Arrastro su maltrecho cuerpo e hiso un enorme esfuerzo conteniendo su respiración. Clavo las uñas en los pantanosos barros debajo de ella, su pierna izquierda estaba en pésimas condiciones. No tenía suficientes energías para levantarse, la anterior golpiza que sufrió mientras estuvo encerrada dentro del siniestro mausoleo acabaron con su pobre espíritu.
Un día completo a solas y a oscuras. Temía por su vida, cada instante que pasaba controlando a sus captores que bajaban o subían hacia las otras celdas mortificando a los prisioneros allí recluidos. En sus grasientas manos portaban unas filosas tenazas con pinches en sus extremos; a un joven de cabellos oscuros, que se entregó a cambio de salvar a su madre y hermanos le obligaron a hincarse a tierra, con sus brazos adelante y la cabeza agacha en suma rendición. El primer golpe lo inicio un guardia corpulento que saco de un reluciente estuche un extenso látigo, este superaba unos tres metros de longitud. Sonrió altivo y con un claro intercambio de miradas entre él y un guardia de menor rango, este se acercó hacia el hombre que tembló al notar como se relamía lascivamente los labios.
Trajo unas esposas del mostrador que lucían otros aparatos de tortura y diversos envases con sustancias extrañas adentro. Jeringas, sueros de colores negros y opacos, unas remarcadas inscripciones indicaron cantidad y números para administración intravenosa. Varios libros de información general con experimentación en genes humanos y de razas extraterrestres correctamente empleados en técnicas de avance tecnológico, cuentas matemáticas donde figuraban hechizos de alquimia y una importante descripción geográfica de las regiones sin explorar en el sistema interestelar.
El muchacho palideció. Su muerte estaba próxima, gotas de sudor le empaparon su blanquecino rostro. Estrecho los ojos como si intentara reaccionar de aquella espeluznante pesadilla, apretó sus sienes con ambas manos le brotaba mucha sangre, los golpes eran simplemente insoportables. Un largo gemido salió de su boca, tenía un mal presentimiento, en ese corto grito su alma quería liberarse, necesitaba llorar a través de esa triste agonía, resistir aunque la vida se le escape ante el rudo castigo sobre su maltrecha espalda, unas cuantas marcas rojas le resaltaron como si lo estuviesen despellejando. Así continúo ese juego macabro hasta altas horas del anochecer.
Finalmente el valiente muchacho sucumbió en medio del tortuoso proceso.
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Donatella sintió una pena enorme al recordar cómo habían acabado con sus últimas esperanzas, le golpeaban, escupían y se atrevían a mencionar una vez el estaría muerto, lo que acontecería a sus familiares también recluidos en las oscuras mazmorras penitenciarias.
¡Que iba a pasar en adelante! Ella, apenas con suerte pudo llegar hasta una recamara que por el momento estaba sin vigilancia, los abusadores se marcharon no hacía mucho tiempo. Sostuvo su pierna mientras alzo el cuerpo para erguirse, le costaba mantenerse despierta, los ojos se le empañaban al divisar la habitación semioscura. Hallo unos cuantos documentos repletos de información sobre otros experimentos científicos pero estos, radicaban en una galaxia alterna.
Ella puso una mueca satisfecha, finalmente el destino coloco esos papeles entre sus manos. Pronto cobraría venganza, la muerte de esos prisioneros no iba a quedar impune. El seria su impulso, también le haría justicia, el muchacho iba a resucitar dentro de su acongojado espíritu, y hambrientos de furia asesina quemarían hasta al último maldito demonio que les impuso su maldición. Donatella seria recordada no solo como una invencible reina, ni como un alma azarosa entre aquellos enfrentamientos infernales. No, ella se tornaría inmortal.
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