El adiós de un soñador
Fui un soñador eterno y un amante constante que jamás dudó en dar, porque –para mi— el dar contiene más sentimiento que el recibir.
Ciertamente en mi vida recibí muchos desencantos, pero siempre utilicé la habilidad para remediar ese dolor causado, culpándome a mi mismo de haber tenido la responsabilidad de haberlo provocado y ello me dio notoriamente el alivió y la paz necesaria para descargar mi consciencia.
Ahora, entonces, me puedo retirar de las escenas de la vida con mi orgullo absolutamente digno y blanqueado, porque no cargo deudas, ni cadenas odiosas y porque amé la vida con claridad y convicción, donde siempre le di una oportunidad a la humanidad, persuadido que la mayoría de las veces la maldad no existe y, en realidad, es solo una manifestación de la estupidez que ciega y confunde y que ello –a final de cuentas- es posible de analizar, explicar y justificar.
Lleno de agradecimientos me voy con todo lo recibido, todo lo vivido, todo lo aprendido, todo lo que se me permitió construir a mi paso y en mi entorno y, sin dudarlo ni por un solo segundo, de haber abrazado, de modo sincero, la dicha de haber amado intensamente y con toda la nobleza de mi corazón.
 
Juan Carlos Reyes Cruz
Diciembre del 2024
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