Veo su sombra, los contornos de la falta de un ave en pleno vuelo

entre la noche que me habla bajo el prisma de otra ventana sobre sus ojos ...

El gabinete de aquellas palabras que ajenas han quedado

Ante la evidencia de una flor de olor a penitencias de un recuerdo condenado.

Y ella duerme como la grama quieta

Que en el viento despoja del friso interno aquella belleza

Que sucumbe ante el ímpetu de sus labios

Y el cielo de crudeza y calma sobre el camino de un insulso pantano.

Y nada oculta de la tierra al cielo que entre sábanas ha dejado el canto de los lobos

si en su sonrisa de oscuridad, nos cuentan esas voces el reto del decoro.

Y ella duerme como la grama quieta

Cual observo en la carrera de su anhelada presencia

Y severo remordimiento de aquel oculto dimitir

Que nos discute el requerimiento.

Mientras recorro desde mis manos la fortaleza que supuso el odio en el amar

Y que nos alienta de aquel sueño de polvo ante la lluvia de una huella incierta

de heredad.

Solos, nos encontramos entre las pisadas que han cubierto el paso de aquella ilusión

Que ha sobrevivido entre la persistencia que nos ha debido

Cuando del alma inquieta nos recorre de la aflicción.

Luis Bustillos

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