averiguar quien era el novio de Nadie y llamó a una conocida que trabajaba de secretaria en la cadena radial en donde trabajaba Joel y esta le reveló que Joel era casado, que tenía tres hijos y que sólo vivía de su sueldo de locutor asalariado. Selene se lo  hizo ver a su hermana y amenazó con contárselo a sus hermanos si ella no desistía aquella  relación inconveniente.
•-         ¿Por qué no me dijiste que eras casado? - Le reclamó - ¡Me has hecho quedar mal con mi hermana!
•-         ¡Déjame explicártelo todo! - Le pidió Joel.
    Entonces, le dijo  que ciertamente tenía mujer y tenía hijos, pero que no estaba casado y que no se lo había dicho cuando ella era sólo una niña porque no tenía importancia y que jamás había imaginado que entre ella y él podría ocurrir algo y no lo consideró necesario; y le dijo que cuando empezó a enamorarse de ella una vez que había crecido tampoco tuvo coraje para decírselo, por el temor de que ella lo olvidara, y ya  él estaba entregado a ella y tenía miedo de que todo se acabara, por eso prefirió ocultarle la verdad hasta que tuviera la oportunidad de confesárselo todo, y le aseguró que estaba dispuesto a casarse con ella por lo que había pasado entre ellos.
•-         Entonces, si tu me perdonas yo me caso contigo - Le confesó - ¡Porque te quiero!
•-         ¡No debiste mentirme Joel! - Le dijo llorando - desde niña me enamoré de ti ¡y hasta te entregué mi virginidad por amor!
•-         ¡Entiéndeme Nadi! - Le suplicaba - ¡Yo te amo y nos vamos a casar!
•-         ¡Yo no quiero desbaratar tu hogar! - Le dijo - ¡Tus hijos no me lo perdonarían nunca!
Página 29
    Nadie lloraba desconsolada con el auricular empañado  en lágrimas de amargura y su sollozo marchitaba el alma de Joel que se sentía culpable; trataba de convencer a su novia juvenil cuando sintió la voz de Selene, su hermana mayor, que le pidió a Nadie el  teléfono y le detalló a Joel lo que había averiguado y, entonces le exigió que dejara a su hermana tranquilla resaltándole que si la continuaba perturbando se lo notificaría a los hermanos para que se arreglaran con él. Joel se disculpó con Selene y le explicó que no era casado y estaba dispuesto a casarse con Nadie y que dialogaría con todos sus hermanos y, Selene le dijo que antes seguiría investigando más sobre él porque su hermana no podía casarse con cualquier aparecido, y colgó.
    El daño estaba hecho, Joel pudo aprovechar la circunstancia para poner fin a su insólita aventura amorosa; su novia era una niña de la alta sociedad con patrimonio envidiable y él un humilde locutor asalariado que convivía con su mujer y sus hijos en un barrio apartado, lo que seguía ocultando a Nadie. Le había hecho creer que vivía en una urbanización nueva de estrato medio, razón por la cual no contaba con servicio telefónico. Pero lo que más le impacientaba a Joel es que alguien de la emisora se hubiera prestado para indisponerlo.
    La secretaria  que rindió la información le confesó a Joel que efectivamente conocía a Selene desde que estaba en la universidad y que ella sólo le preguntó que si Joel estaba en turno porque le quería pedir un favor y conversaron un rato; entonces le preguntó que si conocía bien a Joel y ella le dijo que sí, que  era un muchacho  casado y que tenía tres hijos, pero no le dijo en donde vivía y que no había visto nada malo en aquel interrogatorio.
    Nadie no volvió a comunicarse con Joel, mientras, él sobrellevaba su vergüenza considerándose responsable de la desdicha de aquella niña que había conocido en pleno nacimiento de su adolescencia, había deshojado aquel capullito recién nacido del jardín de sus amores y, el peso de su conciencia le carcomía el alma.
    Ella por su parte, igual se sentía culpable de su  desventura por haberse dejado remolcar de las vicisitudes del amor, por haberse confiado a las garras de aquel gavilán mayor, a quien seguía idolatrando en su silencio mudo.
Página 30
    Joel no estaba ni lo estuvo jamás dispuesto a desmantelar su hogar por desposarse con Nadie, pero tampoco podía relegarla. Desde que entraba a su turno buscaba las fotos de ella que tenía guardadas en el escritorio, las miraba anonadado, las besaba apasionado, hablaba con ellas y las volvía a esconder y entonces hacía sonar aquel bolero que se confabulaba con su realidad y tarareaba en la solitaria cabina.
"Es un conflicto lo que llevo aquí en el alma,
es un conflicto frente a frente a un deber,
pues a mi esposa, no podré jamás dejarla,
y no es posible renunciar a tu querer"
 
    Se preguntaba el porqué no  tuvo el suficiente coraje para haber frenado a tiempo aquélla engorrosa situación por la que atravesaba y no haber desgraciado  a aquella niña que aunque  ya había llegado a su mayoría de edad cuando hizo uso de ella  se acusaba por haberle escondido la verdad. Entonces, en su mente emergió la figura inmaculada de aquel recuerdo efímero que por poco hubiera marcado su destino cuando conoció a Lili.
   L
o llamaba todas las noches para pedirle complacencias musicales que él satisfacía regocijado;  su débil vocecita lo embriagaba y conversaban hasta que terminaba el turno.
Ella le había dicho que era hija única y que residía con sus padres en una quinta de uno de los barrios de la alta sociedad de la ciudad; le dijo que cursaba su tercer grado de bachillerato en un prestigios plantel femenino.
Una noche ella lo llamó como de costumbre y le manifestó  su deseo de conocerlo en persona, pero tendría que ser en su casa porque no la dejaban  salir sola. El bus  escolar  la buscaba y la llevaba a la escuela y la  regresaba a su casa. Entonces le dijo que fuera esa misma noche que sus padres no estaban porque  se habían ido para un casino y que amanecían jugando.
•-         ¿Y si voy que me das? - Le dijo sonreído.
•-         ¿Qué quieres que te de? - L e preguntó asombrada.
Página 31
    Joel había admitido aquella insinuación especulando que no era tan niña como pensaba, ni tampoco sería virgen; "ninguna señorita invita a un hombre a su casa a media noche",  se dijo, "mucho menos sin conocerlo". Lili se describió como una joven de tez blanca, cabellos cortos, ojos grandes y negros, delgada y de mediana estatura, le había dicho que tenía 16 años; Joel se electrizó con la idea de pasar con ella un rato en aquella noche sombría.
•-         ¿Cómo me vas a esperar? - Le preguntó.
•-         ¿Cómo  te gustaría que te espere? - Preguntó ella riendo.
•-         ¡En blusa de dormir transparente! - Le dijo - para admirar tu cuerpo.
•-         Ya la tengo puesta - le repuso - es azulita y clarita ¿Te gusta así?
•-         ¡Si, ya  te imagino! - Dijo Joel emocionado - pero me preocupa que lleguen tus padres y te sorprendan conmigo.
•-         ¡Ellos no van a venir! - Dijo con absoluta seguridad - y si vienen no te van a ver porque estas en mi cuarto.
    Para Joel estaba claro que  la joven no era virgen y accedió la incitación de la muchachita. Entonces ella le dio la dirección sugiriéndole que cuando llegara no fuera a pitar el taxi ni hiciera ruido al cerrar la puerta del carro, y que ella estaría pendiente en la ventana de su cuarto que estaba en el segundo piso.
    Ella lo llamó faltando diez minutos para salir de turno para ratificar si siempre  iba  ir, entonces Joel le dijo que si. Joel le pidió a un amigo que tenía carro  que lo llevara y lo fuera a recoger a la dirección de la jovencita. Cuando  llegó miró hacia arriba y vio su silueta asomada a la ventana, ella le hizo señas para que se acercara a la puerta mientras ella bajaba; Joel exaltado llegó  hasta  la puerta de aquella lujosa mansión y ella lo invitó a entrar  en silencio, entonces Joel le hizo una señal a su amigo  para que se fuera. Lili le pidió que subiera sin hacer ruido mientras ella aseguraba  la puerta; subió  y se detuvo hasta  que ella subiera. Joel se quedó embobado al ver aquella estampa femínea parecida a  una modelo; tenía puesta una bata de dormir de color azul  cielo y transparente que dejaba ver su interior cubriendo  aquel abultamiento sombreado; sus  senitos eran pequeños,  macizos y empinados.
Página 32
    Joel no logró resistir la  tentación de abrazarla vigorosamente en el umbral  de la puerta de la habitación y acopló sus labios a los de ella ensanchando el calor de la pasión. Entraron a la alcoba y se acostaron con las luces encendidas.
•-         ¡Me engañaste! - Le dijo Joel.
•-         ¿Ay  por qué? - Le preguntó.
•-         ¡Me dijiste que tenías 16 años y eres todavía una niña! - Dijo él - ¿Cuántos años tienes?
•-         Voy  a cumplir catorce en  septiembre - dijo apenada - ¿Pero que hay con eso?
•-         ¡Es que no me gustan las niñas! - Le dijo.
•-         ¡Ay pero eso no tiene nada! - Dijo - ¡Tu no me estás obligando!
    Lili se le fue encima a Joel besándolo con atrevimiento y entonces Joel se dejó arrastrar por aquel torbellino febril y la cobijó de besos desvalijándola de su bata, de sus sostenes y hasta de su pantaletas, entonces fue cuando  evidenció que aquella golosina apenas estaba umbrosa por una fina vellosidad y se juzgó abochornado. Lili le pidió que la abusara pero con primor para que no la lastimara, pero Joel seguro de su virginidad no quiso arrancársela por complacer su insólito comportamiento, la consideraba ingenua y casta. Joel en medio de los lascivos besos había acariciado aquel nidito sombreado y sintió cuando ella capturó su mano entre sus piernas, "es señorita" se dijo. Entonces, inmersos en aquel sopor infinito se entregaron arduamente a toda clase de travesuras  voluptuosas pero sin atropellar la virginidad de la menor.
    Ella observaba atónita la viscosidad que empapaba su vientre desnudo vaciada por la fiera enfurecida después de sofocar su hambruna.
Después, ella llamó al amigo de Joel que  al rato se presentó y Joel bajó en silencio en compañía de Lili y se despidieron con un beso ardiente.
    Joel estaba confundido con el procedimiento de aquella niña de bien, ella lo llamó a la noche siguiente.
•-         ¿Te gusté? - Le preguntó ella.
•-         ¡Como mujer si! - Le dijo - Pero me siento avergonzado.
•-         ¿Pero por qué dices eso? - Le preguntó - yo ya no soy una niña.
•-         ¡Pero para mi sí lo eres! - Le dijo - si yo tuviera tu edad o te llevara pocos años te juro que pasaríamos todo el día en la cama.
•-         ¡Yo no te veo viejo! - Le aseveró - me gustan los hombres mayores.
Página 33
•-         Si tuvieras por lo menos 18 años no te dejaría nunca - le dijo él.
    Joel evadía a Lili, su perspicacia social le dio a comprender que ella no era más que una niña abandonada en medio de la riqueza; sus padres ricos no pensaban sino en atesorar dinero mediante el juego, y alimentaban los casinos con millonarias sumas en donde amanecían jugando y tomando, mientras tenían a su única hija desamparada, sin cariño, sin caricias, sin comprensión, sólo con todas sus comodidades y caprichos y, ese quizás fue el peor de sus caprichos, quererse entregar al sexo desbocado sin importarle las consecuencias. Entonces, Joel se negó aprovecharse de aquella ocurrencia aconsejando a la niña como  si fuera su padre, ella lo supo entender y quedaron siendo amigos incondicionales.
    U
na noche que Joel se encontraba en turno Nadie lo llamó, y él confundido no sabía si cortarle la llamada o escucharla.
•-         ¡Hola mentiroso! ¿Cómo  estás? - Le dijo con su vocecita de niña educada.
•-         ¡Hola, muy bien! ¿Y tú? - Le respondió.
•-         ¿Ya te olvidaste de mi verdad? - Le preguntó.
    Joel quiso aprovechar aquel instante para concluir su alucinación legitimando aquella consulta, pero la candidez de aquélla vocecita embrujada lo desconcertó en el momento.
•-         ¡Jamás podré olvidar la noche que te besé! - Le dijo como si estuviera cantando una canción - ¿Y tú me has olvidado?
•-         ¡Es lo que siempre he deseado! - Le dijo - ¡Pero me ha sido imposible!
•-         ¿O tu crees que yo pueda olvidar todo lo que hemos vivido?  - Le confesó - Te entregué mi amor desde niña.
•-         ¡Si, pero yo he sido un trujan contigo! - Dijo él - ¡Y eso, ni yo mismo me lo perdono!
    Platicaron  toda la noche hasta que Joel se despidió de su turno y de Nadie, y sin pretenderlo volvieron a caer al fondo del abismo de pasiones voluptuosas hasta que Selene orientada por la espía que había dejado en la emisora, descubrió a su hermana contraviniendo sus ordenes y se lo hizo ver a sus hermanos que de inmediato la enviaron a la capital privándola de todas las libertades de que gozaba, entre ellas no retornar a la ciudad, ni comunicarse con Joel.
    Pasaron los meses, y cuando Nadie tenía oportunidad llamaba a Joel, pero siempre encontraba la línea ocupada; persistió en su vano empeño por días, meses quizás y nunca pudo comunicarse con su novio.
Página 34
Los celos devoradores la atormentaban, lo suponía despojando otra niña, hasta aquélla noche en que por fin tropezó evacuada la línea.
•-         ¿Halo? - Le contestaron.
Titubeó al instante, no  era la voz varonil de su amado.
•-         ¿Haloo? - Le reclamaban.
•-         Buenas noches - dijo por fin - ¿Me puede hacer el favor de decirme que turno tiene Joel?
•-         Joel ya no trabaja aquí señorita - Le respondió el locutor en turno.
    Nadie ni siquiera pudo dar las gracias al locutor por la información aquella que le heló la sangre en sus venas, quedó petrificada como la mujer de Lot, y un sudor frío recorría su cuerpo. Tirada sobre su lecho se sumergió en un océano de lágrimas aciagas, su corazón había quedado destrozado por completo. Como loca en luna nueva se rasgó su vestimenta y se tiraba de los cabellos desesperada. Todo estaba perdido, Joel no tenía donde llamarla y ella tampoco sabía donde llamarlo.
    Se la pasaba vagando el cuadrante de su portátil con la ilusión de descubrirlo en otra radiodifusora pero su obstinación fue fútil, Joel parecía habérselo tragado la tierra. Ella había estado segura que al final de su carrera Joel se casaría con ella y, añoraba sentirse a su lado rodeada de sus hijos, era él el amor de su vida. Desde que era sólo una niña ya lo adoraba en la complicidad de su secreto; se entregó a él en cuerpo y alma por amor y por amor le indultó su engaño. Había transcurrido un docena de años entre el amor y la incertidumbre y todo se lo había llevado el viento:  su amor infantil, su amor intrínseco, su virginidad, su ilusión y sus sueños.
    Nadie estaba extinguiéndose en vida y sus hermanos tuvieron que llevársela para Italia a que continuara su carrera, era la única forma que creían ellos que olvidaría aquel mal recuerdo.
    Enclaustrada en su frío aposento cautivaba su melancolía con la reminiscencia inmemorable de aquellas noches en que se amaba con su novio en la virtualidad y aquellas tardes de amor lujurioso que disfrutaron con enardecida pasión; entonces, se consolaba en silencio su apetito carnal en medio de lisonjeras convulsiones.
Página 35
    Joel no floreció más en la vida de Nadie, se había excluido totalmente de la radio y se empleó en un puesto público sin volver a tener noticias de su novia juvenil, a la que había logrado querer aunque su amor le mortificara su alma indecisa por tener el corazón repartido entre dos mujeres, su mujer y su novia.
    Pasado el tiempo el corazón fatigado de Joel sufrió un colapso que lo recluyó en una clínica de la ciudad. Llegó en estado inconsciente transportado por los compañeros de trabajo; al recobrar su sentido se molestó al verse atendido por un por un joven médico, no le tenía confianza a los galenos contemporáneos, entonces fue cuando se le acercó la directora de la clínica para persuadirlo. El joven médico no tendría más de veinticinco años, era alto, delgado y de tez morena y de carácter recio y, conversó con su paciente rebelde recalcándole la urgente necesidad de tratarse aquel corazón destrozado por sus travesuras amorosas. El médico ordenó los exámenes de rigor y programó la intervención después de convencer al testarudo paciente.
    A la siguiente mañana Joel fue reubicado a una habitación individual con servicio de televisión y todas las comodidades ante la perplejidad de su familia que pensaba en lo que le costaría aquella atención.
Estaba meditando cuando se le acercó la directora de la clínica con los resultados de los exámenes, entonces empezó a interrogarlo sobre su vida y Joel se confesó con la doctora que lo observaba firmemente. La médica se acomodó sobre la litera y mientras le tomaba la presión le fue de nuevo interrogando.
•-         ¿Usted no me recuerda? - Le preguntó ella.
•-         ¡No, doctora! - Le aseguró - su rostro me parece ser conocido pero no recuerdo más.
•-         ¡Yo si  te conozco! - Le dijo ella con firmeza.
•-         ¿A mí? - Dijo sorprendido - ¿Y quién es usted?
•-         ¡Yo soy Nadie! - Le dijo - y salió de inmediato con pasos agigantados.
    Joel se quedó sin comprender la actitud de aquella doctora, pero empezó a reflexionar en todo lo que le había dicho y fue entonces cuando comprendió que aquella doctora en verdad era Nadie, aquella muchacha que se había enamorado de él cuando era sólo una niña, aquella muchacha a quien le arrebató su honor, aquella muchacha rica que lo había amado con tanta intensidad y que él no pudo responderle de la misma manera; entonces, se amedrentó.
Página 36
    El joven médico llegó tan pronto lo habían llamado, su paciente había sufrido otra crisis cardiaca, entonces lo trasladaron al quirófano y cuando estaban a punto de operarlo la tiniebla cubrió el escenario y tuvieron que regresarlo a su habitación bajo estricto tratamiento. Estaba sumergido en un profundo sueño y en aquel letargo vio a Nadie corretear con sus muñecas por el jardín de su casa, la vio con su uniforme del colegio portando su maletín escolar, la vio absorbida por su cuerpo en un impaciente huracán de pasiones voluminosas y la vio con asombro cuando despertó; estaba sentada a su lado acariciándole la calva que había empezado a desbaratar su cabello jabonado.
    La salud de Joel era  deplorable y Nadie era consiente de eso, por eso fue que habló con los médicos para convencerlos  que de nada serviría la intervención quirúrgica porque ya nada podía hacerse, el cáncer había acabado con aquel corazón ya muerto.
    La familia fue  enterada de la situación y acogieron con resignación la decisión médica. Nadie habló con la mujer y los hijos de Joel.
    Joel agonizaba aquella mañana cuando Nadie llegó a verlo, lo besó con ternura y este la tomó de las manos, pidiéndole perdón.
•-         ¡No hay nada que perdonar! - Le dijo - ¡Me dejas un grato recuerdo!
•-         ¡Cuál recuerdo si he sido un miserable contigo! - Le refutó
•-         ¡Tu hijo! - Le dijo con los ojos bañados en lágrimas.
    Joel sintió que su corazón había dejado de latir, pero su mente era lucida y en ella evocaba que nunca había sabido que ella hubieses quedado embarazada porque jamás había depositado en ella su germen.

             N
adie  en su destierro no había dejado el desenfreno de satisfacer sus instintos carnales en la soledad de su aposento; en cada ensayo se deleitaba olfateando el contenido del frasco en donde tenía resguardado el polen de su novio que cada vez que se amaban ella lo recogía de su vientre y lo coleccionaba en frasquitos de inyección que marcaba con un  rótulo y que conservaba refrigerados, "es para mis prácticas de bacteriología" le decía a Joel cuando este sorprendido le indagaba sobre su proeza.
Cuando estaba llegando al éxtasis se hacía derramar el contenido de los frascos en su intimidad inflamada y se lo introducía con la ayuda de sus dedos. Quedaba desmayada y obsesionada con el recuerdo eterno de su amor.
Página 37
    Fue su hermano quien la descubrió cuando fue a visitarla a la ciudad de Milán en donde terminaba su carrera, entonces la metió en un severo interrogatorio y le confesó que su único contacto con hombre fue con Joel, pero que desde que él se fue ella jamás había tenido relación con ningún hombre, y entonces la sometieron a rigurosos exámenes hasta concluir que Nadie había quedado embarazada por una semilla que alguien había dejado abandonada en los sanitarios de la universidad.
    Sólo Nadie sabía que su embarazo fue provocado por ella misma al depositar la semilla de Joel que celosamente almacenaba congelada, en su fértil huerto, en donde germinó sin que ella lo pretendiera, pero era su hijo, era el hijo de Joel aunque él absolutamente no hubiera sembrado  su semilla entre sus entrañas.
    Nadie había regresado al país embarazada por un microbio, y nunca consintió a que sus hermanos le desenterraran el fruto de su aberrante locura. El niño nació y Nadie terminó su carrera satisfactoriamente. Ella no quiso casarse viviendo aferrada de un amor inconcluso y vivió sólo para su hijo.
    En la familia había un médico, un cardiólogo y una bacterióloga, entonces montaron la clínica "Gabino Ferry", propiedad de la familia Ferry y dirigida por Nadie Ferry y, en donde Joel expiró en los brazos de su amada Nadie con aquella exhalada sentencia: "¡Nadie sabe quien es el padre sino la madre!";  y el hijo de Nadie siguió siendo: "¡El Hijo de Nadie!"
  
  
  

FIN
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra.
                                      @
              Derechos Reservados de Autor
6150

Cargando comentarios...