Capítulo I: ¿PESADILLA? (Parte 1)

Se encontraba en su cuarto, recostado en su cama. En una de esas noches cálidas de verano. La particular claridad que ofrece ésta época del año, era la que precisamente no lo dejaba dormir.

Poco a poco sus ojos se entrejuntaban y la pereza invadía su mente, entregándose casi por completo al mundo de los sueños. Ahí se encontraba, inmóvil sobre su cama, avanzando poco a poco al umbral de aquel mundo lleno de posibilidades, cuando un golpecito en la puerta se cruzó en su camino, haciendo que retornase al mundo de los mortales.

Cuando logró abrir por completo sus ojos, se percata de que su habitación, ya no estaba iluminada por la luz correspondiente a la época antes mencionada, y encontrándose en penumbras, sintió la necesidad de cubrirse con una frazada.

De un momento a otro comenzaron a surgir ruidos extraños en la oscuridad. Un crujir de madera interminable se hacía presente. Era como si la casa estuviese quebrándose de forma continua. De pronto, se escucha un zumbido desde el exterior, el viento azota la ventana, haciendo que ésta se abra de golpe. Envuelto en el horror, cogió la frazada y la deslizó por su cuerpo cubriendo por completo su rostro, presa del miedo.

Ensimismado en lo más profundo de su ser, buscó energías o tal vez coraje, para afrontar sin miedo alguno, la tenebrosa noche que le agobiaba. Su mente jugaba perversamente, haciéndolo sucumbir ante los más hostiles pensamientos y su corazón se estremecía al mismo tiempo, obligándole a soportar los sentimientos más vanos que jamás hubiese imaginado.

Cuando reunió el valor suficiente para destaparse la cara y afrontar sus miedos, hasta ahora inexcusables. Se vio envuelto en una densa negrura. Torpemente se precipitó a buscar la lámpara del velador, pero sus esfuerzos fueron en vano. Su mano solo encontró un vacío, que parecía infinito. Se movió hacia el otro costado de la cama, pensando que la sirvienta había trasladado el correspondiente velador hacia el otro extremo. Al estirar su mano, aumenta su desdicha al tropezar con la nada inagotable.

Se tumbó en su cama, hundiéndose en la cabecera, resignado a mantenerse en completa oscuridad. El viento sopla cada vez más fuerte, recordándole que la ventana aún seguía abierta. Se pone de pie en un instante, casi por inercia y se aproxima a la ventana con el afán de cerrarla.

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Estaba en eso, cuando en un rechinar se abre la puerta, sí, era un desconocido envuelto en la penumbra que reinaba en la habitación.

Una dudosa y débil luz se aproximan, hasta los pies de su cama. Trató de distinguir aquella silueta misteriosa que se dibujaba entre la espesa negrura. No logró distinguir su identidad. Sus ojos no han podido acostumbrarse a la penumbra y su corazón se acelera cada vez más. Entre jadeos, tomó el valor suficiente para preguntar quién había atrevido a introducirse de manera tan grotesca a su cuarto.

Con su voz completamente cortada interrogó a la silueta que se dibujaba en la oscuridad: _ ¿Quién eres, qué deseas de mí y por qué has entrado de ésta manera tan imprudente a mi habitación?_

(...)

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