Como cada noche, ¿o no?
Era una noche como otra cualquiera, o quizás no. El cielo estaba estrellado, la luna brillaba e iluminaba la calle, una brisa fría recorría mi espalda y un escalofrió sacudió mi cuerpo mientras mi piel se erizaba. Pensaba en ti, como cada noche antes de irme a la cama, recordaba cada lunar, cada curva, cada detalle de cada centímetro de tu piel. Recordaba tus ojos, tu mirada. Recordaba tus labios, tu sonrisa, tus besos. Recordaba como me siento cuando estas a mi lado, recordaba las chispas que saltan cuando rozan nuestras almas. Te recordaba, para poder dormir bien y soñar con el ángel que incluso en sueños, consigue que la lujuria sea un acto divino.
Como cada noche, me tumbe mirando al techo, me tape con la manta para sentir, aunque de manera efímera, algo parecido al calor que desprende tu cuerpo, alargue mi mano hacia tu lado de la cama y me quede dormido con tu imagen, tu olor, tu sonrisa, tu mirada, tu tacto, con todo tu ser recorriendo mis sentidos. Esperándote en el mismo sueño de cada noche, ese que me deja una sonrisa al desertar por la mañana.
Como cada noche, no me hiciste esperar, puntualmente acudiste a la cita. Como cada noche, una suave niebla envolvió la habitación, un dulce aroma embriago mi mente, una sensual silueta nublo mi vista, acelero mi respiración y disparo mis latidos. Lentamente te acercabas a la cama, era como si el tiempo se detuviera, como si no existiera nada mas que ese preciso instante en el que la luz de la luna que entraba por la ventana baño tu rostro, ilumino tus ojos que me miraban con deseo lujurioso, ilumino tu sonrisa pecaminosa y llena de amor, complicidad y picardía. Apoyaste una rodilla en el borde de la cama, yo quise levantarme para ir a tu encuentro, dijiste “No” moviendo suavemente la cabeza, y de rodillas, cerca de mi, pero a la vez aun lejos de mis manos ansiosas por tocarte, comenzaste a desabrochar tu sujetador, despacio descubriste tus lindos pechos, sonreíste mirándome, disfrutando al sentirte deseada, al verme cual depredador amarrado con la suficiente cuerda como para acercarse a su presa, solo hasta poder saber que no puede disfrutarla. Te acercaste a mi, con pausa, agarraste mis manos por encima de mi cabeza, colocándote encima de mi, acercaste tus labios a los míos, y cuando yo buscaba un beso, me respondiste con un suave soplo de tu alma, y una caricia de tus labios, que recorrieron, desde mi boca hasta mi cuello, y al llegar a mi oreja, primero tu lengua jugo con mi lóbulo, luego tu respiración me hizo sentir un frio agradable que dejaría paso a una erótica mordida que estremecería mi cuerpo. Sin soltar mis manos, me miraste a los ojos, fijamente, tu mirada penetraba en mi alma y el brillo de tus ojos confirmaban lo que ya creía mi cuerpo, nuestras almas ya hacían el amor. Con un rápido gesto, casi sin darme cuenta, amarraste mis manos al cabecero y te levantaste, con las piernas abiertas, dejándome en medio, me miraste desde arriba y no pude evitar una picara sonrisa, levantaste el pie hasta mi boca y con la suavidad del terciopelo, dibujaste con tus dedos mi sonrisa, haciendo un poco de presión, hiciste que te los chupara, con los sentidos nublados por Lujuria, dejé que mi lengua y mis labios jugaran con tus dedos, hasta que con un sutil tirón y un leve golpe en la mejilla me indicaste que parara. Te agachaste, de cuclillas acariciaste mi cara, luego agarrándola firmemente, tu pulgar a un lado, el indice sobre mis labios, el resto al otro lado, descendió hasta mi cuello de manera firme pero suave, mientra la otra mano, recorría mi brazo, dejando el dibujo de tus uñas a su paso, cuando las dos manos se juntaron en mi cuello, agarraste mi cara y echándote hacia delante, cayendo sobre mi pecho, con las rodillas a los lados, empujaste mi cabeza contra el encaje de tus bragas, con mis labios y mi lengua busque el calor que salia de ellas, esperaste a que mi ser se estuviera desbocando para volver a tomar el control, empujar mi cabeza contra la almohada, darme una torta, seca y dulce a la vez, agacharte rozándome con tus labios mientras te empujabas hacia abajo, mirándome fijamente, preguntándome en silencio, mi sonrisa te contesto, y tu sonrisa, acompañada de tus manos recorriendo mi pecho, arañándome hasta la cintura, hicieron que me doblara de placer, y para calmar el placentero dolor, recorriste las marcas rojas con tu lengua, una mezcla de dolor, calor y placer invadió mi alma, haciendo que me relamiera, igual que al disfrutar del mejor de los vinos. Empezaste a jugar con tus dedos a caminar por mi cuerpo, comenzaste a jugar con el elástico de mis calzoncillos, mientras me mirabas sonriendo, con la mirada de quien se sabe poseedora del placer.
Te levantaste, y te pusiste de rodillas a mi lado, a la altura de mi cintura, bajaste tu cabeza, y con tu lengua reptaste hasta mi cuello, lo devoraste cual vampiresa hambrienta y jugaste a que te deseara rozando tus labios con los míos, pasaste tu lengua por mi boca, saboreando la dulzura que de tus labios se había desprendido, recorriste mi mejilla hasta la oreja, mordisqueándola, con un leve gemido la besaste con suavidad, besaste mi cuello, llegaste al pecho y fue como si tu hambre se despertara, tus uñas, clavadas en mis hombros, descendían al ritmo que tus labios, tus dientes, tu lengua devoraban mi pecho, mis pezones, recorrían mis costillas, abdominales, tu lengua jugaba con mi ombligo, tus dientes mordían mi cadera, tus labios besaban allá donde pasaban y tus manos una vez mas daban esa mezcla de dolor y placer. Sin soltar tus uñas de mi piel, mirándome fijamente, como avisando lo que venia, mordiste el elástico del calzoncillo y tiraste como la leona que arranca la piel a su presa, liberando el deseo de tu lujuriosa gula, mirándome la besaste, y desnudándome del todo, besabas mis piernas, al subir, un lametón recorrió mi polla desde la base hasta la punta, haciendo que mi cuerpo temblara, tus dedos con dulzura recorrían mi miembro, acariciaban mis testículos rebosantes de placer, deslizaste un dedo por el perineo hasta mi culo, observando mi reacción, presionaste, haciendo círculos mientras tu otra mano apretaba suavemente mis huevos. Tus manos agarraron todo lo que podían, y tu lengua comenzó a saborear mi polla, a recorrer mi glande haciendo que vibrara como un frágil cristal ante la poderosa voz de una soprano, tus manos apretaban, arañaban, acariciaban cada centímetro de mi cuerpo mientras tu boca se comía mi polla con frenesí, tus dientes daban mordisquitos en mi escroto y luego tu lengua los lamia mientras me mirabas, mi cuerpo se estiraba, se doblaba, mi pelvis se levantaba, los dedos de mis pies no aguantaban el placer, mis manos se retorcían entre las cadenas de las esposas que me ataban a la cárcel del placer que habías creado. Pasaste tu lengua, lamiendo mis huevos, mi polla, como una serpiente te arrastraste por mi, restregando tus tetas, tus pezones duros contra mi dura polla, deslizándote hacia mi con tu lengua marcando el camino a seguir por tu piel, te quedaste tumbada sobre mi, notaba tus bragas húmedas apretando mi polla con sensuales movimientos, tu cara pegada a la mía, sentía tu respiración, tus latidos, el fuego que emanaba tu cuerpo me quemaba, tus manos subían por mis brazos, y todo yo, cual preso que ve amanecer por sus barrotes, esperaba que me liberaras, poseído por Lujuria, quería, necesitaba dar rienda suelta a la pasión que desbordaba mi alma, como el yonki necesita su pico. Me miraste a la cara, y supe que sabias, que quería dar libertad al divino pecado carnal al que me conducía tu alma.
Al abrirse los grilletes, fue como abrir la puerta de la jaula de un león hambriento, como ponerse frente a un tornado, como un volcán en erupción. Te levante y te tire a mi lado, me abalance sobre ti, agarre tus muñecas a la altura de tu cabeza y hundí un beso en tu boca, nuestras lenguas se, retorcían y tu sabor embriagaba cada vez mas mi mente, mis sentidos, nublados, solo reconocían tu cuerpo, podríamos estar en el infierno mas cruel y a mi me seguiría pareciendo el paraíso. Mientras besaba tu alma, mi mano decidió explorar tu cuerpo, descendió por tu brazo, encontró tu pelo y mis dedos se enredaron en tu lisa melena, encontraron tu oreja y con la yema del dedo dibuje su contorno desde arriba hasta el lóbulo, mi mano siguió bajando por tu cuello, acariciándolo, deslizándose encontró uno de tus pechos y la poca cordura que quedaba comenzaba a disiparse, mi mano agarro tu pecho y yo deje de besarte para mirar, mis dedos jugaban con tu pezón, tu piel erizada y tu pezón duro, me decían que querías mas, agarre tu pelo con la otra mano y gire tu cabeza dejando el cuello al descubierto, como Dracula, aparte el mechón de pelo que se interponía entre mis dientes y tu cuello, baje mi mano hasta tus bragas, y a la vez que metía mi mano, abría tus labios húmedos, apretaba tu coño con mis dedos, movía mi mano buscando tu placer, me comía tu cuello como si fuera tu clítoris, lamia el lóbulo de tu oreja como si de los labios de tu coño se tratara, gemías en mi oído y eso solo provocaba que mi mano se excitara mas, buscase tu clítoris para darte mas placer, que mi boca te devorara aun con mas ganas, mis dientes se clavaron en tu clavícula y de tu garganta salio un ronroneo erótico que hizo que perdiera todo resto de cordura. Mi mano subió hasta tu pecho, la otra la acompaño buscando el otro, arrodillado sobre ti, descendía devorando tus pechos, chupando tus pezones, saboreando tu piel con mi lengua, recorriendo tus costillas hasta perderme en tu cintura, mis manos tocaban, acariciaban y apretaban con firme dulzura todo tu cuerpo, me comía tu ombligo, clavaba mis dientes en tu cadera, degustaba tus muslos, tu ingle, deje que sintieras mi respiración excitada en tu coño, mientras pasaba a tu otra pierna, agarre tus bragas y mientras las bajaba, me comía tu pierna hasta los dedos de tu pie, para luego subir siguiendo mi lengua hasta tu coño, besando tus labios, saboreando tu clítoris, sintiendo como tu cuerpo se estremecía, temblaban tu piernas de placer mientras mi boca hacia que los latidos de tu corazón se dispararan, mientras mi lengua aceleraba tu respiración, mis manos recorren cada centímetro de tu piel, apretabas mi cabeza contra tu coño, pidiendo mas, insaciable, te lo doy, quiero que te corras en mi boca, quiero saborear el placer que fluye de tu alma, quiero llegar a ese instante donde no resistes mas y agarrando mi cabeza, tiras de mi. Subo, saboreando tu piel hasta tu boca, me agarras y me besas con locura, tus brazos me rodean y aprietan contra ti, tu uñas se clavan en mi espalda cuando froto mi polla contra tu coño, ardiente, chorreando de placer, no aguantas mas y agarras mi polla, la aprietas y metes la punta, clavas tus uñas en mis nalgas y me obligas a penetrarte, aprietas mas, quieres que te folle, que entre hasta tu alma.
Me agarro a tus hombros, mientras tu, con tus brazos y piernas rodeabas mi cuerpo como una anaconda a su presa, yo te penetraba, una y otra vez, te follaba de tal forma que un puritano consideraría pecado. Gemías, tu respiración acelerada iba al ritmo de mis embestidas, tus latidos me marcaban el camino, tu uñas clavándose en mi piel me pedían más, arañaste mi espalda haciendo que mi cuerpo se doblara de placer, forzándome a entrar en ti de tal manera que gritaste, soltaste mi espalda y agarraste la sabana, crucificada a base de placer, gritabas, apretabas tus rodillas contra mis costados, sudabas, tu respiración, tus latidos, se aceleraron de tal forma que tus gritos se ahogaron en el estremecimiento de tu cuerpo, tu espalda se doblo al llegar al orgasmo. Tu cuerpo cayó en la cama, relajado, yo besaba tus pechos mientras seguía penetrándote lentamente, tus manos acariciaban mi espalda, tus uñas rascaban suavemente mi piel, agarraste mi cintura y nos obligaste a girar, colocándote encima, clavada en mi polla, tus manos apoyadas en mi pecho, movías tu cintura mientras mirabas al cielo, tus uñas se clavaban mas y mas a la vez que tu cabalgada subía el ritmo. Mis manos se deslizaban por tu cuerpo, agarraban tus pechos, tu culo, tus muslos, se perdían en tu cintura, mi cuerpo, enloquecido, no aguantaba más, sudábamos, gemíamos, subimos tal alto que a la vez saludamos a Dios, un grito nos hizo llegar al Paraíso al estallar mi polla dentro de ti. Tu cuerpo cayó sobre el mío, exhaustos, con el corazón desbocado, nos costaba respirar, sin palabras, dejamos a nuestras almas hablar, se entrelazaron, abrazaron y besaron, luego cayeron rendidas, yo boca arriba, tu a mi lado apoyada en mi pecho, le susurraste a mi corazón cuanto lo amabas, un beso en tu frente, una mirada y una sonrisa sincera fue la única respuesta que fui capaz de dar, con todos mis sentidos aun desperdigados por tu ser, con mi mente, corazón y alma resistiéndose a dejar el éxtasis que habían alcanzado junto a ti.
Miraba tu rostro, iluminado por la luna, un halo angelical rodeaba tu cuerpo desnudo, de tu rostro dormido emanaba una sensación de paz que llenaba la habitación, cerré los ojos con esa imagen, con tu olor, con tu ronroneo, con tu piel, con tu sabor, cerré los ojos contigo en mis cinco sentidos.
Lo siguiente que recuerdo, es una brisa fría que llegando hasta mis huesos me hizo despertar, mire por la ventana y aun estaba oscuro, mire a mi lado y allí estabas, esta noche había sido un sueño hecho realidad y no como cada noche donde soñando sueño que te soñé. Nos tape con la manta, te bese, sonreíste y me abrazaste sin abrir los ojos, cerré los míos, me dormí con el placer de tenerte a mi lado, esperando el placer de despertarme y que seas tu el amanecer que ilumine mi camino.
Como cada noche, me tumbe mirando al techo, me tape con la manta para sentir, aunque de manera efímera, algo parecido al calor que desprende tu cuerpo, alargue mi mano hacia tu lado de la cama y me quede dormido con tu imagen, tu olor, tu sonrisa, tu mirada, tu tacto, con todo tu ser recorriendo mis sentidos. Esperándote en el mismo sueño de cada noche, ese que me deja una sonrisa al desertar por la mañana.
Como cada noche, no me hiciste esperar, puntualmente acudiste a la cita. Como cada noche, una suave niebla envolvió la habitación, un dulce aroma embriago mi mente, una sensual silueta nublo mi vista, acelero mi respiración y disparo mis latidos. Lentamente te acercabas a la cama, era como si el tiempo se detuviera, como si no existiera nada mas que ese preciso instante en el que la luz de la luna que entraba por la ventana baño tu rostro, ilumino tus ojos que me miraban con deseo lujurioso, ilumino tu sonrisa pecaminosa y llena de amor, complicidad y picardía. Apoyaste una rodilla en el borde de la cama, yo quise levantarme para ir a tu encuentro, dijiste “No” moviendo suavemente la cabeza, y de rodillas, cerca de mi, pero a la vez aun lejos de mis manos ansiosas por tocarte, comenzaste a desabrochar tu sujetador, despacio descubriste tus lindos pechos, sonreíste mirándome, disfrutando al sentirte deseada, al verme cual depredador amarrado con la suficiente cuerda como para acercarse a su presa, solo hasta poder saber que no puede disfrutarla. Te acercaste a mi, con pausa, agarraste mis manos por encima de mi cabeza, colocándote encima de mi, acercaste tus labios a los míos, y cuando yo buscaba un beso, me respondiste con un suave soplo de tu alma, y una caricia de tus labios, que recorrieron, desde mi boca hasta mi cuello, y al llegar a mi oreja, primero tu lengua jugo con mi lóbulo, luego tu respiración me hizo sentir un frio agradable que dejaría paso a una erótica mordida que estremecería mi cuerpo. Sin soltar mis manos, me miraste a los ojos, fijamente, tu mirada penetraba en mi alma y el brillo de tus ojos confirmaban lo que ya creía mi cuerpo, nuestras almas ya hacían el amor. Con un rápido gesto, casi sin darme cuenta, amarraste mis manos al cabecero y te levantaste, con las piernas abiertas, dejándome en medio, me miraste desde arriba y no pude evitar una picara sonrisa, levantaste el pie hasta mi boca y con la suavidad del terciopelo, dibujaste con tus dedos mi sonrisa, haciendo un poco de presión, hiciste que te los chupara, con los sentidos nublados por Lujuria, dejé que mi lengua y mis labios jugaran con tus dedos, hasta que con un sutil tirón y un leve golpe en la mejilla me indicaste que parara. Te agachaste, de cuclillas acariciaste mi cara, luego agarrándola firmemente, tu pulgar a un lado, el indice sobre mis labios, el resto al otro lado, descendió hasta mi cuello de manera firme pero suave, mientra la otra mano, recorría mi brazo, dejando el dibujo de tus uñas a su paso, cuando las dos manos se juntaron en mi cuello, agarraste mi cara y echándote hacia delante, cayendo sobre mi pecho, con las rodillas a los lados, empujaste mi cabeza contra el encaje de tus bragas, con mis labios y mi lengua busque el calor que salia de ellas, esperaste a que mi ser se estuviera desbocando para volver a tomar el control, empujar mi cabeza contra la almohada, darme una torta, seca y dulce a la vez, agacharte rozándome con tus labios mientras te empujabas hacia abajo, mirándome fijamente, preguntándome en silencio, mi sonrisa te contesto, y tu sonrisa, acompañada de tus manos recorriendo mi pecho, arañándome hasta la cintura, hicieron que me doblara de placer, y para calmar el placentero dolor, recorriste las marcas rojas con tu lengua, una mezcla de dolor, calor y placer invadió mi alma, haciendo que me relamiera, igual que al disfrutar del mejor de los vinos. Empezaste a jugar con tus dedos a caminar por mi cuerpo, comenzaste a jugar con el elástico de mis calzoncillos, mientras me mirabas sonriendo, con la mirada de quien se sabe poseedora del placer.
Te levantaste, y te pusiste de rodillas a mi lado, a la altura de mi cintura, bajaste tu cabeza, y con tu lengua reptaste hasta mi cuello, lo devoraste cual vampiresa hambrienta y jugaste a que te deseara rozando tus labios con los míos, pasaste tu lengua por mi boca, saboreando la dulzura que de tus labios se había desprendido, recorriste mi mejilla hasta la oreja, mordisqueándola, con un leve gemido la besaste con suavidad, besaste mi cuello, llegaste al pecho y fue como si tu hambre se despertara, tus uñas, clavadas en mis hombros, descendían al ritmo que tus labios, tus dientes, tu lengua devoraban mi pecho, mis pezones, recorrían mis costillas, abdominales, tu lengua jugaba con mi ombligo, tus dientes mordían mi cadera, tus labios besaban allá donde pasaban y tus manos una vez mas daban esa mezcla de dolor y placer. Sin soltar tus uñas de mi piel, mirándome fijamente, como avisando lo que venia, mordiste el elástico del calzoncillo y tiraste como la leona que arranca la piel a su presa, liberando el deseo de tu lujuriosa gula, mirándome la besaste, y desnudándome del todo, besabas mis piernas, al subir, un lametón recorrió mi polla desde la base hasta la punta, haciendo que mi cuerpo temblara, tus dedos con dulzura recorrían mi miembro, acariciaban mis testículos rebosantes de placer, deslizaste un dedo por el perineo hasta mi culo, observando mi reacción, presionaste, haciendo círculos mientras tu otra mano apretaba suavemente mis huevos. Tus manos agarraron todo lo que podían, y tu lengua comenzó a saborear mi polla, a recorrer mi glande haciendo que vibrara como un frágil cristal ante la poderosa voz de una soprano, tus manos apretaban, arañaban, acariciaban cada centímetro de mi cuerpo mientras tu boca se comía mi polla con frenesí, tus dientes daban mordisquitos en mi escroto y luego tu lengua los lamia mientras me mirabas, mi cuerpo se estiraba, se doblaba, mi pelvis se levantaba, los dedos de mis pies no aguantaban el placer, mis manos se retorcían entre las cadenas de las esposas que me ataban a la cárcel del placer que habías creado. Pasaste tu lengua, lamiendo mis huevos, mi polla, como una serpiente te arrastraste por mi, restregando tus tetas, tus pezones duros contra mi dura polla, deslizándote hacia mi con tu lengua marcando el camino a seguir por tu piel, te quedaste tumbada sobre mi, notaba tus bragas húmedas apretando mi polla con sensuales movimientos, tu cara pegada a la mía, sentía tu respiración, tus latidos, el fuego que emanaba tu cuerpo me quemaba, tus manos subían por mis brazos, y todo yo, cual preso que ve amanecer por sus barrotes, esperaba que me liberaras, poseído por Lujuria, quería, necesitaba dar rienda suelta a la pasión que desbordaba mi alma, como el yonki necesita su pico. Me miraste a la cara, y supe que sabias, que quería dar libertad al divino pecado carnal al que me conducía tu alma.
Al abrirse los grilletes, fue como abrir la puerta de la jaula de un león hambriento, como ponerse frente a un tornado, como un volcán en erupción. Te levante y te tire a mi lado, me abalance sobre ti, agarre tus muñecas a la altura de tu cabeza y hundí un beso en tu boca, nuestras lenguas se, retorcían y tu sabor embriagaba cada vez mas mi mente, mis sentidos, nublados, solo reconocían tu cuerpo, podríamos estar en el infierno mas cruel y a mi me seguiría pareciendo el paraíso. Mientras besaba tu alma, mi mano decidió explorar tu cuerpo, descendió por tu brazo, encontró tu pelo y mis dedos se enredaron en tu lisa melena, encontraron tu oreja y con la yema del dedo dibuje su contorno desde arriba hasta el lóbulo, mi mano siguió bajando por tu cuello, acariciándolo, deslizándose encontró uno de tus pechos y la poca cordura que quedaba comenzaba a disiparse, mi mano agarro tu pecho y yo deje de besarte para mirar, mis dedos jugaban con tu pezón, tu piel erizada y tu pezón duro, me decían que querías mas, agarre tu pelo con la otra mano y gire tu cabeza dejando el cuello al descubierto, como Dracula, aparte el mechón de pelo que se interponía entre mis dientes y tu cuello, baje mi mano hasta tus bragas, y a la vez que metía mi mano, abría tus labios húmedos, apretaba tu coño con mis dedos, movía mi mano buscando tu placer, me comía tu cuello como si fuera tu clítoris, lamia el lóbulo de tu oreja como si de los labios de tu coño se tratara, gemías en mi oído y eso solo provocaba que mi mano se excitara mas, buscase tu clítoris para darte mas placer, que mi boca te devorara aun con mas ganas, mis dientes se clavaron en tu clavícula y de tu garganta salio un ronroneo erótico que hizo que perdiera todo resto de cordura. Mi mano subió hasta tu pecho, la otra la acompaño buscando el otro, arrodillado sobre ti, descendía devorando tus pechos, chupando tus pezones, saboreando tu piel con mi lengua, recorriendo tus costillas hasta perderme en tu cintura, mis manos tocaban, acariciaban y apretaban con firme dulzura todo tu cuerpo, me comía tu ombligo, clavaba mis dientes en tu cadera, degustaba tus muslos, tu ingle, deje que sintieras mi respiración excitada en tu coño, mientras pasaba a tu otra pierna, agarre tus bragas y mientras las bajaba, me comía tu pierna hasta los dedos de tu pie, para luego subir siguiendo mi lengua hasta tu coño, besando tus labios, saboreando tu clítoris, sintiendo como tu cuerpo se estremecía, temblaban tu piernas de placer mientras mi boca hacia que los latidos de tu corazón se dispararan, mientras mi lengua aceleraba tu respiración, mis manos recorren cada centímetro de tu piel, apretabas mi cabeza contra tu coño, pidiendo mas, insaciable, te lo doy, quiero que te corras en mi boca, quiero saborear el placer que fluye de tu alma, quiero llegar a ese instante donde no resistes mas y agarrando mi cabeza, tiras de mi. Subo, saboreando tu piel hasta tu boca, me agarras y me besas con locura, tus brazos me rodean y aprietan contra ti, tu uñas se clavan en mi espalda cuando froto mi polla contra tu coño, ardiente, chorreando de placer, no aguantas mas y agarras mi polla, la aprietas y metes la punta, clavas tus uñas en mis nalgas y me obligas a penetrarte, aprietas mas, quieres que te folle, que entre hasta tu alma.
Me agarro a tus hombros, mientras tu, con tus brazos y piernas rodeabas mi cuerpo como una anaconda a su presa, yo te penetraba, una y otra vez, te follaba de tal forma que un puritano consideraría pecado. Gemías, tu respiración acelerada iba al ritmo de mis embestidas, tus latidos me marcaban el camino, tu uñas clavándose en mi piel me pedían más, arañaste mi espalda haciendo que mi cuerpo se doblara de placer, forzándome a entrar en ti de tal manera que gritaste, soltaste mi espalda y agarraste la sabana, crucificada a base de placer, gritabas, apretabas tus rodillas contra mis costados, sudabas, tu respiración, tus latidos, se aceleraron de tal forma que tus gritos se ahogaron en el estremecimiento de tu cuerpo, tu espalda se doblo al llegar al orgasmo. Tu cuerpo cayó en la cama, relajado, yo besaba tus pechos mientras seguía penetrándote lentamente, tus manos acariciaban mi espalda, tus uñas rascaban suavemente mi piel, agarraste mi cintura y nos obligaste a girar, colocándote encima, clavada en mi polla, tus manos apoyadas en mi pecho, movías tu cintura mientras mirabas al cielo, tus uñas se clavaban mas y mas a la vez que tu cabalgada subía el ritmo. Mis manos se deslizaban por tu cuerpo, agarraban tus pechos, tu culo, tus muslos, se perdían en tu cintura, mi cuerpo, enloquecido, no aguantaba más, sudábamos, gemíamos, subimos tal alto que a la vez saludamos a Dios, un grito nos hizo llegar al Paraíso al estallar mi polla dentro de ti. Tu cuerpo cayó sobre el mío, exhaustos, con el corazón desbocado, nos costaba respirar, sin palabras, dejamos a nuestras almas hablar, se entrelazaron, abrazaron y besaron, luego cayeron rendidas, yo boca arriba, tu a mi lado apoyada en mi pecho, le susurraste a mi corazón cuanto lo amabas, un beso en tu frente, una mirada y una sonrisa sincera fue la única respuesta que fui capaz de dar, con todos mis sentidos aun desperdigados por tu ser, con mi mente, corazón y alma resistiéndose a dejar el éxtasis que habían alcanzado junto a ti.
Miraba tu rostro, iluminado por la luna, un halo angelical rodeaba tu cuerpo desnudo, de tu rostro dormido emanaba una sensación de paz que llenaba la habitación, cerré los ojos con esa imagen, con tu olor, con tu ronroneo, con tu piel, con tu sabor, cerré los ojos contigo en mis cinco sentidos.
Lo siguiente que recuerdo, es una brisa fría que llegando hasta mis huesos me hizo despertar, mire por la ventana y aun estaba oscuro, mire a mi lado y allí estabas, esta noche había sido un sueño hecho realidad y no como cada noche donde soñando sueño que te soñé. Nos tape con la manta, te bese, sonreíste y me abrazaste sin abrir los ojos, cerré los míos, me dormí con el placer de tenerte a mi lado, esperando el placer de despertarme y que seas tu el amanecer que ilumine mi camino.
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