Vale. Paremos un momento.
Vale. Paremos un momento.
Acabo de salir de trabajar, abro el fb y leo algunos titulares que enuncian que hay una nueva cepa de coronavirus en Inglaterra.
Me sorprendo. Abro chrome y busco tal cual la frase. Me entran ganas de llorar.
¿Joder de verdad hemos caído tan bajo?
Vivimos en un mundo en el que el miedo nos domina. Miedo a suspender, miedo a quedarme sin amigos, miedo a no encontrar trabajo, miedo a perder mi casa, mi estabilidad, mi pareja, a mis padres, a mis hermanos.
Aunque no voy a decir que todos tengamos estos pensamientos, sólo aquellos que sabemos que hay algo más, o que debería haberlo.
Yo no nací esclava, nací con el cuerpo y la genética que me ampara aunque reconozco que los años me han hecho atarme a un sinfín de cosas que creía que me hacían más feliz, sin saber hasta qué punto limitaban mi felicidad.
Hoy soy joven y tengo por lo que toda persona de bien pierde su vida: un empleo, una casa, un coche, pareja y un perro. Aún así no me conformo, no me llena este sistema de mierda podrido desde su concepción que, ten por seguro, se ha robado muchas vidas para seguir a flote.
Yo tampoco sé lo que va a pasar, cómo va a terminar todo este nuevo mundo que empezó el último mes de marzo; sólo espero tener la fuerza para que no se hagan conmigo y tengo la bonita intuición de que la mierda va a caer por su propio peso y dentro de no mucho recuperaremos lo que nos pertenece.
Sigamos siendo como somos, esa es en realidad la única riqueza.
Acabo de salir de trabajar, abro el fb y leo algunos titulares que enuncian que hay una nueva cepa de coronavirus en Inglaterra.
Me sorprendo. Abro chrome y busco tal cual la frase. Me entran ganas de llorar.
¿Joder de verdad hemos caído tan bajo?
Vivimos en un mundo en el que el miedo nos domina. Miedo a suspender, miedo a quedarme sin amigos, miedo a no encontrar trabajo, miedo a perder mi casa, mi estabilidad, mi pareja, a mis padres, a mis hermanos.
Aunque no voy a decir que todos tengamos estos pensamientos, sólo aquellos que sabemos que hay algo más, o que debería haberlo.
Yo no nací esclava, nací con el cuerpo y la genética que me ampara aunque reconozco que los años me han hecho atarme a un sinfín de cosas que creía que me hacían más feliz, sin saber hasta qué punto limitaban mi felicidad.
Hoy soy joven y tengo por lo que toda persona de bien pierde su vida: un empleo, una casa, un coche, pareja y un perro. Aún así no me conformo, no me llena este sistema de mierda podrido desde su concepción que, ten por seguro, se ha robado muchas vidas para seguir a flote.
Yo tampoco sé lo que va a pasar, cómo va a terminar todo este nuevo mundo que empezó el último mes de marzo; sólo espero tener la fuerza para que no se hagan conmigo y tengo la bonita intuición de que la mierda va a caer por su propio peso y dentro de no mucho recuperaremos lo que nos pertenece.
Sigamos siendo como somos, esa es en realidad la única riqueza.
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