Toda emparanoiá,
toda emperifollá 
se sube a la colina
del loco de la esquina,
no da las buenas noches,
se esconde de los coches,
come reproches.
 
Las drogas dan energía pa repartir,
Neptuno ha vuelto a salir,
mi ánimo mengua con la Luna.
Y, de entre la paz, supuró una bruma.
 
Mi ser se enpequeñece,
la fauna silvestre nos queda alante con creces.
Y un punzado debajo la piel.
Palabras de miel a las que mi papel aspira.
Los efectos secundarios de un vicio,
la carrera que es la vida.
Chirridos mi cabeza comida.
 
Para recuperar el quicio voy al raso.
Pa no tener miedo de lo que en noche habita.
La luz del faro del pecho me guía.
A seguirla me incita.
Obedece a tu madre o te doy calambre, puta arpía.
Me mata la puta nicotina. La marihuana.
Desnivel de serotonina.
El florero del parque.
El tiempo que pase, que yo estaré en mi banquillo.



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