Despierto un 14 de febrero seguro de que se trata de un día normal. Hoy no fui a trabajar, salí corriendo para tomar el tren a una dirección contraria. No sé por qué lo hice, no soy una persona impulsiva. Puede que esté harto de los días como hoy, mi cuerpo decidió obligarme a hacer algo diferente. Llegué hasta una playa helada, no había nadie ni lo habría por las nubes amenazantes y el frío.
Sigo anotando pensamientos como si no pudiera retenerlos, a veces pienso que he olvidado la mitad de mi vida. Esta arena no es más que piedras pequeñas, odio aquí, pero cuando vuelva a casa querré pisar nuevamente este suelo. A lo lejos veo como se acerca una mujer, tiene ropa colorida y el cabello azul, mi madre diría que está vestida de payaso. Ella parecía perdida, igual a mí, pero siempre me fue difícil establecer contacto visual con mujeres desconocidas. Me aparté y seguí mi camino.
Busqué un lugar para desayunar, pedí café y saqué mi libreta. Tres mesas adelante estaba ella, la misma mujer que antes. Vi atentamente como sacaba una pequeña botella de licor y la vaciaba en su taza. Se dio cuenta de mi interés, me sonrió y elevó su mano como queriendo saludarme. Dejé de mirarla, pero la sonrisa no se me borraría del rostro.
¿Por qué me enamoro de toda mujer que me muestra un mínimo de atención?
Es casi como si lo hiciera a propósito. Nos volvimos a encontrar en la siguiente parada de tren, las coincidencias eran demasiadas. Mientras buscaba un asiento, ella me miraba.
-Hola- Dice, finalmente.
-Hola.
Se acerca hablándome como si nos conociéramos. Íbamos al mismo lugar, eso explica nuestro viaje “juntos”.
- ¿Te conozco?
No la recuerdo, pero estoy seguro de que nos vimos antes. ¿Cómo puedo olvidar a una chica tan particular? Ella trabaja en una tienda que visito mucho, su nombre es Carla, y definitivamente debería reconocerla.
-Quizá es el cabello, lo cambio todo el tiempo.
Carla tiene en un día la energía que me haría falta toda una vida. Mientras trataba de ser amable y seguir la conversación, ella me arrasaba con su personalidad explosiva. No era un ritmo al que esté acostumbrado, aun así, no me molesta. Siento que tenemos una extraña conexión, somos tan diferentes que esta serie de coincidencias nos ha hecho pensar el uno en el otro… al menos eso quiero creer.
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Se despidió con un golpe en el brazo y unas palabras de aliento. Pensé que nos separaríamos al bajar del tren, para entonces comenzaba a seguir los deseos del destino. Fui a buscar mi auto, el cual se había quedado varado lejos de casa. Regresé a la estación con esperanzas de que ella siguiera esperando. La encontré caminando por esas calles heladas.
-Podría llevarte si quieres, hace frío y…
- ¡Si! Claro.
Carla se subió y me dio la dirección de su casa. Conducía tranquilo contestando sus preguntas extrañas.
-Perdón si parezco una loca, la verdad es que no lo soy.
Nunca lo creí, he visto personas así, realmente puedo decir que son de mis personas favoritas. Llegamos y Carla me invitó a entrar a su hogar, podríamos tomar un trago y seguir charlando. Dudé, pero acabé aceptando. Quien me hubiera dicho que estaría aquí, cuando por la mañana me quejaba del día de San Valentín como cualquier soltero.
-Eres muy callado, ¿No?
-Lo siento- Contesté, mientras jugaba con el estampado del vaso ya vacío. -Mi vida no es muy interesante. Voy al trabajo, vuelvo, no sé qué más decir.
- ¿Y eso no te provoca ansiedad o tristeza? Yo sufro mucho si no vivo mi vida al máximo, ya sabes, aprovechando todas las oportunidades y asegurándome de no desperdiciar ni un solo segundo.
Definitivamente éramos diferentes. Con el tiempo aprenderíamos a odiarnos con la misma facilidad que nos resultará amarnos. Carla sabe que nos conocemos y lo remarca, quizá en otra vida fuimos una pareja inseparable.
-Me agradas, eres bueno.
Trato de serlo, ya sea viajando en tren o en un sillón con una mujer aferrada a mi brazo. Carla dice que ve nuestro futuro, acabaríamos casándonos. No me parece un mal futuro, pero seguía viviendo en mi presente. Antes de irme, ella me dio su número.
-Deberías llamarme en cuanto llegues, para saber si estás bien.
- ¿Por qué no lo estaría?
-El mundo es peligroso, y te ves un sujeto algo indefenso.
Me reí, caminaba hacia mi auto y ella gritaba por su ventana. “¡No olvides llamarme!” así que lo hice, cinco minutos después de llegar a casa.
- ¿Por qué tardaste tanto? - Me recriminó.
-Acabo de llegar.
- ¿Y me extrañas?
 
-Claro que sí.
-Pues debemos volver a vernos, ¿Te parece mañana por la noche? Hay un lugar especial al que me gusta ir.
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Horas después me encontraba caminando en hielo a punto de romperse. No creí que fuera una buena idea, pero Carla me tomó del brazo y me llevó. En un momento se soltó para correr y tirarse en el hielo. Estábamos patinando en el peligro, con la única seguridad de que, si el piso se rompe y caemos al mar, al menos sería juntos.
Regresamos por la mañana, el sol se hacía ver. La desperté cuando llegamos a su casa.
- ¿Puedo ir a tu casa? A dormir.
-Claro- Le dije, viendo como salía del auto para buscar unas cosas y volver.
Pienso que hemos vivido esto más de una vez, y lo volveremos a hacer como un bucle infinito. Carla no es perfecta, solo es una mujer complicada. Puede que siendo como es atraiga a los hombres como yo, tímidos y retraídos, porque piensan que es la persona que les complementa. Puede que para ella un hombre como yo signifique algo de orden en medio de su alboroto constante. Estoy dispuesto a amarla, sin pensar en lo poco que conozcamos el uno del otro, sin pensar en cuanto nos odiaremos con el pasar de los meses.
Ella se sentirá atrapada en mí, y yo estaré cansado de ella. Aun así, podremos volver a encontrarnos en una playa cuya arena ahora es pura nieve. Dejaremos nuestras huellas, para que alguien siga nuestro camino y nos vea fracasar. Mientras peleamos por ver quien cae primero, me doy cuenta de que vivir así es la mejor forma de perder el tiempo.
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