Mi flaca:
Hoy quiero pensar que, de alguna forma, me preparaste para este momento, ¿sabes?Durante muchos años, a veces sentí que no me querías, que era una persona tan complicada y poco valiosa que no merecía tu presencia. Me preguntaba por qué no me visitabas, por qué preferías estar al lado de mis hermanos, y llegué a pensar que mi forma de ser era tan abominable que incluso tú evitabas compartir tiempo conmigo. No creas que te estoy reprochando; solo intento explicarte por qué a veces pienso que, de alguna manera, me preparaste para este día.
Ahora, a casi un mes de tu partida, hay días en que siento que no te has ido; que tu esencia sigue aquí, acompañándome en silencio. Pero luego recuerdo tu imagen en ese ataúd blanco y el corazón se me encoge con una tristeza profunda. Tal vez el hecho de que nos viéramos y conversáramos poco me ayudó a enfrentar tu ausencia con algo de fortaleza, aunque eso no hace que duela menos.
Se acerca mi cumpleaños y quiero ir a visitarte. Pinté una maceta para ti, llena de flores de colores, y sembré una matica de sábila—de esas que tanto te gustaban. La que te llevo es parte de la que sembraste en mi casa la última vez que viniste. ¿Sabes? Las sábilas que dejaste aquí están hermosas; sus hojas son anchas y miran hacia arriba, buscando el sol, como tú siempre lo hiciste.
Hoy quiero creer que me preparaste para tu ausencia. Sin embargo, el no tenerte a mi lado me duele profundamente y, día tras día, siento cómo tu ausencia me carcome por dentro.Te extraño mucho, mamá, y aunque trato de ser fuerte, siempre guardaré ese deseo de tenerte cerca, de escucharte y reír contigo, porque tu amor sigue siendo mi luz en cada rincón de mi vida

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