Próximo Amanecer: Capítulo I (Parte tres)
Esperanza comienza a moverse hacia donde él estaba, mientras desprendía el hacha de su cabeza.
A cada paso que daba, él retrocedía; de pronto quedó acorralado contra la pared, por su propia sirvienta.
Él se encontraba acorralado en su propia habitación, por su propia sirvienta; con cada músculo del cuerpo totalmente tenso. Sus movimientos eran rígidos, casi robóticos.
De súbito alguien se introdujo a través de la ventana y rodó por el suelo. Quedó en medio del verdugo y su cuerpo rígido. Se puso de pie justo cuando Esperanza dejaba caer el hacha sobre la cabeza del muchacho. Luego de esto desapareció, literalmente se hizo humo. Dejando atrás su capa negra amontonada en el suelo, frente a Esperanza y la pared.
El joven aprovechó aquellos instantes de confusión para huir hacia la puerta, para escapar de las manos de la diabólica Esperanza, que parecía querer acabar con él a toda costa.
Corrió por toda la casa, buscando en dónde esconderse. Parecía que estaba totalmente solo. ¿Dónde diablos están todos?, se preguntó. Pero lógicamente no estaba en condiciones de responderse tal pregunta, no con Esperanza tras sus pasos.
Se asomó por la ventana del escritorio de su papá, notó que el paisaje de afuera, ya no era el de antes. Su casa estaba situada ahora en un lugar campestre, un lugar que no conoce, pero que le recuerda mucho a un pueblito de sur, llamado "San Pablo".
Parecía que tanto la ubicación de la casa, como la estación del año, hubiesen cambiado súbitamente durante la noche, en ese lugar todo era un mar inmenso de hojas secas. Se perdió por un momento en ese hermoso paisaje; se percata de que ya se asomaba el sol, pintando todo de colores sucesivos, como los del arcoíris.
El ruido del hacha cayendo escalón por escalón, lo despierta de las fantasías más inesperadas, bajo esas circunstancias. Vuelve en sí y decide aventurarse al mundo tras la ventana del escritorio de su papá. De un brinco abandona la habitación, cerrando estúpidamente la ventana tras de sí.
Estando afuera de la casa, aún podía oír el ruido que ocasionaba el hacha, al arrastrarse por el piso de madera. Un ruido rasposo ahogado por la distancia, por la ventana que se interponía.
Se encontraba en un paraje desconocido, misterioso bajo la luz de la mañana. Los rayos del sol envolvían el césped, que en un abrazo calcinante evaporaba el rocío. La neblina era espesa, engañosa, sutilmente amenazante. Las gotas de agua le empapan el rostro y las manos. Podía sentir la humedad, aunque todo hasta ahora le declarara irrealidad, a pasos sobre zancos. Para él era real, estaba seguro de que así era, temía por su mi vida, dudaba de su sobrevivencia.
De pronto la luz desapareció, el cielo se cerró en oscuridad y se vio envuelto en penumbras, como al principio de ese calvario horrendo. Esperanza reaparece en escena, traía consigo aquella hacha alzada, amenazante. Se acerca lentamente hacia donde él estaba. Esta vez no podía retroceder.
Su cuerpo lo traicionó, su alma lo abandonó, se esfumó; perdió por completo sus energías y solo logró darse cuenta de la caída, cuando su cabeza chocó contra el suelo. No sintió dolor alguno, solo vió el barro salpicando su rostro, luego de esto un desvanecimiento.
(...)

Cargando comentarios...