Bailando contigo.
Cual rayos, o guías de luz, tus dedos, con su pálida finura, se extendieron hacia mi buscando enlazarse en los míos, acompañados de un coqueto y risueño ademán de tu mirada, para que yo, invadido por el gusto, les recogiera encantado… Sonaba en el aire aquel tema melancólico que desde un lúdico tiempo ya nos venía atrapando. Asumí, hidalgo,  una elevada postura predominante e hice flamear tu brazo desnudo por encima del cielo de tus cabellos, haciéndote girar elegantemente en torno al eje de tu bella anatomía, impregnando  el ambiente con la estela perfumada que se desprendía de aquella deliciosa fragancia que te distinguía, para acabar atrapándote en mis brazos  cual fueres mi musa de ballet y contener tu dulce cintura de caramelo. Tu mano habilidosa me acarició el cuello por debajo de la nuca, como las de una excelsa pianista interpretando una melodía arrulladora y tus labios rojos rosaron el lóbulo de mi oreja estratégicamente, sazonando mágicamente el instante con una pizca dosis de misterio. Desde lo profundo de tu semblanza percibí en ti una emoción inquieta y esta se confirmó a través de tu aliento modulado que se trasformó en suspiro, lo que rápidamente  me hizo evaluar los atractivos y favorables matices que me ofrecías y zanjar una atrevida determinación, llevando a mi osada pierna alta a dar un intrépido paso por entre tus tibios y sedosos muslos, al tanto que el resto de nuestros cuerpos colisionaba en un pacto íntimo y consensuado. Te volviste a mirarme fijamente a los ojos y me regalaste una sonrisa, como si levantaras entre nos  un puente iluminado; yo, en tanto, sostuve con mi siniestra tu otra mano y la apreté con ansias, trasmitiendo mi deseo intrínseco que, impetuoso, me brotaba desde el alma.
Los sones melódicos cautelaron nuestro sentir y nuestros pies transitaron libres y confiadamente, navegando como una barca al garete en aguas sinuosas, sin amedrentarnos, al tanto que tu mirada tierna se amparó en mi voluntad de modo  incondicional, bajando los párpados por encima del claro gris de tus ojos que me encantaban.
Tenerte en mis brazos, acunada en mi pecho, percibiendo la sensualidad de tu vientre vivo comprometiéndose conmigo, aspirando embrujado el compilados de aromas de tu espacio, de tu piel, de tus cabellos, de tu chanel, tu rouge y aliento fresco de boca impoluta, porque eran todas  una enloquecedora experiencia que no se podía terminar e inspiraban solo a concluir en una preciosa fusión sensual.
Página 2
En cada giro que dábamos sobre la pista enlozada, atrapaba con mayor fuerza y ansia tu cintura y mis labios se aproximaban atrevidos y temblorosos hacia los tuyos, rojos, sonrientes y afanosos.
Aun quedan fraguadas en la esencia de mis recuerdos esas dulces cenizas de mi pasado. 
Haqn pasdo, claro está, muchos, muchos años...   
 
1200

Cargando comentarios...