URIBE VUELVE Y JUEGA
Por: José Bejarano Pérez
Quienes en Colombia promueven la reelección del presidente Uribe son los mismos que no quieren soltar la ubre estatal, saben ellos que sólo así podrán continuar mamando para sustentar sus intrigas.
Los parlamentarios siempre que abordan un Proyecto de Ley no lo hacen en miras de favorecer al pueblo, sino para proteger sus intereses pancistas o de sus patrocinadores de campañas, que no son otros que los mismos oligarcas que convulsionan la economía del país.
Los políticos nuestros, concientes de la falta de cultura política que adolece el pueblo, se aprovechan de su ignorancia divulgando encuestas en las que aparecen gozando de altos favoritismos amañados, para comprarles su conciencia con dinero, o materiales de construcción y/o sostenerlos en los empleos, y así, mediante estas destrezas depravadoras logran los resultados que los conducen a triunfos apócrifos.
Si el pueblo votara a conciencia,  la reelección no hubiera triunfado, pero el campo está propicio, no sólo para una segunda reelección del presidente Uribe sino para todas las reelecciones que sus aliados ambicionen; primero, por sus maquinarias y segundo por ser mayorías en el parlamento, y cada vez que sea reelegido el congreso volverá a "convocar al pueblo" para que apruebe otra reelección, y otra y otra, y soportaremos a Uribe hasta final de siglo.
Nuestra Constitución se ha convertido en una corcha de retazos, cada vez se reforma este o aquel artículo aferrándose a Actos Legislativos, Consultas Populares, Referendos o Plebiscitos, para justificar sus pretensiones.
La figura de la reelección presidencial invariablemente permanecerá reinante, y se transfigurará de acuerdo a las pasiones de los legislativos. Si Álvaro Uribe, hubiese perdido las elecciones anteriores y el presidente fuera Horacio Cerpa, por ejemplo, ahora se estuviera promoviendo la eliminación de la reelección presidencial, a fin de que Cerpa no se volviera a postular, pero como es Uribe, entonces se formula inmortalizarlo en el Poder.
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Si existiera un axiomático líder que persuadiera al pueblo del perjuicio que se engendraría si reinciden en reelegir a Uribe; que dedujera que éste es un presidente de la elite y perseguidor de la clase trabajadora y del campesinado; que infaliblemente es un arrodillado de los yanquis; que instruyera al pueblo sobre los desastres de la economía nacional, el aumento del desempleo, el acrecentamiento incontrolable de la corrupción administrativa, la inseguridad reinante en las urbes, la anarquía jurídica que permite la liberación de criminales, la injustita de la justicia colombiana que encarcela a inocentes y absuelve culpables, los falsos dispositivos que llevaron a la tumba a inocentes campesinos, la inasistencia social a miles de damnificados por los desastres naturales;  que exponga al pueblo sumido en el letargo uribista, que todas las buenas acciones del gobierno sólo existen en la imaginación del presidente y sus vasallos, con la aquiescencia de los medios de comunicación masiva, fieles lacayos del capitalismo salvaje; entonces, el pueblo asumiría el control de la nación eligiendo a un verdadero líder que revolucionara todo el sistema social y económico a favor de la clase trabajadora, del campesinado, de los estudiantes, de las clases populares en general, en honor a una verdadera democracia participativa en reemplazo de la democracia de papel que nos asesina.
Desafortunadamente, ese líder no existe en Colombia, todos quienes manifiestan ambición presidencial son cucarachas del mismo calabazo. No hay en Colombia conciencia, ni cultura, ni ideología política, y hasta la izquierda ha perdido su brújula; cada quien se arrima al árbol que más de sombra, sin importar colores políticos, y así vemos a cada momento liberales y conservadores fraccionados en grupillos políticos sabaleándose de un lado a otro a como les vaya en gana, siempre en defensa de su pretensiones personalistas. Igual situación viene ocurriendo con el partido de izquierda Polo Democrático Alternativo, en el que han convergido grupos de diferentes tendencias de izquierda: moistas, trokistas, leninistas, entre otros, y han permitido arribistas de los partidos de derecha.
Si esos, que fomentan una segunda reelección del presidente Uribe, soberanamente se preocuparan en las conveniencias del país y no en la de ellos, se darían cuenta que con esa cruzada la nación sólo obtendría dos años de gobernabilidad, porque los otros dos años son de campaña electoral del presidente Uribe; ya sucedió en la pasada contienda y se volvería a repetir de sancionarse sus ínfulas ego centristas; advertirían además, que no sería democrático eternizar a Uribe en el Poder.
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Son ellos quienes reprochan a Chávez por quererse perpetuar en el Poder en Venezuela, sin embargo empujan el sempiterno Mando para Uribe.
El mismo Uribe dice no estar engolosinado en una segunda reelección, pero lo dice de los dientes para fuera, porque en el fondo es lo que más ambiciona, y lo escucharemos más tarde decir: "¡En vista de tanta insistencia y poca resistencia, acepto!"         
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