Encuentra

en el calor que en mi hombro

se posa de tus labios.

La voz que en mis latidos

conmueve al silencio que decora

mis pasos ausentes

del tiempo que se ha disuelto

en tu mirada.

Quedamos tu y yo,

y en la nada

puedo dibujar a través de tus mejillas

las razones que de otro camino

tu descanso olvida.

Perseguiré tu mirada,

y viajaré a otras costas

en que tu alma ha recorrido,

sin el consentimiento de otros delirios

Y aquellas deshonras;

que de la casa al deber

se han escurrido en el suponer;

porque de otras ciudades

y otras personas,

nuestro encuentro,

casual no se abstuvo

al diluvio que nos demostró

la tierra fértil de nuestra hora.

Y aquí concluimos las puertas

que hemos tocado detrás de la hiedra

y el techo que nos cubre,

para posar en mi alma

el sonido de tu nombre,

y crear desde el llanto de aquella cornisa,

la vereda que nos ha curado

del recuerdo bordado

en el instinto que nos imita.

Luis Bustillos

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