Gustavo E. Alfonzo Velásquez
                                               
                                                  CUANDO PASE EL SARAMPIÓN
           
            El Sarampión es, quizá, una de las enfermedades más democráticas de todas las que aquejan al ser humano. Su contagio se produce de persona a persona y los humano son los únicos huéspedes naturales conocidos del virus que la produce. Asimismo, un ser humano sólo se infecta una vez en la vida con ese virus, ya sea por el contagio con un enfermo o inoculado al organismo a través de la vacunación; pero, a partir de ahí se crea una inmunidad permanente. Por ello, no importa cuánto nos cuidemos del contagio de la enfermedad, estamos expuestos a contraerla; si no estamos inmunizados, claro.
Según la Enciclopedia Médica (una bien viejita que conservo desde hace muchos años), es una enfermedad "altamente comunicable y de carácter agudo, que es común en todo el mundo". Esto permite asumir que es altamente contagiosa. Más adelante, la citada enciclopedia nos informa que los síntomas característicos recuerdan al resfriado común, pero el paciente presenta fiebre persistente y aparecen algunas erupciones en lugares específicos, que luego van extendiéndose por todo el cuerpo. Alarmante ¿no? Insiste el imponderable libro en que la enfermedad es encontrada en todas partes, sin tomar en cuenta para nada el clima, la raza o el nivel económico o social. ¡Sí, efectivamente es democrática!
En los casos de personas que hayan desarrollado la enfermedad (por no estar inmunizadas), las curas y terapias, sean de carácter científico o empírico, aunque no curan la enfermedad, tienden a mejorar al paciente. Esto, porque hay quienes recurren a los antibióticos y medicamentos; otros, a las infusiones de yerbas, como ocurre en algunas sociedades que aún mantienen procedimientos estrictamente basados en la botánica.
Sin embargo, el gran secreto está en mantener a raya la fiebre, una de sus manifestaciones más peligrosas. En Venezuela, hace unas cuantas décadas, existía, sobre todo en las comunidades rurales, la creencia popular de que era necesario restringir las comidas sólidas, de manera que el paciente era sometido a rígidas dietas a base de líquidos preferiblemente, además de proveer suficientes brebajes y preparados para refrescar, como el agua de arroz y otras especies.
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Aunque esto se ha ido modificando a través del tiempo, pues ahora se recurre con más frecuencia a los servicios médicos y a una dieta completa para mantener al paciente con suficientes defensas. A mí, cuando me contagió el sarampión, me pusieron en cuarentena, como era usual en aquellas épocas; me mataron de hambre y me agobiaron la vida por cuarenta días completos. Hasta que después comencé a comer mejor y a asomarme de mi encierro. Estaba pasando el sarampión.
En esa misma perspectiva del sarampión y de igual manera que el organismo humano, las sociedades también sufren (o contraen) algunas enfermedades, en la concepción de que una sociedad también es un organismo y se enferma cuando es penetrada por algún elemento extraño; y, en ese caso, los componentes de esa sociedad: la gente, cual leucocitos, deben acometer la dura faena de curarla de su afección.
Las sociedades son organismos porque quienes las conforman también los son; y como las sociedades forman el mundo, entonces el mundo también es un organismo, sólo que más grande y complejo. Pero en el caso de las sociedades, la cuarentena actúa no sólo como un efectivo procedimiento de profilaxis para prevenir posibles contagios; sino, también como un aislamiento impuesto con el fin de preservar su reclusión mediante mecanismos coercitivos dirigidos a imponer y enraizar en la población una ideología, al tiempo que se reprime la disidencia (como ya ha ocurrido en algunas partes del mundo en otras épocas), en lapsos que pueden estar determinados únicamente por la reacción de quienes se sienten afectados por la medida.
Un ejemplo de ello es la caída del muro de Berlín y la "cortina de hierro" de la Unión Soviética; y en Cuba, porque después de las tribulaciones sufridas durante la larga enfermedad, los leucocitos han ido cobrando mayor fuerza y parecieran marcar el inicio de la convalecencia.
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Pero cuando vemos al mundo como un gran organismo, no podemos menos que intentar un reconocimiento de sus características... ¿de dónde viene? Estaba allí cuando llegamos. Pero, ¿el mundo siempre ha sido así como lo conocemos? Bueno, tenemos que remitirnos a los registros escritos que han ido quedando y que alimentan nuestro acervo, nuestro intelecto y nuestro espíritu. De acuerdo a la base de conocimientos existente, nuestro planeta, como todo planeta, ha tenido que sufrir una serie de fases para su formación, pues, precisamente, según afirma la Geografía Universal, todos los planetas cuando nacen son gaseosos, luego pasan al estado líquido y finalmente se solidifican. Sólo que en el caso de La Tierra, su solidificación fue parcial y se constituyó en un planeta cuya masa sólida está inmersa en un medio acuoso. En ese entorno, comenzó a desarrollarse la vida.
Tomando como referencia la Teoría de Oparín, que me apasiona por su certeza y por la convicción que inspira, la vida se originó en un medio fluido ¿? ¿agua? Bueno, es lo que trata de explicar. Ahora bien, de acuerdo a esos estudios, la vida subyacente en el agua sintió la necesidad de evolucionar para ocupar espacios, y así lo hizo. Es esa la Teoría de los Coacervados de Oparín, que intenta explicar cómo las formas unicelulares habían ya evolucionado a organismos multicelulares de diferentes formas y necesitaron pasar al medio sólido, no porque estos organismos fueran socialistas, sino porque se imponía el principio de la vida de diversificarse a través de todo el entorno existente.
            Después de toda la historia conocida de imperios y conquistas, que aún existen, sea cual fuere su ángulo, hay que asumir que el orden natural del hombre es imponerse sobre otros. Es ese el paradigma a romper; pero no es Carlos Marx quien va a guiar el resto de mi existencia hasta que me acueste en mi tumba, tampoco lo será algún vaquero del Norte. La historia del mundo tiene que tomar un giro hacia la coherencia.
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El mundo actual no es ni se parece al de hace setenta años, cuando el nazismo se adueñaba de un mundo muerto de miedo; pero ¿cuál es la diferencia de ese entorno al que estaba planteado cuando la invasión de los mongoles? Era igual, sólo que los bárbaros sometían en sus conquistas con sus espadones curvos y su arrojo; en tanto que los nazis lo hacían, a lo interno, con la fuerza creada por el antisemitismo, el ofrecimiento de alcanzar la relevancia de la "raza aria" y un romántico resurgir de la sociedad alemana de otros tiempos, donde todo giraba en torno a un nuevo orden social y político, pero que resolvía algunos problemas económicos inmediatos por la vía de hecho; a lo externo, con un inusitado desarrollo armamentista y una conciencia creada en la población alemana de exacerbado nacionalismo.
Allí se daba una condición determinada por el choque violento de corrientes ideológicas en ebullición, que para ese entonces tenían cierta vigencia, donde se planteaba como necesidad escapar, por un lado, a los efectos de la decadencia de Occidente; por el otro, a la amenaza del comunismo ruso. Pero este fenómeno orientado a imponer nuevas normas mediante gobiernos dictatoriales no sólo tenía espacio en Alemania sino también en Italia y Japón, países donde se implantó una línea vertical que pendía del burocratismo y la exclusión. Lo mismo ocurriría en el proceso de conformación de la extinta Unión Soviética. Todo ello, historia pasada.
En la actualidad, muchas naciones atadas con anterioridad a un férreo sometimiento ideológico, donde se cuentan países que giraban en la órbita comunista de China y Rusia, ambos incluidos, se han liberado (se han vacunado o han superado la postración de la enfermedad) y han logrado avanzar hacia mejores posibilidades de existencia, prescindiendo en un alto grado de la rigidez de esquemas ideológicos impuestos, cuya inviabilidad se ha demostrado abundantemente.
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Latinoamérica, por ser un organismo que no ha atendido debidamente la prevención, ha sido por siempre propenso a la enfermedad, igual que los países asiáticos y africanos, cuya debilidad ha sido precisamente el alto nivel de pobreza. Porque es precisamente en la pobreza donde mejor evolucionan los virus, dadas las condiciones de necesidad y la baja calidad de vida, lo que es perfectamente demostrable al examinar concienzudamente la Historia Moderna, encontrando que cualquier país que haya sufrido el virus del comunismo, proviene de una fase de pobreza crítica, necesidades vitales, crisis sociales y descontento popular, ambientes donde el proselitismo y la demagogia promueven con mayor facilidad las "excelsas bondades del socialismo, comunismo, o cualquier otra filosofía que termine en ismo".
Venezuela ha estado contagiada por el sarampión por más de una década, sólo que proviene de una cepa evolucionada, formada por un virus polimórfico o mutante que es capaz de auto-encriptarse y que presenta elementos que podrían verse como innovadores, aunque mantiene siempre su código viral original de violencia y autoritarismo; por ello, sus síntomas y manifestaciones han definido metodologías nuevas para su tratamiento. En esa óptica, aún sin ser el mismo virus del Nacionalsocialismo que afectó a Alemania entre 1933 y 1945, aquél duró igual tiempo al que se desarrolla en Venezuela; mientras que el Socialismo de Rusia y su órbita geopolítica entre 1917 y 1991, duró más de setenta años y el Comunismo de Cuba desde1959 hasta la fecha, ya lleva más de cincuenta años.
Es este un país donde ha logrado instalarse con demasiada facilidad el autoritarismo, el militarismo, el sectarismo, todo ello bajo un ligero manto de aparente legalidad, donde la intervención de organismos, sea cual fuere su legitimidad, y el secuestro evidente de los poderes públicos que debían ser autónomos ha marcado el rumbo hacia una sociedad dividida, intentando postrar a las voces disidentes mediante el uso de cualquier tipo de recursos, que pueden ir desde la dádiva y el ofrecimiento de negocios productivos en comensalismo con el gobierno hasta las expropiaciones, la persecución judicial o la acusación e imputación por delitos indemostrables.
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Sin embargo, en este tipo de regímenes, basados en la obligatoria y fiel afinidad política, la parcialización ideológica y el pensamiento único, no puede sobrevivir a las decisiones finales de un pueblo acostumbrado a vivir en libertad, que no acepta la imposición de grupos radicales y violentos para acompañarles en la destrucción de un país que sólo quiere vivir en paz, trabajar y producir para alcanzar metas y objetivos, dentro de un ambiente de sana convivencia y pluralismo democrático.
Persuadido está el pueblo de la ineficiencia e ineficacia mostrada por el régimen actual para atacar los innumerables problemas que aquejan a la población, pues en sus doce años se han construido menos viviendas que en cualquier gobierno anterior (que eran de cinco años), menos que el menos productivo en ese renglón; donde los servicios públicos han llegado a niveles de deficiencia jamás vistos, pues la calidad del agua potable distribuida a las comunidades es cuestionada por su grado de contaminación o por su escasez persistente; donde el servicio de electricidad falla constantemente poniendo a riesgo cualquier actividad industrial, comercial o doméstica, con el consecuente daño de los alimentos refrigerados, los artefactos o la propia actividad, ya sea de rentabilidad comercial o doméstica.
Pero, la peor calamidad se materializa en la inseguridad personal, pues la delincuencia se ha robustecido, convirtiendo al país en uno de los más violentos del mundo, donde el robo, el secuestro y el asesinato son elementos comunes y corrientes, donde las cifras de muertes violentas han crecido en forma exponencial, evidenciado en la cantidad de cadáveres que pueblan las diferentes morgues del país, con saldos que se incrementan día por día, teniendo su zafra más productiva los fines de semana y su ámbito más propicio las barriadas pobres o la periferia de las ciudades más pobladas, aunque se observa su tendencia hacia todos los estratos sociales, sin distinción. En este renglón, los planes de seguridad han sido insuficientes o poco funcionales, al estar marcados siempre por el matiz político.   
Venezuela, según su política económica y sus ejecutorias mantiene índices inflacionarios que desbordan las expectativas, siendo actualmente el país con mayor inflación en América Latina y del mundo, factor determinante en la generación de empleo, la productividad y la calidad de vida, pues el poder adquisitivo no se compadece con el costo de la cesta alimentaria.
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En Venezuela, hasta la principal fuente de ingresos del país, la industria petrolera, es ahora manejada por personas cuyo único requisito para el cargo es mantener su adhesión al régimen, por lo que su status ha bajado de nivel después que había escalado a fuerza de excelencia y competitividad a las primeras posiciones del ranking mundial petrolero, no sólo en productividad sino también en la calidad de sus ejecutorias como empresa estatal, endeudada, siendo utilizada como caja chica del gobierno, sin ningún control de auditoría confiable y dirigida a negocios sin rentabilidad que nada tienen que ver con su característica esencial de empresa dedicada a los hidrocarburos, evidenciado en el actual escándalo de los contenedores con miles de toneladas de alimentos descompuestos.  
Aunque esas son sólo algunas cartas de la baraja, son elementos que están necesariamente interrelacionados en la definición de la realidad actual del país, realidad ante la cual el ciudadano de a pie saca sus cuentas y concluye en lo difícil que será recuperar todo lo perdido, representado no sólo en los regalos multimillonarios a otros países con el único fin de expandir o exportar la "revolución" (recursos que bastante habrían servido al país para salir adelante en sus problemas de alimentación, salud, educación, seguridad); sino también en las secuelas morales y éticas, el daño estructural de la sociedad venezolana. A veces las heridas tardan en sanar...
 
Sin embargo, después del largo padecer de tan nefasta afección, los leucocitos o glóbulos blancos, que se originan ahora con mayor fuerza y profusión en la médula ósea y en el tejido linfático de esta sociedad, activando su rol necesario de efectores celulares de la respuesta inmunitaria, intervienen en la defensa del organismo contra sustancias extrañas o agentes infecciosos (antígenos), marcando una vía expedita hacia la convalecencia y su restablecimiento definitivo.
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Venezuela está pasando el sarampión... Sí, porque los signos de su evolución son evidentes. La fiebre ha ido bajando con los antibióticos y los guarapos, hasta irse reduciendo; eso significa que se ha ido focalizando hacia la fase de convalecencia.           Sin embargo, cuando pase el sarampión, sus inevitables secuelas quedarán para ser curadas mediante una larga terapia de entendimiento y convivencia. En ese contexto deberá privar la comprensión hacia quienes, movidos por el discurso agresivo y ofensivo cuya directriz es precisamente exacerbar las pasiones, los desencuentros y las desigualdades, embistieron física y moralmente contra la disidencia siempre necesaria. Sí, dentro de la receta médica debe contemplarse una alta dosis de condescendencia, más de la que ellos han tenido con quienes no comparten sus criterios. En ese caso, es menester cargar la aspirina en el bolsillo para quien la necesite.
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