Vendedores Oportunos
Revisó su celular, y detrás de sus lágrimas apostó por la verdad que se desvanecía ante sus ojos. Él lo negó todo, y cambió la clave hasta de la cuenta bancaria o de cada red social que descubría a su paso. Un día decidieron salir de paseo; y en la playa, juntos y ambos de frente al mar, olvidaron tomarse de las manos y una pregunta se coló en medio de las emociones dispares de los turistas, de los niños y de los vendedores oportunos: ¿Carmela, de verdad quieres terminar lo nuestro?-. Sabinne se levantó, y en un corto suspiro pidió un helado al vendedor, y sin responder al tímido clamor de otro tiempo, se fue.
Luis Bustillos.
80


Cargando comentarios...