Llegará el día.
En el que la gente comenzará
a verme con lástima, seguramente.
Cuando empiece a caminar
con tres piernas y desde lejos
me oigan golpear sus puertas.
Impaciente de que me atiendan.
Porque solo de viejo
le tendré más cuidado a mi tiempo.

Mi familia es longeva.
Mi bisabuela vive sola con demencia.
No he ido en años a visitarla.
Porque en casa paso las tardes.
Pensando en dónde iré a acabar.
Cuando sea tan viejo como ella.
Sin amigos, sin esposa, sin nietos…
Que me abran la puerta.
Emocionados por ver a su abuelo.
Estaré solo, durmiendo en escombros.
Con el único consuelo de que nadie con vida
verá mis pecados salir entre mis pieles.
Cansados de escucharme repetir
las mismas penas.
Una vida llena de arrepentimiento
y comodidades.
Formando una realidad,
repitiendo la culpa,
decorando el pasado y,
sobre todo, el miedo
al juicio después de la muerte,
donde los pocos que me amaron
me mirarán con asco.                                                                                                  
Y aun con todo,
esa culpa tiene mi rostro.
Usa mi ropa.
Y se amanece enfrente del computador.
Con el temor del perdón,
porque sin culpa
ya no quedará tiempo que malgastar.
Me gustaría ser eterno.
Aun si mi cuerpo estuviera destruido.
Suplicando muy en el fondo
por un final que le dé sentido
al tormento que lleva mi nombre.
siempre querré más tiempo para
huir aún un poco más.
Un eterno cobarde que
escribe obras predecibles
y poemas coherentes.
Mientras el mundo lee con pena
las locuras de un viejo.

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