Bella...
Y gritando tu nombre desde una duna, fui al inicio.
Días, tardes, noches y madrugadas, todas desfilan en corso.
Te conocí otra vez, esa sonrisa, y me perdí...
Pensé, y volví a estar sentado esa tarde en el piso.
La luz tenue debajo de la mesa me asombraba, tierno y niño;
esa luz agónica y tibia de otoño, todo atrapado en un segundo...
Así tus ojos, miel y fuego juntos, en verdad me perdí...
Supe desde ese momento que se llevaban mis pasos.
Escuché por dentro el silencio que siempre me acompañaba.
Me da vergüenza decirlo, pero también supe el verdadero significado de
un maldito imposible: tan bella, tan malditamente bella, y el corazón tirado por ahí.
Venimos a este mundo y, en algún momento por descuido, salimos de adentro,
y querer volver se hace difícil porque ya se llevaron esos reflejos,
esas luces, ese brillo, esa inocencia...
Lo digo y no importa; tú no lo sabes. Aprendí a mirarte
con catalejos, como mi isla. Aprendí a visitarte en mis sueños,
irrumpiendo en tus noches como un búho o como un gato, siempre cerca...
Los años han pasado, la vida ha continuado, y estuve allí y tampoco lo estuve.
Te dejé algo que me pertenece y nunca lo reclamé.
Me inventé un paralelo para continuar, como una cometa a través de un hilo.
Saber que estás ahí es un alivio; ya no importa nada. Solamente, cuando sea la ocasión,
regálame esa luz tibia, regálame esa sonrisa de sol...
Y aunque no lo sepas, no me importa; ese será también tu castigo.
Nadie será igual; el indicado solo será eso, y está bien. Este mundo fue el equivocado;
este paralelo no era el correcto. Todo esto suena enfermizo y sin sentido, pero jamás te lastimaría.
Y si ahora me estoy exponiendo porque algunos ojos ya me están leyendo,
han de saber que solo quiero hablar de ti para no morir, para no entrar en la nada otra vez.
Tú, con tu endemoniada belleza, me traes desde el fondo y otra vez poder ver tu luz, aunque sea un momento,
y después volver a desaparecer en la oscuridad, sin remordimientos, tan solo por saber que alguna vez pude conocerte,
y alguna vez pude verte. Me toca irme otra vez; el fondo espera...

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