Un siervo feliz.
 
Soy lo que vez…  
nada menos y nada más.
Soy, irremediablemente,
el atrapado trovador anónimo
en las redes de tu amor…  
 
No obstante, y ciertamente,
cómodo, resignado y dispuesto estoy
a entregar mi entereza obnubilada
por el inevitable encanto
de tu primorosa carnada
que ha sido  palmaria, aromada
y exquisitamente sutil…  
 
Por lo tanto,
de hinojos ante ti,
inclino con humildad mi arrogante tez  
rindiéndome sin mediar
ninguna condición   
y hacer de esta alma desgraciada
un hidalgo caballero
sonriente y feliz.
 
Porque en mi torpe parecer
se me hace imposible vivir
sin poseer el dulzor de tu miel,
la suavidad de tus besos
y la calidez de tu desnudes.
 
Tan intenso es mi amor por ti
que mi petulancia descansa hoy
en los jardines de la humildad
hecha pan fresco,
como exclusiva ofrenda para vos,
mi obsesivo amor.
 
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